Amenaza de contaminación ideológica a la juventud peruana

Por: Luis Alberto Pintado Córdova en colaboración con Alfonso Barba Caballero ABC

Un estudio de este fenómeno nos lleva a la reflexión y a la necesidad de manifestar nuestra preocupación de un fenómeno que influye en las mentes de los jóvenes latinoamericanos que carecen de formación ética , moral y política. La ola de destrucción de estatuas de personajes históricos en Estados Unidos tiene raíces sociológicas y culturales profundas. En esta aproximación trataremos una breve explicación del movimiento woke, cada vez más influyente entre los jóvenes de la Generación Z. Los nacidos a partir de 1995 se han criado en entornos superprotegidos y acuden a universidades tomadas por la “hipercorreción política”. 

Hemos recogido varios análisis y enfoques para que el amable lector saque sus propias conclusiones. 

Otras caídas de estatuas y símbolos que representaron el final de una era - Infobae
Primero destruyen las estatuas; luego serán los geranios. Derriban y mancillan las estatuas: la de Churchill en Londres, la del padre Antonio Vieira en Lisboa, la de Indro Montanelli en Milán, la de Lincoln en Boston, las de Colón en todas partes. Macron y Johnson se rebelan y defienden las estatuas de su patria, al tiempo que Ada Colau amenaza la de Colón en Barcelona y Pedro Sánchez mira a otro lado (es decir, su propia imagen en el espejo como un nuevo Dorian Gray). Las estatuas no son trozos de piedra, sino que tras ellas está Occidente, con sus hazañas y sus atrocidades. Pero, por mucho que duela a los fanáticos de la pureza absoluta, no se tiran los diamantes a la basura por que tengan alguna imperfección.
Primero destruyen las estatuas; luego serán los geranios - Santiago Navajas - Club de Libertad Digital
“El lenguaje es violencia”.. Dado que el conocimiento es opresivo, los ‘woke’ están obsesionados con las palabras. Las palabras son armas: instrumentos afilados que un grupo ha creado para mantener su dominio. Aquí está la explicación de las “microagresiones”, de la corrección política y de uno de los mantras del ‘wokeism’, ‘Language is violence’. ‘El lenguaje es violencia’. Lo cual aporta la coartada para escraches y cancelaciones.Se trata de hacer la revolución, y esta solo se hace atacando la raíz, a los mismísimos pilares de una sociedad.

“Las primeras pulsaciones de esta nueva hornada saltaron a la vista de Greg Lukianoff, abogado público y presidente de FIRE, un grupo defensor de la libertad de expresión en las universidades de EEUU. En 2014 Lukianoff empezó a observar varias cosas: primero, que las iniciativas estudiantiles para desinvitar a oradores y conferenciantes se habían disparado. Los alumnos, organizados en asociaciones y prestos a manifestarse, presionaban a la directiva para que rescindiese la invitación a determinados panelistas por considerar que su mensaje oprimía de alguna manera al cuerpo estudiantil y por tanto no tenía espacio en el campus”. Ágora.

Foto: Imagen: Irene de Pablo.
Doctrina ‘woke’): los orígenes del gran despertar. Poder, neolengua y culto al agravio El racismo es real, como lo son las agresivas desigualdades sistémicas de Estados Unidos, y la energía del movimiento que lucha contra estas fuerzas, hoy, está en la izquierda identitaria. El País

“Si la universidad ignoraba las peticiones y mantenía la invitación, muchas veces los estudiantes le hacían un escrache al invitado. Bloqueaban la entrada a la sala de conferencias o gritaban tanto que nadie podía escuchar al panelista. Si este era guiado a una sala resguardada para que diese su discurso por la radio, o en streaming, lo estudiantes golpeaban con las palmas abiertas las paredes del estudio para hacer un ruido insoportable. Fue lo que le sucedió al sociólogo conservador Charles Murray en Middlebury College, en 2016. Cuando Murray y la profesora que lo había invitado, Allison Stanger, salieron del estudio, la turba los roció de insultos y alguien le causó a Stanger una contusión al tirarle del pelo. Su coche abandonó el campus escoltado por seguridad, entre los empellones de los alumnos”.

Murray es un reconocido conservador que, en un libro publicado hace 26 años, añadió el coeficiente intelectual como un posible factor que explicase la pobreza. Una idea que le ganó el epíteto de “fascista” y “supremacista blanco” por parte de los estudiantes y de algunos profesores de Middlebury College. Otros académicos y pensadores de la derecha, así como políticos republicanos, jefes de policía, escritores, cómicos o activistas de los derechos humanos, han sido igualmente desinvitados o escracheados. La ira estudiantil ha llegado a arremeter contra el demócrata Eric Holder, fiscal general durante la administración Obama, o Madeleine Albright, primera mujer en ocupar la secretaría de Estado. Los estudiantes de Scripps College alegaron que Albright, una “feminista blanca”, había “posibilitado el genocidio de Ruanda”. Fuente Ágora.

El momento en que la llamada Generación Z llegó a la universidad estadounidense. “Se trata de un cambio generacional. Las personas nacidas a partir de 1995 se habrían educado en un contexto social y tecnológico sin precedentes”. “La carrera por llegar a Yale o a Harvard, o a cualquier otra universidad de nivel igual o inferior, es tan agresiva que empieza en la escuela primaria”. “La proporción de docentes izquierdistas frente a docentes conservadores parece mayores en las  universidades estadounidenses”. La “izquierdización universitaria”, en las últimas dos décadas, ha terminado amenazando a las posiciones conservadoras.

Los manifestantes queman una barricada frente a la Casa Blanca durante una manifestación para repudiar el asesinato de George Floyd en Minneapolis (EFE / EPA / JIM LO SCALZO).
Los manifestantes queman una barricada frente a la Casa Blanca durante una manifestación para repudiar el asesinato de George Floyd en Minneapolis (EFE / EPA / JIM LO SCALZO)

Stay angry, stay woke”, decían sus carteles en las manifestaciones de estas épocas de pandemia. Angry significa “enfadado” y woke lo podríamos traducir como “políticamente despierto”: la etiqueta que utiliza esta nueva izquierda anarquista, germinada en los monocultivos universitarios. Unos mal llamados “guerreros de la justicia social” armados con todo tipo de términos nuevos, como “apropiación cultural”, “interseccionalidad”, “marginalización”, “blanqueamiento”, “luz de gas”, “heteronormatividad”, “cisgénero” y otros conceptos de muy difícil traducción. Cuyas protestas se convierten cada vez en más violentas.

Más allá de en las marchas contra el racismo y la violencia policial, apoyadas por un pequeño grupo de estadounidenses, el componente woke ha sido más visible en sus aledaños: en las reacciones que se han dado dentro de empresas y medios de comunicación, muy parecidas a las vividas en los campus.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia
Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo… La interrogante de una juventud imitadora. Colombia: por qué el país está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro).  Que no se repita en el Perú.

“La diferencia fundamental entre el movimiento de los derechos civiles y la vertiente radical del movimiento ‘woke’. El primero actuaba dentro de la democracia liberal: quería perfeccionarla. Extender sus derechos y libertades a las mujeres y a las minorías, como se hizo sucesivamente a lo largo del siglo XX y se trata de hacer todavía. El segundo, en cambio, considera que la democracia liberal está podrida de raíz. No quiere mejorar ni ampliar sus valores; quiere destruirlos y construir otros nuevos. Pero hay un quinto punto en la filosofía de los identitarios radicales”. Argentino Barro. New York. El confidencial.

Con esta presentación invitamos a los lectores a analizar esta problemática del movimiento Woke, que mediante su libre albedrío puedan formar sus propias conclusiones de una clarinada de alerta para que los jóvenes no se intoxiquen con ideologías extranjeras.

Referencias:

Ágora. ABC. El País. El Confidencial. Innovas

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El auge de las religiones civiles: del nacionalismo al movimiento “woke”

Blog . Por Juan Luis Redondo

La religión siempre ha jugado un papel clave a lo largo de la historia de la humanidad. Esta necesidad de “creer” hace tiempo que despertó el interés de la ciencia, que suele dar dos explicaciones: la primera indica que la especie humana necesita una relación causa-efecto para todo lo que le rodea. Si la respuesta no la da la ciencia, el hombre precisa una respuesta sobrenatural, y por tanto tiene predisposición a creer en dioses. La segunda explicación propone que las creencias religiosas han contribuido a la cohesión de los grupos humanos y, por ello, han ayudado a su supervivencia y, en último término, al éxito evolutivo. La religión como elemento de cohesión también responde a una clara necesidad humana. En este artículo no pretendo abordar el primer punto, más relacionado con la espiritualidad, sino el segundo, relacionado con el renacer de las religiones civiles en el siglo XXI.

Científicos internacionales y líderes religiosos de diferentes confesiones de todo el mundo planta un olivo en favor del medio ambiente y por la paz mundial.

Una generación de políticos sin ideas nuevas, e incapaces de proponer un proyecto ilusionante y cohesionador de futuro, junto a una generación de ciudadanos complacientes que creyeron que la democracia liberal era un logro irreversible, nos han llevado a una tormenta perfecta que revive algunas de las peores pesadillas de siglos pasados: una nueva guerra de religiones; en este caso, de religiones civiles.

En los últimos meses se han sucedido los análisis sobre el impacto de las políticas identitarias y la polarización de la sociedad. Creo que resulta más fácil entender la situación vista desde la perspectiva de la religión como elemento de cohesión de grupos y como mecanismo de creación de identidades fuertes y de control de la sociedad. Las recientes noticias sobre el debate abierto en Francia para combatir las nuevas religiones civiles, en forma de guerras culturales, han reavivado la polémica.

En el libro “El pasillo estrecho”, Daron Acemoglu y James A. Robinson proporcionan numerosos ejemplos de cómo la religión permitió crear Estados fuertes que dejaron atrás la etapa de guerras continuas para resolver los conflictos entre diferentes grupos. Las religiones han sido uno de los grandes motores de la creación de Estados a lo largo de la historia. La religión hace mucho más sencillo el control de la sociedad: si las reglas de moralidad y comportamiento, así como la reglamentación de incumplimientos o castigos, vienen de un dios sobrenatural y todopoderoso, es más sencillo asegurar el cumplimiento por parte de los ciudadanos, lo que permitió crear Estados autoritarios fuertes.

La mala memoria democrática del comunismo español lo llevó a un desastre político y económico.

Para llegar a un estado democrático, las sociedades tuvieron que romper la “jaula de normas” creada alrededor de la religión y adentrarse en ese pasillo estrecho que describe Acemoglou entre un Estado con capacidad para resolver conflictos basado en unas normas aceptadas y una sociedad capaz de controlar al Estado e impedir la deriva autoritaria. Este modelo requería separar a la religión del Estado. Sin romper la jaula de normas, que en muchos casos estaba ligada a la religión, el modelo democrático era inviable.

Yuval Harari en su libro “Sapiens” también describe la ventaja competitiva de la especia humana basada en “construir relatos” que unen a grandes grupos en proyectos comunes. Esa fue la labor de la religión durante milenios. En el siglo XIX, y especialmente en el siglo XX esa labor la asumieron las grandes ideologías, en su modelo de religiones civiles: el fascismo, el comunismo y el nacionalismo.

Los regímenes totalitarios usan medidas de terror, aniquilación de adversa  rios políticos, partidos únicos, falta de libertades y todo controlado por el estado ocasionando genocidios por millones de seres humanos.

🏆 Hitler, Mussolini y Stalin (entre otros) fueron nominados al Premio Nobel de la Paz | Actually Notes Magazine

Derrotada el fascismo en la segunda guerra mundial y el comunismo Los regímenes totalitarios usan medidas de terror, aniquilación de adversa en la guerra fría, la generación de los 90 se atrevió a aventurar el “fin de la historia”, en palabras de Fukuyama. La democracia liberal había triunfado en la lucha de ideologías. Incluso un paso más allá, una generación llena de optimismo pensó en una etapa laica, no sometida a las normas de las religiones. Una generación demasiado presuntuosa.

Ninguna de esas predicciones se ha cumplido. La democracia liberal se encuentra en retroceso en todo el mundo: el fin de la guerra fría no fue el fin de la historia. La religión ocupa un espacio en el cerebro de las personas que la democracia y sus ritos no ha sido capaz de suplir. El fascismo, el comunismo y el nacionalismo están de vuelta. Los casos del fascismo y el comunismo son particularmente sorprendentes: dos ideologías que solo han traído guerra y miseria vuelven en el siglo XXI. Este retorno debería generar el mismo estupor que si alguien propusiera la vuelta del … despotismo ilustrado, y sin embargo captan nuevos adeptos, y siguen gozando de prestigio intelectual.

El nacionalismo es el perfecto ejemplo de religión civil: sus dogmas, rituales y prácticas convierten al nacionalismo en una fe laica que despertaría en el cerebro reacciones parecidas a las que desencadena la religión.

En su capacidad de comportarse como religiones civiles podríamos encontrar muchas respuestas a este retorno de ideologías del siglo XX: la necesidad de volver a cohesionar los grupos humanos renace con fuerza. El espacio que había dejado la religión ha sido tomado por otras fes laicas que vuelven a promover la cohesión de los grupos humanos, cohesión que sin duda devuelve confort al cerebro humano, la vuelta al confort de la tribu. Las religiones civiles en un nuevo formato del siglo XXI han tomado la política y la sociedad y amenazan con destruir la democracia liberal y restringir las libertades de los ciudadanos.

El nacionalismo asociado a la nación y la bandera suele estar ligado en la mayor parte del mundo a partidos políticos de derechas. España es en gran medida una excepción singular, con un nacionalismo de izquierdas ciertamente extravagante.

La cultura 'woke': qué es y por qué Meghan Markle es su princesa

Algunos investigadores señalan que el aspecto woke fue el “narcisismo psiquiátrico autoindulgente y en el sofá” del mundo moderno.  La cultura woke también cuenta con detractores. Uno de ellos es el expresidente Barack Obama, quien señaló hace unos años que esta era la fórmula perfecta para el dogmatismo. Sn agresivos, violentos y sin ideales humanistas.

 

La religión civil en el ámbito de la izquierda se ha desarrollado de forma más clara en lo que en Estados Unidos se ha denominado el movimiento “woke”. Movimientos inicialmente centrados en la defensa de derechos civiles como el feminismo, los derechos de los colectivos LGTBI o la lucha contra el racismo, han desembocado en religiones civiles, donde cualquier duda o discusión es tachado de herejía y donde cualquier error te condena a la muerte civil. La adhesión al grupo debe ser inquebrantable, y la duda o la contestación es duramente castigada.

El episodio reciente de un periodista del New York Times, Donald McNeil, que tuvo que renunciar hace algunas semanas por utilizar una palabra “tabú” con connotaciones racistas, es una perfecta ilustración del punto en que nos encontramos. Es difícil no encontrar el paralelismo con esa escena de la película de los Monty Python en que una persona es lapidada por decir la palabra “Jehová”. El periodista no había utilizado esa palabra en un tono ofensivo, solo la había pronunciado en el contexto de una conversación con alumnos donde le pedían opinión sobre una alumna que la había utilizado en un vídeo.

Nos encontramos así con las palabras tabúes propias de las religiones civiles y con periódicos de prestigio derivando en hojas parroquiales. La penetración de este movimiento de fe laica en gran parte de las universidades americanas, donde cualquier voz discrepante es expulsada ante lo que se considera una “herejía”, y donde se prohíbe cualquier debate, de nuevo nos retrotrae a etapas pasadas que creíamos superadas.

Políticos escasos de ideas y proyectos creyeron que la mejor forma de lograr votos era volver a explotar esas necesidades básicas de nuestro cerebro impulsando políticas identitarias excluyentes. La multitud de tribus podía ser fácilmente capitalizada políticamente, sea por partidos de izquierda en el caso del movimiento “woke” asociado al feminismo, el sexismo, o el racismo, o en el caso del nacionalismo asociado a la nación y la lengua, por partidos de derecha. Explotar nuestros instintos más básicos siempre funciona y permite esconder la mediocridad y escamotear el principio democrático básico de rendición de cuentas: en la tribu todo está permitido, todo puede perdonarse, sea corrupción, incompetencia, o violencia. Lo importante es la adhesión inquebrantable a la tribu. El modelo de creación de tribus basadas en las nuevas religiones laicas se ha convertido en un mecanismo extraordinariamente efectivo.

El cerebro humano precisa una explicación para todo lo que le rodea y una tribu cohesionada con la que identificarse. Las desgraciadas experiencias del siglo XX habían permitido superar la necesidad de la tribu. La democracia proponía ciudadanos con muchas identidades, sea mujer, católico, afroamericana, español o gay. Ninguna de ellas debía prevalecer sobre el resto, de forma que toda persona tuviera siempre muchas tribus con las que identificarse, lo que permite la convivencia entre todos. Eso permite que existan adversarios, no enemigos, y que las voces discrepantes sean personas a las que convencer y no herejes a los que aniquilar.

Una política basada en religiones civiles no es compatible con la democracia. No hay nada esperanzador en esta deriva política basada en una nueva fe laica; solo una repetición de los errores del siglo XX. Probablemente la progresiva desaparición de la generación que vivió los horrores del siglo XX explica mucho de la situación actual.

Lo relevante no es lamentarse, sino entender que la necesidad básica del cerebro de elementos de cohesión de grupos debe encontrar respuesta y que la democracia liberal no ha sabido darla. Sin resolver ese desafío, parecemos abocados a repetir los errores del pasado.Francia es hasta ahora el único país que ha decido afrontar este desafío: su tradición de estado laico y su lucha histórica contra la intromisión de la religión en el Estado le ha permitido superar el corsé de la corrección política, y plantear una clara oposición a una política dominada por las nuevas religiones civiles. Un pequeño rayo de esperanza.

Fuente. Hay Derecho. Expansión

Autor de la imagen: Kike Ibáñez

El peligro de la cultura woke video 1 Fuente: Videos para conservadores en español

 

Peligro de la cultura woke vídeo 2

 

12 Comentarios

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  1. A lo largo de la década de 2000 y principios de la de 2010, despertar se usó como un término para no quedarse dormido literalmente o como jerga para las sospechas de ser engañado por una pareja romántica. En la primera década del siglo XXI, el uso de despertar abarcó el significado anterior con un sentido adicional de estar “alerta a la discriminación e injusticia social y / o racial “. Hoy bajo una falsa ideología de izquierda deviene en un movimiento sumamente violentista.

  2. Tuve la oportunidad de ver las noticias de aquel momento en que la ira estudiantil ha llegado a arremeter contra el demócrata Eric Holder, fiscal general durante la administración Obama, o Madeleine Albright, primera mujer en ocupar la secretaría de Estado. Los estudiantes de Scripps College alegaron que Albright, una “feminista blanca”, había “posibilitado el genocidio de Ruanda. La verdad que es preocupante la masa manipulada absurdamente pr una ideología extremista.

  3. En los últimos meses se han sucedido los análisis sobre el impacto de las políticas identitarias y la polarización de la sociedad. Creo que resulta más fácil entender la situación vista desde la perspectiva de la religión como elemento de cohesión de grupos y como mecanismo de creación de identidades fuertes y de control de la sociedad. Esto encierra en mi concepto un peligro para el mundo si crece esta ideología absurda y violenta.

  4. Ese lengiaje de violencia, la destrucción de monumentos y toda esa ideología de violencia ya está en el Perú, lo vimos cuando los caviares y rojos salieron a las calles -lo que origino la segunad ola de la pandemia- sólo flto derrumba monumentos pero que en su proclamas en las diferentes redes lo predicaban para agudizar contradiccione en favor de la corrupción de Vizcarra y su continuismo con Sagasti, el inepto. Esta cultura woke es un peligro ara juventud mundial, alimentado por los comunistas y extremistas. Al terrorismo nunca más.

  5. Esto es extremismo blanco y apología a la violencia. “El lenguaje es violencia”.. Dado que el conocimiento es opresivo, los ‘woke’ están obsesionados con las palabras. Las palabras son armas: instrumentos afilados que un grupo ha creado para mantener su dominio. Aquí está la explicación de las “microagresiones”, de la corrección política y de uno de los mantras del ‘wokeism’, ‘Language is violence’. ‘El lenguaje es violencia’. Condeno totalmente estas ideologías.

  6. do lo que origina cultura de violencia debe estar fuertemente penado. Otras caídas de estatuas y símbolos que representaron el final de una era. Primero destruyen las estatuas; luego serán los geranios. Derriban y mancillan las estatuas: la de Churchill en Londres, la del padre Antonio Vieira en Lisboa, la de Indro Montanelli en Milán, la de Lincoln en Boston, las de Colón en todas partes. Macron y Johnson se rebelan y defienden las estatuas de su patria, al tiempo que Ada Colau amenaza la de Colón en Barcelona y Pedro Sánchez mira a otro lado. No comporto esta ideología que fomenta el odio.