Comentarios a Víctor Humareda un maestro del expresionsmo

Elaboración: Luis Alberto Pintado Córdova
LIMEÑENSES 16 | cangrejo negro
Víctor Humareda: Arlequín de medianoche. Cangrejo negro
Víctor Humareda tiene una cuenta pendiente con la opinión pública. Fue un maestro de la pintura pero hasta hoy un “cholo” incomprendido. Su arte, no obstante, es un buen pretexto para repensarlo, analizarlo y volver a recorrer sus pasos en este increíble Perú de racismos y omisiones.  Y lo cholo dícese del mestizo de blanco con india. Indio civilizado. Gente de sangre mezclada. Y que lo cholo solo sí existe si se acepta como tal: ser ciudadano de segunda categoría en un país jerarquizado y fragmentado imposible casi de desarrollar prácticas ciudadanas. Eloy Jáurgui
“Este pintor se mueve física y emocionalmente entre el desequilibrio y la hondura. Y así es su obra, vívida, mísera y grandiosa, no de tamaño, sino de espíritu».
Teodoro Núñez Ureta
“En Víctor Humareda se da el caso poco frecuente en nuestro medio artístico de una continuidad de concepto y de estilo, que confiere a su lenguaje plástico personalidad y carácter de permanencia. La originalidad de la obra de Humareda ha permitido que más de un crítico se haya ocupado de su interpretación, encontrándose entre las más significativas apreciaciones la siguiente: la pintura de Humareda es de imágenes a veces tétricas, siempre burlonas, con manos crispadas, con rostros transidos por la angustia del dolor, del hambre, de la incertidumbre, imágenes expresadas con violencia, con sinceridad, con el alma volcada en el lienzo, matizadas con los colores de su paleta, colores muy suyos, de tonos sordos: sienas, verdes olivos oscuros, sobre los que, de repente, una que otra nota de color, vibrante, genial, rompe la lobreguez del cuadro.
Luis Felipe Tello
Humareda y la captura de los colores de la realidad | Cultural | La República
En muchas de sus pinturas asoman calles y casas de Barrios Altos, edificios de La Victoria y, cómo no, el cerro San Cosme, La Parada y otros lugares que constituyeron escenarios o motivos de inspiración de sus obras (sin dejar de lado las evocaciones de su pueblo). Un pintor del pueblo.

Tal el mundo imaginativo y siempre cruel que nos transmite Humareda, con sus escenas viejas, de brujas, de mujeres de alegre y fácil vivir, de quijotes, de caballos espantados, de corridas de toros y peleas de gallos, de payasos pensativos, de desnudos, de danzas y procesiones, de calaveras y máscaras, escenas callejeras y nocturnas de los bajos fondos, de cantinas y boites; versiones todas de original expresión, en las que la tragedia se preludia, o donde se aprecia la tragicomedia que el hombre actual y de siempre, que los artistas como Humareda viven intensamente tras las mil máscaras que obliga a usar el medio ambiente. En la obra de Humareda, los críticos han querido encontrar felices semejanzas con las imágenes plasmadas en sus lienzos y grabados por el eterno Francisco Goya o con los del atormentado José Gutiérrez Solana, recordando a los españoles; con los del belga James Ensor o con las del lituano-parisién Chaim Soutine; y aún con los de algunos notables expresionistas alemanes; pero para nosotros es y seguirá siendo, sencilla e inconfundiblemente, la obra personalísima y consagratoria del peruano Víctor Humareda.

La producción del genial artista expresionista fue muy vasta y se conserva en las mejores colecciones. Se calcula que pintó alrededor de dos mil lienzos y bocetos. El 27 de agosto de 1993, sus amigos y admiradores crearon la “Fundación Víctor Humareda Gallegos”, con el fin de divulgar la obra del maestro, así como contribuir a la difusión educativa y cultural del arte peruano.

Víctor Humareda: El artista que nos mostró los colores de Lima | nnsp | Arte | Pintura | | CULTURA | CORREO
En 1984 le extirparon la laringe y las cuerdas vocales por un cáncer a la laringe, esto no lo amilanó y siguió con su obra. En julio de ese mismo año Alfonso Barrantes, alcalde de Lima, le otorgó la Medalla de la Ciudad. Correo

Víctor Humareda: el pintor que murió hace 35 años y que sufría y gozaba con los colores

Lima, 3 de abril de 1964. Una imagen del artista Víctor Humareda cuando inauguró una exposición en la galería del ICPNA. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Lima, 3 de abril de 1964. Una imagen del artista Víctor Humareda cuando inauguró una exposición en la galería del ICPNA. (Foto: GEC Archivo Histórico)

Carlos Batalla

Carlos Batalla.  Redactor. El Comercio

carlos.batalla@comercio.com.pe

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El 3 de febrero de 1990, Sara de la Puente Raygada, una condiscípula de Víctor Humareda (1920-1986) en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), contó en El Comercio que a inicios de los años 40 había conocido al pintor, muy joven él, y le quedó clara una cosa: “Era un muchacho humilde, tímido y distraído; tenía un mechón de cabello rebelde sobre su frente, y su mirada era triste y algo inexpresiva. Muy respetuoso con todos, demostraba ser también bueno y generoso. Venía de su pueblo natal y quién sabe temiendo no ser aceptado por los chicos que formábamos el grupo de alumnos de la maestra Julia Codesido”.

Humareda había nacido en el frío de Lampa, en Puno, el 6 de marzo de 1920. En Lima estudió, en efecto, en la ENBA, a donde había llegado en 1938. Con muchas dificultades económicas, el artista tuvo que dejar la escuela, pero la retomó tres años después, en 1941. Fue allí en ese momento que la señora De la Puente, y otros jóvenes aspirantes a artistas, lo conocieron.

Él era un alumno adelantado. Desde una temprana edad fue evidente su necesidad de expresar todo su mundo interior en colores y formas. Su propia generación lo reconoció pronto como un verdadero artistaHumareda aprendió en la ENBA de los maestros indigenistas, y vivió el espíritu urbano y ciertamente bohemio, aunque no al punto de ahogarse en el caos y la inercia. Más bien, halló un camino personal, de gran dominio técnico y talento desbordante.

Lima, 3 de abril de 1964. Humareda era visto por la prensa como un personaje excéntrico, desbordado, algo que estaba alejado de su verdadera naturaleza ciento por ciento entregada al arte como forma de vida. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Lima, 3 de abril de 1964. Humareda era visto por la prensa como un personaje excéntrico, desbordado, algo que estaba alejado de su verdadera naturaleza ciento por ciento entregada al arte como forma de vida. (Foto: GEC Archivo Histórico)

 

Víctor Humareda era un artista cabal y no solo un “inspirado creador”. Su preparación plástica la completó en una escuela de arte de Buenos Aires, Argentina; con esa experiencia regresó al Perú, a fines de los años 50, y empezó su gran proceso creativo con los arlequines y el entorno del circo como figuras emblemáticas.

Vio muchos cuadros, habló con grandes maestros, estudió técnicas y asimiló el arte como una forma de vida; todas estas experiencias lo ayudaron a encontrar su verdadero genio en él mismo; lo guiaron para que pudiera aferrarse a su propia conciencia artística. Cuando lo logró, el placer y el dolor llegaron al mismo tiempo que sus creaciones.

En el cuarto-taller Nº 283 del Hotel Lima, en La Victoria, lugar donde viviría los últimos 30 años de su vida (desde mediados de los años 50), el maestro Humareda solía fantasear con su musa preferida: la actriz norteamericana Marilyn Monroe, a quien adoraba. “Estoy casado con Marilyn Monroe. No tenemos hijos. Vivo solo con ella en mi hotel. Nunca me habla, ni la toco. Sólo la contemplo, además es de papel”, declaró alguna vez a la prensa, que se le acercaba cada cierto tiempo como si fuera un raro espécimen.

Lima, 31 de mayo de 1960. Un sonriente Víctor Humareda en la galería de arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Lima, 31 de mayo de 1960. Un sonriente Víctor Humareda en la galería de arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. (Foto: GEC Archivo Histórico)

 

Pero lo que él era de verdad, pocos lo sabían. Esa imagen construida por la leyenda periodística como alguien “bohemio” e “indisciplinado”, era solo la superficie que Humareda buscaba dar porque era lo que se esperaba de él. Más allá de todo ese disfraz, vivía un artista en búsqueda de la belleza, constante, perfeccionista y solitario. Un pintor que se afanaba en la consistencia de los colores y en el vuelo imaginativo de las formas.

El QuijoteGoyaMarilyn MonroeBeethoven, las procesiones religiosas, la tauromaquia, todos esos elementos tan diversos y contrastantes invadieron su imaginario de intenso color y particular luz. Por esas características de su plástica y su propia personalidad es que la crítica lo consideró un artista plástico expresionista.

A mediados de los años 60, el pintor viajó a ParísFrancia, su gran ilusión, pero la soledad y la indiferencia lo invadieron al punto de extrañar demasiado el Perú. A los pocos años regresó. Su palabra directa ha sido recogida en diferentes reportajes o documentales, donde siempre deslumbraba por su lucidez y sinceridad.

Aquí unos ejemplos:

La pintura como una forma de vida: “Creo que la pintura no da tiempo para vivir una vida de hogar (…). Me gusta mucho lo que pinto. Soy así, y ese hotel me da todas las facilidades para poder pintar, con toda la tranquilidad posible. No puedo vivir de otra forma. Estoy contento con vivir así; además, si viviera de otra forma ya no sería don Víctor Humareda”.

Sobre sus gustos estéticos: “Amo mucho la vida, me gusta la música clásica, el teatro, particularmente autores del pasado, Moliere, Shakespeare; en ballet, El lago de los cisnes, de Tchaikovsky, y en pintura Tiziano, Goya, Lautrec, Rembrandt”.

Y en un momento de dolorosa franqueza: “Para mí es necesario el sufrimiento, porque así la pintura es más profunda, me vuelvo un filósofo (…). Sí, sufrimos mucho, yo particularmente, pero también gozo”.

En medio de apuros económicos, Humareda se enfermó de un cáncer a la laringe que lo martirizó en ese primer quinquenio de los años 80, los últimos de su vida. Por esos tiempos, no era extraño verlo pintar con una mascarilla cubriéndole la boca.Se resistía a ser hospitalizado en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) donde se trataba; en ese trance, pintó al médico y a él mismo como un torturador y un torturado, respectivamente.

Lima, 7 de abril de 2019. Mural en homenaje al pintor expresionista puneño Víctor Humareda. Es en la segunda cuadra del jirón Azángaro, Cercado de Lima. (Foto: Lino Chipana / GEC Archivo)
Lima, 7 de abril de 2019. Mural en homenaje al pintor expresionista puneño Víctor Humareda. Es en la segunda cuadra del jirón Azángaro, Cercado de Lima. (Foto: Lino Chipana / GEC Archivo)

 

Lo operaron, pese a todo, en junio de 1983, luego vino una dura convalecencia, y fue perdiendo la voz y su propia imagen cambió; pero la pintura, el ejercicio de pintar nunca dejó de ser su pasión, su oxígeno diario.

Herman Schwarz, el fotógrafo y amigo que lo retrató y publicó un libro con esas imágenes de gran agudeza y expresión, declaró sobre él: “En 1982, descubrí que Humareda dejaba ver sólo una parte de su ser a los periodistas. Sólo la parte que él supo les interesaba, la que hacía revivir a Lautrec, a Vincent van Gogh o a Gauguin. Se hicieron crónicas sobre un personaje marginal y contradictorio, más allá de su tierna verdad: la búsqueda de la belleza a través de la pintura”.

En la madrugada del 21 de noviembre de 1986, hace 35 años ya de eso, Víctor Humareda fue conducido de emergencia al INEN, en Santiago de Surco, luego de que se agravara su estado de salud. Ese mismo día murió, a los 66 años de edad.

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100 años de Víctor Humareda: sus ideas sobre el arte y la política a propósito del centenario de su nacimiento

Por: Gabriel Ruiz Ortega | Un breve acercamiento a uno de los más grandes pintores peruanos del siglo XX.

Taboada no oculta satisfacción al ser testigo del suceso que significa para los jóvenes (re)descubrir a Humareda. “Humareda vivía en contacto con la realidad peruana”, dice mientras coge un boceto de Humareda, en el que se reconoce a La Parada, “de donde nunca me iré”, como respondía Humareda cada vez que le preguntan si pensaba mudarse o no de aquel lugar. “No cambio por nada esta belleza que encuentro en La Parada”, decía a modo de consigna apofántica. Su cariño por ese espacio era a prueba de todo, como cuando resistió la cacerina de insultos racistas que le espetó el administrador del Hotel Lima que lo quería botar del cuartito que ocupaba.

1983. Maestro Humareda con mascarilla y alumna.

Humareda fue también un creador comprometido con su tiempo. Una vez le pidió a Taboada “un minuto de silencio, ha muerto una guerrillera”, en clara alusión a Edith Lagos. En los 80 Humareda era un artista reconocido y políticamente estaba decepcionado de todos los gobiernos. Para él, “la muerte de la niña Lagos” era un reflejo de un dolor silencioso, aquel que el maestro conocía muy bien y que no dudaba en condenar. En cierta ocasión fue con Taboada al Café Haití, en donde fue maltratado por su aspecto por los mozos y el gerente. “Esta es la razón por la que existe Sendero, se humilla al hombre andino por ser andino”, dijo.

Junio de 1983. Humareda y Taboada en Neoplásicas.

 

Humareda no aceptaba la sobrevaloración del arte abstracto y conceptual. “No me gusta esta mediocridad y deshumanización. El arte tiene que ser apreciado por todos, allí su trascendencia”, regañaba Humareda. “El arte debe ser un reflejo que conmocione, hay que dominar las técnicas y conocer la tradición pictórica, pero hay que dejar la piel, tus sueños y pesadillas”, solía declarar Humareda espantado del arte al que “algunos” rotulaban de superior. Al respecto, Taboada no entra en vainas: “A este sistema no le conviene exaltar a Humareda, es un peligro porque mueve a la juventud, hay una campaña por taparlo. Nadie ha retratado la marginalidad peruana como él y me fastidia la mezquindad de algunos ex alumnos a los que Víctor ayudó con cariño y desinterés, mezquinos de  mierda”.

Diseño del traje de hombre que Humareda hizo para Yvette Taboada. (FOTO: VÍCTOR CH. VARGAS) 

Los 100 años del nacimiento de Humareda estuvieron signados por la leyenda vital y la luz de su obra. Humareda no sabía lo que su obra generaría en el futuro, pero sí que “la función de un artista es ser honesto y proyectar humanidad, es la obra lo que importa. Lo que digo a los periodistas lo hago para provocar, distraerme y así regresar a mis colores, mis mundos interiores”.

Galería de imaágenes de Arte

VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS. (Lampa, 6 de marzo de 1920 – Lima, 21 de noviembre de 1986)

Víctor Humareda, el pintor de las migraciones | canalipe.tv

Análisis iconológico “La muerte de Charlotte” – Los Andes

Humareda pincel genial

Víctor Humareda: primer centenario de su nacimiento | Noticias | Agencia Peruana de Noticias Andina

VICTOR HUMAREDA 2010 - YouTube

Víctor Humareda: arlequín de medianoche - Lima Gris

Vídeos de apoyo:

Víctor Humareda en voz y video. Asociación Isegoria

Víctor Humareda, pintor, expresionista. museostv

Víctor Humareda / Lampa – Puno / 1920 – 1986. Sucedió en el Perú

16 Comentarios

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  1. Que mucho me conoces Lucho. Me encantaron las tres historias que me envías. Cada una en su contexto tiene su propio valor y por ende su lugar en la historia de nuestro país. Estuve revisando Ande y es tremenda plataforma. Me gustaron mucho las fotos de la invasión y destruccion de Chorrillos. Por otro lado, desconocía de la participación de estos peruanos que menciona el artículo en el desembarco a Normandía en la 2a Guerra Mundial. Entiendo a estos voluntarios. Te confieso que yo quise servir en el ejército americano, pero no tenía documentos. Sin embargo el deseo genuino estuvo siempre ahí. Por último, muy impactado con la historia del pintor impresionista peruano Victor Humareda. Me gusto que estuvo en Paris y que admiraba a Goya, Rembrandt, etc. Pero más me gusto como elaboraba sus trabajos en el Peru. El retrato de la vida cotidiana de los peruanos de a pie me impresiona y lo aplaudo de pie. Desconocía de este pintor que vivió en mi barrio literalmente hablando y se ha ganado todo mi respeto y admiración. Gracias Lucho. Te pasaste.

  2. Hermosos recuerdos de testimonios de Víctor Humareda, un genio de la pintura solitaria y melodiosa de amor de un incomprendido y taciturno alegre. Sus bellas palabras: Estoy contento con vivir así; además, si viviera de otra forma ya no sería don Víctor Humareda”.
    Sobre sus gustos estéticos: “Amo mucho la vida, me gusta la música clásica, el teatro, particularmente autores del pasado, Moliere, Shakespeare; en ballet, El lago de los cisnes, de Tchaikovsky, y en pintura Tiziano, Goya, Lautrec, Rembrandt”.
    Y en un momento de dolorosa franqueza: “Para mí es necesario el sufrimiento, porque así la pintura es más profunda, me vuelvo un filósofo (…). Sí, sufrimos mucho, yo particularmente, pero también gozo”.
    Un genio hasta hoy incomprendido,

  3. Una hermosa pincelada de testimonio personal de vida de la pintora y gran crítica Sara de la Puente Raygada, una condiscípula de Víctor Humareda (1920-1986) en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), contó en El Comercio que a inicios de los años 40 había conocido al pintor, muy joven él, y le quedó clara una cosa: “Era un muchacho humilde, tímido y distraído; tenía un mechón de cabello rebelde sobre su frente, y su mirada era triste y algo inexpresiva. Muy respetuoso con todos, demostraba ser también bueno y generoso. Venía de su pueblo natal y quién sabe temiendo no ser aceptado por los chicos que formábamos el grupo de alumnos de la maestra Julia Codesido”.
    La lectura es rica en vida y en arte. Me encanto.

  4. Un autodidacta en varios campos especialmente en el arte de los grandes maestros de la pinacoteca. Víctor Humareda era un artista cabal y no solo un “inspirado creador”. Su preparación plástica la completó en una escuela de arte de Buenos Aires, Argentina; con esa experiencia regresó al Perú, a fines de los años 50, y empezó su gran proceso creativo con los arlequines y el entorno del circo como figuras emblemáticas.
    Vio muchos cuadros, habló con grandes maestros, estudió técnicas y asimiló el arte como una forma de vida; todas estas experiencias lo ayudaron a encontrar su verdadero genio en él mismo; lo guiaron para que pudiera aferrarse a su propia conciencia artística. Cuando lo logró, el placer y el dolor llegaron al mismo tiempo que sus creaciones.

  5. Una hermosa lectura que viene con emoción y admiración al artista Vícttor Humareda. Buy buena descripción de una pluna fina: Tal el mundo imaginativo y siempre cruel que nos transmite Humareda, con sus escenas viejas, de brujas, de mujeres de alegre y fácil vivir, de quijotes, de caballos espantados, de corridas de toros y peleas de gallos, de payasos pensativos, de desnudos, de danzas y procesiones, de calaveras y máscaras, escenas callejeras y nocturnas de los bajos fondos, de cantinas y boites; versiones todas de original expresión, en las que la tragedia se preludia, o donde se aprecia la tragicomedia que el hombre actual y de siempre, que los artistas como Humareda viven intensamente tras las mil máscaras que obliga a usar el medio ambiente.
    Vale.

  6. Un pintor extraordinario y de una gransensibilidad humana muy libre y creador. Estuvo batallando con los colores al cual domino pero siempre tenía presente el color violeta. Sin dudad alguna un genio creador. una que otra nota de color, vibrante, genial, rompe la lobreguez del cuadro.Los jóvenes debemos difundir su arte y creatividad. Me gusto.

  7. Me parece un artículo de gran valía académica y humana respecto a nuestro arte y parte de nuestra identidad nacional. Me parece hermoso el comentario del analista de arte Tello: En Víctor Humareda se da el caso poco frecuente en nuestro medio artístico de una continuidad de concepto y de estilo, que confiere a su lenguaje plástico personalidad y carácter de permanencia. La originalidad de la obra de Humareda ha permitido que más de un crítico se haya ocupado de su interpretación, encontrándose entre las más significativas apreciaciones la siguiente: la pintura de Humareda es de imágenes a veces tétricas, siempre burlonas, con manos crispadas, con rostros transidos por la angustia del dolor, del hambre, de la incertidumbre, imágenes expresadas con violencia, con sinceridad, con el alma volcada en el lienzo, matizadas con los colores de su paleta, colores muy suyos, de tonos sordos. Una lectura intensa pero marcada de valores y arte.

  8. Un genio de la pintura de escuela propia y libre de expresionismo, tipo Vincent van Gogh o un Francisco de Goya, pero indígena. Fue un maestro de la pintura pero hasta hoy un “cholo” incomprendido. Su arte, no obstante, es un buen pretexto para repensarlo, analizarlo y volver a recorrer sus pasos en este increíble Perú de racismos y omisiones. Y lo cholo dícese del mestizo de blanco con india. Indio civilizado. Gente de sangre mezclada. Excelente artículo, imagenes, fotografía y vídeo muy buenos.