Un 41% de peruanas no retornan a su empleo luego de ser madres

Este porcentaje ya no vuelve a trabajar a los 10 años de tener a su primer hijo, mientras que el empleo en hombres no se reduce. Por cada S/1 que gana un trabajador masculino, en promedio, una trabajadora percibe solo S/0,75.

 

Instituto Peruano de Economía (IPE)
Instituto Peruano de Economía (IPE)
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En el Perú, las mujeres todavía enfrentan importantes barreras económicas, las cuales se agravan en contextos de bajo crecimiento. Al asumir mayores responsabilidades del hogar, muchas trabajan menos horas y en empleos menos remunerados, lo que se traduce en una persistente brecha salarial. Peor aún, muchas madres nunca regresan a sus empleos, lo que las vuelve aún más vulnerables.

Brecha salarial

Según el Índice Global de Brecha de Género 2023 del Foro Económico Mundial, el Perú se ubica en el puesto 79 de 146 países en el cierre de la brecha económica de género. Esta disparidad está vinculada principalmente a los menores ingresos que perciben las mujeres en comparación con los hombres.

El IPE estima que esta brecha salarial en el Perú llegó a 25% en el 2023, usando los datos de la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN). Es decir, por cada S/1 que gana un trabajador masculino, en promedio, una trabajadora percibe solo S/0,75. Y la brecha es mayor en algunas regiones, especialmente de la zona centro.

Si bien la brecha se redujo respecto al 2022 (28%), esto se explica, principalmente, por la reducción del empleo femenino en puestos de trabajo con bajos ingresos. En el 2023, el empleo retrocedió en más de 157 mil puestos. En el caso de las mujeres, la pérdida de empleos se concentró en trabajos independientes (-4%) y del agro (-12%), donde el empleo es altamente informal.

“Según un reciente estudio de la Universidad de Princeton y la Escuela de Economía de Londres, la mitad de esta brecha se explica por la existencia de una ‘penalidad por maternidad’”.

Precariedad laboral

Según estimaciones del IPE, alrededor del 40% de la brecha de género en salarios se explica por diferencias en características personales (edad y lugar de residencia), el nivel educativo, el tipo de empleo y la cantidad de horas trabajadas. En particular, las mujeres suelen ocupar trabajos más precarios.

Según datos de la EPEN, el 44% de mujeres se desempeña en trabajos independientes o del hogar, mientras que la cifra se reduce a 37% en hombres.

Ello responde, en buena parte, a la carga de trabajo doméstico y cuidado de los hijos que recae especialmente sobre las mujeres. Por ende, tienden a recurrir a empleos con horarios y tareas flexibles que les permitan cumplir las tareas domésticas. Casi la mitad (47%) de las trabajadoras peruanas laboraba menos de 40 horas por semana, mucho más que en el caso de los hombres (28%). Asimismo, la proporción de mujeres que realizan trabajos no remunerados es el doble que la de hombres, mientras que la proporción de trabajadoras del hogar es 20 veces mayor.

Así las cosas, asumiendo el ritmo promedio de crecimiento de los ingresos de los 15 años previos a la pandemia (2004-2019), el IPE estima que la brecha salarial se cerraría recién en el 2074.

El costo de ser madre

Además de las brechas en salarios y precariedad del empleo, las mujeres enfrentan barreras que dificultan su participación en el mercado laboral. Así, la participación laboral de las mujeres en el 2023 llegó al 62%, muy por debajo de los hombres (78%).

Según un reciente estudio de la Universidad de Princeton y la Escuela de Economía de Londres, la mitad de esta brecha se explica por la existencia de una “penalidad por maternidad”. Es decir, una proporción importante de trabajadoras que se convierten en madres dejan sus empleos para cuidar a sus hijos y las tareas domésticas.

El estudio indica que el 40% de trabajadoras peruanas deja de trabajar inmediatamente después de tener a su primer hijo.

Además, este efecto persiste en el tiempo: pasados 10 años, el 41% de trabajadoras peruanas seguía sin reincorporarse al mercado laboral. En contraste, en el mismo período, la participación laboral masculina apenas varía. Esta penalidad por maternidad es mayor que el promedio de América Latina y el Caribe (37%) y es la novena más alta en la región.

Estas condiciones hacen urgente la implementación de políticas que permitan que las mujeres se desarrollen profesionalmente en igualdad de condiciones y reduzcan su vulnerabilidad económica. Avanzar en la cobertura de programas como Cuna Más o prevenir el embarazo adolescente acercarán al país a ese objetivo.

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14 Comentarios

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  1. Por ello, se exige en los proyectos de cooperación un claro enfoque de promoción de la igualdad y superar las brechas en equidad de género.
    Un dato grave es que el 75% de victimas de la delincuencia común son mujeres. A parte de los feminicidios. Ello debe ser notado por el Mininter para actuar en consecuencia.

  2. Según un reciente estudio de la Universidad de Princeton y la Escuela de Economía de Londres, la mitad de esta brecha se explica por la existencia de una ‘penalidad por maternidad. Lamentable para nuestras mujeres peruuanas.

  3. Debe establecerse un programa especializado en madre solteras para que accedan a trabajos en el sector público, especialmente las que sufrieron maltratos y capacitalas.

  4. Mediante un trabajo conjunto entre los 09 sectores, que durará 45 día hábiles, se espera obtener una intervención articulada, medible en el tiempo, que aborde el fortalecimiento de conocimientos y capacidades productivas de las mujeres, la promoción del acceso a empleo y de emprendimientos productivos, la generación de condiciones contextuales para la participación de las mujeres en la actividad económica y la gestión territorial. Hay que dar prioridad a las madres solteras en especial.

  5. El 39 % labora de manera independiente, el 28 % es asalariada del sector privado, el 19 % es trabajadora familiar no remunerada, el 8 % es trabajadora asalariada del sector público, el 4 % es trabajadora del hogar y, el 2 % es empleadora. Un dato para tener en cuenta.

  6. Un dato duro pero real. En el Perú, las mujeres todavía enfrentan importantes barreras económicas, las cuales se agravan en contextos de bajo crecimiento. Al asumir mayores responsabilidades del hogar, muchas trabajan menos horas y en empleos menos remunerados, lo que se traduce en una persistente brecha salarial. Peor aún, muchas madres nunca regresan a sus empleos, lo que las vuelve aún más vulnerables.