Solo pasaron cuatro días desde que el dictador comunista de Rumanía se dirigía a la multitud desde el balcón del Palacio Presidencial de Bucarest prometiendo un aumento del salario mínimo y su ejecución

 

Presentación

“Después de más de 30 años de feroz tiranía y de la caída del muro de Berlín, Rumanía decide terminar el régimen comunista derrocando y dando muerte en el paredón a Ceaucescu. Este régimen nació, creció y murió de “muerte natural”, es decir en violencia y por su propia víctima: el pueblo. Te invitamos a leer este acontecimiento histórico publicado por ABC”. Alfonso Barba Caballero

Israel Viana. Madrid. ABC Historia

Resulta sorprendente que solo pasaran cuatro días entre las dos escenas. La primera, el 21 de diciembre de 1989. Nicolae Ceaucescu aparece asomado en el balcón del Palacio Presidencial de Bucarest. Viste un abrigo negro y le acompañan su esposa Elena, sus guardaespaldas y varios dirigentes del Partido Comunista Rumano. Abajo, en la plaza central, la multitud le arropa con pancartas, banderas rojas y grandes fotografías en su honor. Se acerca al micrófono y dice: «Esta mañana hemos decidido que, durante el próximo año, aumentaremos el salario mínimo». La segunda escena es del 25 de diciembre: los cadáveres del dictador y su mujer aparecen tirados en el suelo, en medio de un charco de sangre, junto a una pared, segundos después de haber sido acribillados. Tienen los ojos abiertos, sin vida.

Cadáver de Ceaucescu
Cadáver de Ceaucescu – AFP

Cuatro días en los que Rumanía cerró de un portazo una larga etapa en la que su población había sido oprimida, explotada, masacrada y matada de hambre «por la dictadura más feroz que ha conocido Europa desde, probablemente, la de Stalin», señalaba ABC. «Queridos camaradas y amigos, ciudadanos de Bucarest, capital de la Rumania socialista. Permítanme enviar mis sinceros saludos revolucionarios a todos los que participan en esta gran demostración», comienza diciendo el dirigente. El momento exacto en el que se representa el desmoronamiento del régimen tiene lugar en el minuto 2,41 del siguiente vídeo, cuando comienza a escucharse el murmullo de desaprobación ante las primeras promesas del presidente de la República. Con Ceaucescu, asombrado y contrariado, pidiendo una y otra vez a la gente permanezca en sus asientos y no se marche para poder continuar su discurso. Tras 22 años de duro régimen comunista, el pueblo acababa de perder el miedo.

El muro de Berlín había caído menos de dos meses antes y Ceaucescu aún no había tenido tiempo para asumir la realidad del desmoronamiento del bloque socialista en Europa. El dictador rumano caminaba hacia su muerte sin comprender que el mundo se transformaba. Aquel último discurso era la fiel representación de la pérdida del poder, con los silbidos extendiéndose entre la multitud congregada en la plaza central de Bucarest, mientras prometía una ridícula subida del salario mínimo, subsidios para más de cuatro millones de niños o el aumento de las pensiones. Ya era demasiado tarde.

 

Ceaucescu llevaba viviendo su particular sueño desde 1967 y ahora despertaba abruptamente. Se había ganado la confianza del pueblo rumano cuando, un año después, se opuso a la entrada de las tropas soviéticas en Checoslovaquia y amenazó con el uso de la fuerza si la URSSse atrevía a invadir el país. Muchos líderes mundiales ensalzaron su figura y le recibieron con honores de Estado, pero la realidad no era tan bonita. Poco después asumió su papel de dictador implacable e implantó un estado policial de corte estalinista. Alimentó la corrupción y el nepotismo, monopolizó los cargos más importantes en torno a su familia y vivió en la más absoluta opulencia mientras el pueblo se moría de hambre.

Nicolae y Elena Ceaucescu
Nicolae y Elena Ceaucescu – ABC

Como en otros países vecinos, una buena parte de la sociedad rumana estaba hastiada del gobierno del «conducator» a finales de 1989. Así se había hecho llamar en los años 80 para rendir culto a su persona. Su política económica, así como el plan de austeridad draconiano con el que se quiso liquidar la deuda nacional lo antes posible, habían incrementado la pobreza de Rumanía hasta límites insospechados, mientras la familia Ceaucescu acumulaba una de las fortunas más grandes de Europa.

El 16 de diciembre había estallado la primera protesta en Timisoara, que continuó al día siguiente con la ocupación por parte de los manifestantes de la sede del Comité del Distrito del Partido Comunista Rumano (PCR) y la destrucción de documentos oficiales, propaganda política, textos escritos por Ceaucescu y otros símbolos del régimen socialista. El mandatario ordenó disparar contra la población civil y provocó una masacre. Pero, lejos de aplacar la ira del pueblo, convirtió a la ciudad rumana en un polvorín: muertes, peleas, automóviles incendiados, tanques enfrentándose a civiles y voluntarios organizados en retenes para cazar a francotiradores.

«Detener la construcción del socialismo»

La revuelta se extendió rápidamente a otras zonas del país y llegó a la capital, causando miles de muertos en lo que fue uno de los sucesos más graves de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. El Frente de Salvación Nacional, como se llamó al Gobierno que sustituyó a Ceaucescu, informó después que los combates registrados desde el inicio de la revuelta popular se habían cobrado entre 60.000 y 80.000 víctimas.

Ceaucescu, el 24 de noviembre de 1989, en el Congreso
Ceaucescu, el 24 de noviembre de 1989, en el Congreso – AFP

El objetivo del discurso del 21 de diciembre de 1989 no era otro que celebrar una multitudinaria manifestación de adhesión al régimen, con la televisión retransmitiendo en directo, para condenar las protestas de Timisoara. «Parece cada vez más claro que hay una acción conjunta de círculos que quieren destruir la integridad de Rumania y detener la construcción del socialismo. Su objetivo es poner de nuevo a nuestro pueblo bajo la dominación extranjera. Tenemos que defender con todas nuestras fuerzas la integridad e independencia del país», declaró el dictador ante los tímidos aplausos de la primera línea de asistentes. Estos habían sido traídos desde las fábricas, a punta de pistola, para escuchar proclamas como «mejor morir en la batalla, lleno de gloria, que ser una vez más esclavos en nuestra propia tierra» o «debemos luchar para vivir libres».

Pero Ceaucescu había malinterpretado el espíritu de los restantes manifestantes, que se habían congregado en la plaza central de Bucarest para abuchearle. La imagen del dictador y su esposa Elena tratando de calmar a los asistentes, pidiéndoles que permanecieran en sus asientos para poder continuar con su discurso, resultaba ciertamente caricaturesca. Sobre todo, después del anuncio de los irrisorios incrementos del salario mínimo y las pensiones.

El último error de Ceaucescu

La reacción de su «amado» pueblo fue tal que su guardia personal le recomendó que se ocultara en el interior del edificio, al tiempo que la señal de televisión era sustituida por anuncios ensalzando las bondades del socialismo. Sin embargo, la mayor parte de la población ya se había percatado de que algo extraño ocurría en Bucarest y no dudó en lanzarse a las calles de las principales ciudades para gritar «¡muerte al dictador!» y «¡abajo el gobierno!».

Ceaucescu, tras ser detenido en 1989
Ceaucescu, tras ser detenido en 1989 – ABC

Ceaucescu aún tuvo tiempo de cometer un último error, quizá el más fatídico de todos: no huir de inmediato. Tenía la convicción de que la represión de las revueltas que había ordenado terminaría por apaciguar los ánimos. Cuando su esposa Elena fue informada al día siguiente de nuevas manifestaciones de grupos opositores, esta vez trabajadores de las zonas industriales de la ciudad que se dirigían al centro de Bucarest, ordenó: «Mátenlos a todos y échenlos a fosas comunes. Que no quede vivo ni uno, ¡ni siquiera uno!». Y cuando se convenció de que aquello no era posible, el presidente ordenó a su piloto personal que consiguiera dos helicópteros con personal de seguridad para escapar.

Demasiado tarde. Cuando éste dio las órdenes, Ceaucescu alcanzó a escuchar la respuesta del oficial en el auricular, que sonó casi como una sentencia de muerte: «Señor Presidente, hay una revolución aquí afuera. Usted está solo. ¡Buena suerte!». Tuvo que echar entonces mano de un vehículo y huir hasta refugiarse con su esposa en un instituto a las afueras de la capital. En las calles, el Ejército había dejado de obedecerle.

«¿Cómo permites que te hablen de ese modo?»

Nicolae y Elena fueron detenidos pocas horas después, mientras los principales responsables del aparato de Gobierno y sus militares eran ejecutados. Ellos no iban a correr mejor suerte. El día de Navidad fueron juzgados y condenados a muerte, sin que el dictador pareciera darse cuenta de que su hora había llegado. «Sólo contestaré al Parlamento del pueblo y vosotros tendréis que responder», gritaba encolerizado, mientras daba órdenes al tribunal, insultaba al juez («usted no sabe leer ni escribir») y replicaba a su mujer: «¿Cómo permites que te hablen de ese modo?». «Usted siempre ha declamado actuar y hablar en nombre del pueblo, ser amado por el pueblo, pero solo ha hecho al pueblo esclavo de una tiranía durante todo este tiempo», le replicó el fiscal.

El matrimonio más poderoso de Rumania era atado de manos y conducido directamente al paredón. Cuentan que fueron muchos los voluntarios que se presentaron para apretar el gatillo y, cuando ya habían sido ejecutados, las manifestaciones continuaron en Bucarest pidiendo que fueran mostradas por televisión las cadáveres. Hasta que no lo vieran, no se lo creerían. Aquellas imágenes, que dieron rápidamente la vuelta al mundo, ocupan un lugar destacado en la historia del siglo XX.

21 Comentarios

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  1. Queda en evidencia que la perpetuidad del poder, por muy buen inicio o buenas intenciones que tenga en sus principios, suele cegar y transformar a las personas. El tirano de rumania Ceaucescu, jamás pudo ver venir el cambio – ni con la caída del muro de berlín – pues se acostumbró y se confió de la manera en como había estado manejando las revueltas, pensó que el plomo iba a poder más que la voluntad y cavó su propia tumba, al faltarle el respeto al juez, en una audiencia transmitida a nivel nacional. Nuevamente queda demostrado que el socialismo no ha funcionado nunca.

  2. El artículo nos muestra un interesante caso en el cual una dictadura cae a manos de una revolución. Es necesario precisar que las respuestas de la población ante situaciones extremas pueden llevar a hechos tan violentos. Más aún cuando hay una represión de las principales protestas, hecho que marca un hito en su historia ya que dejan al pueblo sin una voz y un desfogue para poder manifestar sus carencias. Esto se podría comparar con casos como la familia Romanov, por el fin y por la represión manifestada. Sin embargo, recuerdo que en nuestro país hubo un mandatario, que al verse acorralado lanzó la banda presidencial por el balcón. Esto nos muestra que no solo careció de un adecuado diagnóstico, sino que no tuvo una respuesta acertada en el momento más necesario.

  3. László Tőkés (pronunciación húngara: nacido el 1 de abril de 1952) es un pastor y político húngaro de origen rumano. Fue miembro del Parlamento Europeo (MPE) del año 2007 al año 2019. Se desempeñó como Vicepresidente del Parlamento Europeo de 2010 a 2012.
    Obispo del Distrito de la Iglesia Reformada Királyhágómellék de la Iglesia Reformada en Rumania, también es un ex presidente honorario de la Unión Democrática de Húngaros en Rumania. Es el jefe del Consejo Nacional Húngaro de Transilvania, una organización cívica para húngaros de Transilvania. Tőkés está estrechamente relacionado con el Partido Popular Húngaro de Transilvania . Fue un gran protagonista para la caída del régimen comunista rumano con gran valentía.
    Tőkés fue un crítico persistente del régimen totalitario de Ceauşescu. Mientras era pastor en la ciudad de Dej, en Transilvania, contribuyó a la revista clandestina de lengua húngara Ellenpontok (“Contrapuntos”; 1981–82). Un artículo sobre abusos contra los derechos humanos en Rumania parece haber sido la ocasión de su primer hostigamiento por parte de la policía secreta, el Securitate. Fue reasignado a la aldea de Sânpetru de Câmpie, pero se negó a ir y pasó dos años viviendo en la casa de sus padres en Cluj. La población lo escucho y su predica cristiana fue determinante para el levantamiento contra el comunismo siniestro rumano.

  4. .
    BBc New Mundo informó: “Vivían entre excrementos. El abuso físico y sexual eran una constante”: la macabra historia de los “huérfanos de Ceausescu”, los hijos del comunismo en Rumania.

  5. El 24 de diciembre, Bucarest fue nuevamente escenario de enfrentamientos entre la disidencia y los grupos leales a Ceausescu. La ciudad continuaba bajo vigilancia de la policía y el ejército. Las así llamadas actividades terroristas continuaron hasta el 27 de diciembre, cuando concluyeron abruptamente.

  6. En la Navidad de 1989, Nicolae y Elena fueron juzgados y condenados a muerte. La sentencia fue emitida por un tribunal creado ex profeso para procesarlos por cargos como genocidio —más de sesenta mil víctimas—, daño a la economía nacional, enriquecimiento ilícito y uso de las fuerzas armadas en acciones en contra de civiles.

  7. Los manifestantes debieron enfrentarse a soldados, agentes de la policía y de la Unidad Especial para la Lucha Antiterrorista (en rumano: Unitate Specială pentru Lupta Antiteroristă) así como a agentes encubiertos de la Securitate. La multitud fue atacada por francotiradores apostados en varios edificios en la ciudad, y cercada en las calles por vehículos blindados y tanquetas. Hubo una gran cantidad de muertos por los ataques contra los civiles, incluidos periodistas que cubrían los sucesos en Bucarest. Los agentes antidisturbios atacaron a los manifestantes con chorros de agua, y luego la policías arrestó a algunas personas, a las que sometieron a golpes. Por su parte, los opositores al régimen de Ceauşescu se hicieron fuertes en una barricada construida frente a un restaurante, donde resistieron hasta la media noche del 21 de diciembre, para ser finalmente sometidos por las fuerzas del gobierno. Los disparos en las calles de Bucarest continuaron hasta las tres de la madrugada del 22 de diciembre

  8. Increíble! Había escuchado de historias de horror de regímenes totalitarios, pero este sobrepasa cualquier imaginación.

  9. El dictador comunista se enriqueció a costa de.un régimen totalitario que empobrecio al puebño rumano que se cansó de ser explotado y luego reaccionó con una revolución democrática.

  10. Todo dictador cae por su propio peso, víctima de su.propia telaraña de poder, el que a hierro mata a hierro muere.