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Sri Lanka era el gran laboratorio mundial del populismo y por eso ha saltado por los aires

Rajapaksa y sus predecesores se habían apuntado al repertorio completo: petróleo barato, proteccionismo, energéticas y bancos públicos, impuestos bajos…

Sri Lanka era el gran laboratorio mundial del populismo y por eso ha saltado por los aires
El sábado pasada, después de que una multitud de ceilandeses ocupara el palacio presidencial de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa dimitió y huyó de la isla. | TO

El pasado miércoles, con nocturnidad y alevosía, el presidente Gotabaya Rajapaksa abandonaba Sri Lanka en un avión militar tras meses de protestas multitudinarias. Deja atrás una nación «en la bancarrota», como su propio primer ministro Ranil Wickremesinghe había reconocido horas antes. Ha decretado el impago de la deuda y está a punto de quedarse sin gasolina ni diésel. Las colas delante de las estaciones de servicio se miden en kilómetros y los plazos de espera, en días. La falta de carburantes impide abastecer las ciudades y los estantes de las tiendas se están vaciando. «Muchas familias que hasta hace poco se consideraban parte de la clase media acomodada», dice The Economist, «deben saltarse ahora una de las comidas diarias».

¿Cómo se puede ocasionar semejante destrozo? Los choques consecutivos de la pandemia y la invasión de Ucrania han influido, pero ningún otro gobernante ha debido salir volando al exilio. ¿Qué ha hecho especialmente mal Sri Lanka?

La respuesta se resume en una palabra: populismo.

Populismo inmobiliario

Tras el final de la guerra civil (1983-2009), la inversión extranjera inundó la isla. La situación internacional no podía ser más propicia. A los excedentes de capital chino se sumó la política ultraexpansiva adoptada por los bancos centrales de todo el planeta tras el colapso de Lehman Brothers. La avalancha de liquidez impulsó un vigoroso crecimiento, pero apoyado en un pilares que les sonará: la construcción de grandes infraestructuras, como carreteras, aeropuertos o la espectacular Torre del Loto de Colombo.

De todos los tipos posibles de inversión, es la que arroja rentabilidades más modestas (cuando no ruinosas, como bien sabemos en España), pero a los políticos, autoritarios o no, les encanta porque se presta a vistosas inauguraciones y genera una amplia y agradecida red clientelar.

Populismo comercial

Sri Lanka ha practicado desde siempre un estricto proteccionismo, siguiendo la acreditadamente ruinosa estrategia de la sustitución de importaciones y esos argumentos que forman parte del fondo de armario de cualquier demagogo: la competencia internacional arruina a nuestros esforzados emprendedores, condena al paro a nuestros honrados asalariados, etcétera. A finales de 2019, el país ocupaba el puesto 140 de 141 en el ranking de apertura comercial del Índice de Competitividad que elabora el Foro Económico Mundial de Davos.

 

Por plausibles que puedan sonar las justificaciones populistas, la autarquía es ruinosa. A cambio de preservar los negocios ya instalados, la población general y cualquier nuevo emprendedor se ven obligados a pagar más por los bienes de consumo e intermedios. El resultado es un aparato productivo ineficiente e incapaz de batirse en el mercado internacional, lo que se traduce en déficits recurrentes por cuenta corriente que hay que financiar con una combinación de deuda e inflación.

Durante un breve paréntesis liberal, el ministro de Finanzas Mangala Samaraweera intentó en 2017 abrir la economía ceilandesa mediante un desarme arancelario gradual que iba a prolongarse a lo largo de un quinquenio, pero el proceso se interrumpió en 2019 y, con él, la incipiente recuperación del sector exterior.

Populismo energético

En fecha tan cercana como junio, la gasolina estaba en Sri Lanka mucho más barata que en la mayoría de los países de su entorno. Ocupaba el puesto 120 de 170 y, como señalaba el economista Amal Kumarage, «casi todos los que tiene por detrás son naciones productoras de petróleo. Sri Lanka es, por tanto, la nación no productora de petróleo con los precios a pie de surtidor más bajos».

¿Cómo lo había conseguido? Gracias a otro gran invento del populismo: una compañía pública de energía. La Ceylon Petroleum Corporation (CPC) se aprovisionaba en el exterior a precios de mercado, vendía a precios políticos y se anotaba las pérdidas. Eso había ido generando una bola inmensa, pero no se preocupen, porque la deuda la colocaban en otra ocurrencia igualmente feliz: los bancos públicos.

Empujar las facturas debajo de la alfombra es una receta para el desastre y, una vez más, Samaraweera diseñó un algoritmo para vincular el precio de los carburantes al real. La fórmula empezó a aplicarse en mayo de 2018, pero el momento elegido no pudo ser peor. El barril atravesaba un pujante rally tras cuatro ejercicios de caídas y, temeroso de que sus votantes se irritaran si se les trasladaba la subida, Rajapaksa recogió riendas.

El pasivo de la CPC siguió engordando hasta que, en noviembre de 2021, el Gobierno tuvo que cerrar la refinería de Sapugaskanda porque se había quedado sin dólares para importar crudo.

Populismo ecológico

En octubre de 2021, Sri Lanka prohibió la importación de fertilizantes químicos porque quería «que la agricultura fuera […] 100 % orgánica». En la larga y triste lista de meteduras de pata de Rajapaksa esta fue de las peores. El rendimiento de los cultivos se hundió y muchos agricultores ni siquiera se molestaron en plantar para la siguiente cosecha.

«La prohibición devastó el sector», escribe Ranga Jayasuriya. Calcula que solo la producción de arroz se redujo en dos tercios. «El coste del disparate se elevó, según estimaciones conservadoras, a 2.000 millones de dólares [en un país con un PIB de 83.000 millones en 2019]. Empobreció a 1,8 millones de agricultores, que representan uno de cada cuatro trabajadores de Sri Lanka».

Populismo monetario

La independencia de los bancos centrales es una de las bichas de todo buen populista. «¿Por qué hay de ceder la soberanía monetaria a unos burócratas?», se lamentan. «Es una camisa de fuerza para el pueblo», etcétera.

En la práctica, si no dotas de independencia a la autoridad monetaria, acaba convirtiéndose en la fábrica de billetes del político de turno. Es lo que había sucedido tradicionalmente en Sri Lanka. Los gobernantes gastaban sin cuento conscientes de que, cuando llegara el momento de cuadrar el balance, disponían de crédito ilimitado.

Mangala patrocinó una reforma que ponía coto a estos abusos, pero nunca vio la luz.

Populismo institucional

Una constante de Rajapaksa fue su propensión a invadir competencias ajenas. «Aprobó», escribe Amita Arudpragasam en Foreign Policy, «la vigésima enmienda constitucional, que socava la independencia de instituciones críticas como la Oficina Nacional de Auditoría y la Comisión para Investigar Acusaciones de Soborno, con el argumento de que el presidente necesitaba manos libres para desempeñar sus funciones». Seguro que les suena de alguien muy conocido. ¿La Fiscalía de quién depende? ¿Del Gobierno? Pues ya está.

Entre los blancos favoritos de Rajapaksa figuraban los periodistas críticos. Se le ha acusado incluso de recurrir al asesinato de los más contumaces. La justificación es que las críticas no son justas y responden a oscuros intereses. «La gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios» y hay que redimir «el periodismo de la servidumbre del capitalismo». Son citas literales de Pablo Iglesias y la Ley de Prensa de Franco, aunque no estoy seguro de cual es de cada quién.

Populismo fiscal

La Hacienda de Sri Lanka es de las que menos recauda del mundo: el 11,6% del PIB en 2019. A pesar de ello, nada más ganar las elecciones en noviembre de ese año, Rajapaksa reunió a su Consejo de Ministros y cumplió su promesa de campaña de reducir los impuestos.

«Fue una sorpresa», recordaría años después P. Nandalal Weerasinghe, el vicegobernador del banco central. En aquellos momentos y, como consecuencia del endeudamiento asumido para la reconstrucción del país (véase «Populismo inmobiliario»), la falta de competitividad de su aparato productivo (véase «Populismo comercial») y el voraz consumo de carburantes (véase «Populismo energético»), la isla necesitaba más recursos, no menos. No parecía que reducir el IVA casi a la mitad amparado en la escasamente fiable curva de Laffer fuese la mejor estrategia.

Y no lo fue. Lejos de aumentar los ingresos, las rebajas fiscales hicieron perder a las arcas públicas más de 1.400 millones de dólares en 2019.

Conclusión

Las ocurrencias de Rajapaksa (y la mayoría de sus predecesores, tampoco le echemos la culpa de todo a él) dejaron la economía esrilanquesa completamente desequilibrada y al borde del precipicio. Habría bastado un leve soplido para que cayera, pero lo que llegaron fueron dos vendavales. La pandemia la dejó sin turistas y la guerra de Ucrania encareció hasta el disparate las materias primas.

Con sendos y abultados déficits presupuestario y comercial y unos mercados de capitales cada vez más recelosos, al Gobierno aún le quedaba el banco central. Echó mano de sus reservas para defender la rupia e imprimió billetes sin rubor para afrontar los pagos más perentorios. Esas medidas desesperadas han llevado la inflación por encima del 50%, pero no han podido evitar que la población sufra unos cortes de luz prolongados, la carestía de alimentos básicos como el arroz y el racionamiento de carburantes.

El sábado pasado, una marea de indignada humanidad ocupó el palacio presidencial de Colombo. Su inquilino «no dijo nada durante todo el día», cuenta The Economist. Por la noche, unos incontrolados pegaron fuego a la residencia del primer ministro y, poco después, Rajapaksa asumió que todo había terminado y anunció por megafonía que dimitiría cuatro días después.

La gente lo celebró lanzando petardos y aullidos de alegría, pero no sabe la que se le viene encima. Las resacas de las juergas populistas suelen ser largas y dolorosas.

 

Los Rajapaksa: la dinastía que se apoderó de Sri Lanka durante casi dos décadas y cayó en desgracia

Los Rajapaksa: la dinastía que se apoderó de Sri Lanka durante casi dos décadas y cayó en desgracia

Gran parte de la ira ciudadana en este país asiático se ha centrado en una saga familiar acusada de llevar a la nación al caos político y económico. El actual mandatario y su hermano mayor han gobernado el país como una empresa familiar

  • Sri Lanka elegirá nuevo presidente el 20 de julio tras la revuelta que se tumbó a Gotabaya Rajapaksa
  • Presidente de Sri Lanka evalúa irse del país por mar tras fracaso de salida aérea
Milagros Asto Sánchez
Milagros Asto Sánchez. El Comercio

Manifestantes que asaltan la residencia del presidente y un mandatario que se vio tan presionado por los ciudadanos que tuvo que aceptar renunciar. Sri Lanka está sumida en un clima de crisis política y económica e incertidumbre del que millones de ciudadanos culpan a Gotabaya Rajapaksa, jefe de Estado desde el 2019 y cuya familia ha estado al mando del país asiático -no sin polémicas- durante gran parte de las últimas dos décadas.

El fastidio de los ciudadanos en Sri Lanka no es reciente. El país vive desde marzo una ola de protestas contra el gobierno, pero el enojo alcanzó un nuevo nivel el 9 de julio. Ese día miles de manifestantes irrumpieron en la residencia oficial de Rajapaksa para exigir su dimisión por su gestión de la crisis económica, una de las peores que atraviesa desde su independencia del imperio británico en 1948. El desastre económico ha provocado escasez de artículos esenciales. Los ciudadanos tienen problemas para conseguir comida, combustible y otros productos básicos.

Imágenes de la televisión local y videos en las redes sociales mostraron a los ciudadanos enojados bañándose en la piscina presidencial, probando las máquinas del gimnasio o incluso descansando en los dormitorios del palacio ubicado en Colombo, la capital de la nación.

La presión fue tal que obligó a Rajapaksa a huir de la residencia y a prometer que dimitirá este miércoles 13. El presidente salió del país esta madrugada, apenas unas horas antes de que venciera el plazo en el que había prometido dimitir.

Rajapaksa y su esposa se marcharon en un avión de la Fuera Aérea de Sri Lanka a Maldivas, según un comunicado de la fuerza aérea.

Manifestantes nadan en la piscina del palacio presidencial de Sri Lanka. (AP).
Manifestantes nadan en la piscina del palacio presidencial de Sri Lanka. (AP).

Buena parte de la indignación ciudadana se ha centrado en la familia Rajapaksa, a la que los manifestantes acusan de llevar a Sri Lanka al caos con una mala gestión y mucha corrupción.

En los últimos meses, los manifestantes habían estado exigiendo que el presidente y Mahinda Rajapaksa -su hermano mayor, hasta hace poco primer ministro y dos veces presidente del país-, renunciaran por llevar al país a la ruina económica.

El enojo logró que Mahinda renunciara después de que sus partidarios atacaran a manifestantes antigubernamentales, desencadenando choques mortales en todo el país. Decenas de casas de políticos fueron incendiadas, incluidas algunas propiedad de los Rajapaksa.

En tanto, el actual mandatario Gotabaya Rajapaksa tuvo que ser evacuado de su residencia oficial tras el asalto a su residencia del último fin de semana. Un tribunal le ha prohibido salir del país.

(AFP)
(AFP)

Héroes de la guerra civil

La historia de la familia Rajapaksa al mando de Sri Lanka es la de un importante auge y luego una dura caída.

En un artículo llamado “Crisis de Sri Lanka: cómo los héroes de guerra se convirtieron en villanos”, la BBC recuerda que Mahinda Rajapaksa desempeñó un papel decisivo en el establecimiento de la dinastía Rajapaksa.

Mahinda fue celebrado alguna vez por la mayoría cingalesa, el grupo étnico mayoritario de Sri Lanka, como un héroe por poner fin a casi tres décadas de guerra civil cuando los rebeldes del Tigre Tamil fueron aplastados en el 2009 durante su primer mandato como jefe de Estado.

El padre de los hermanos Rajapaksa fue parlamentario en los años 50 y 60, pero fue Mahinda quien pasó gradualmente de líder de la oposición en el Congreso al gobierno del país. Fue primer ministro en el 2004 y un año después fue elegido presidente y rápidamente nombró secretario de defensa a Gotabaya, su hermano menor y que por entonces vivía en Estados Unidos después de retirarse del ejército de Sri Lanka.

Gotabaya regresó para la campaña de su hermano y saltó a la fama, ganándose una reputación de crueldad. Pronto, otros hermanos y familiares se unieron al gobierno”, dice la BBC.

Mahinda fue presidente por dos periodos, del 2005 al 2015. Los Rajapaksa salieron brevemente del gobierno después de perder en las elecciones del 2015, pero volvieron al poder con Gotabaya Rajapaksa como su candidato presidencial en el 2019.

Mahinda Rajapaksa saluda al presidente Gotabaya Rajapaksa en la ceremonia de juramento al cargo. (Foto: AFP)
Mahinda Rajapaksa saluda al presidente Gotabaya Rajapaksa en la ceremonia de juramento al cargo. (Foto: AFP)

Poco después, trajo a su hermano mayor, Mahinda Rajapaksa, de vuelta al gobierno como primer ministro y entregó puestos claves a varios otros miembros de la familia. Como la economía del país parecía estar encaminada al colapso, convirtió a su hermano Basil Rajapaksa en ministro de finanzas en julio del año pasado.

Al menos cuatro miembros de la familia, entre ellos Mahinda, tuvieron que renunciar a sus carteras en los últimos meses debido a la presión ciudadana.

El diario “The New York Times” destaca que la familia Rajapaksa “ha dominado la política de Sri Lanka durante gran parte de las últimas dos décadas y, en los últimos años, ha dirigido cada vez más el gobierno de la nación insular como una empresa familiar”.

Caída en desgracia

Los Rajapaksa fueron muy populares entre las masas cingalesas durante años, a pesar de las acusaciones de graves abusos de los derechos humanos, malos tratos a las minorías y ataques asesinos a los medios de comunicación, de los que se les culpó. La mayoría de la mayoría cingalesa no hablaba entonces.

Además…
La debacle económica de Gotabaya

La economía de Sri Lanka, que ya cargaba un gran endeudamiento, comenzó a deteriorarse rápidamente con la crisis derivada de la guerra en Ucrania, lo que disparó la inflación y los precios del combustible mientras las reservas de divisas comenzaban a caer a mínimos históricos.

La decisión del Gobierno de prohibir el uso de fertilizantes químicos, con la ambición de convertirse en la primera nación 100% orgánica, provocó una caída de la producción que disparó aún más la inflación.

Con los ingresos cayendo estrepitosamente, incapaces de reactivar la actividad turística, ahora comprometida por la falla de suministros y la escasez de combustible, Sri Lanka se vio incapaz de cumplir con la millonaria deuda adquirida para el desarrollo de este país de 22 millones de habitantes.

En abril pasado, el Gobierno de Rajapaksa anunció la entrada de la nación en el impago preventivo de su deuda exterior, aniquilando la confianza de sus acreedores, y obligado a acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para solicitar un programa de rescate.

La debacle económica de Gotabaya

De hecho, Gotabaya Rajapaksa llegó a ser conocido como The Terminator por aplastar la insurgencia tamil de casi tres décadas de Sri Lanka en el 2009 como funcionario de defensa durante la presidencia de su hermano Mahinda.

Una vez que Gotabaya llegó al poder los hermanos prometieron “vistas de prosperidad y esplendor”. “En cambio, provocaron una inflación altísima, una grave escasez de alimentos y combustible, apagones de energía y un país en el precipicio del colapso”, dice “The New York Times”.

El medio recuerda que cuando Mahinda era presidente y Gotabaya ministro de Defensa este último derrotó a los separatistas tamiles, que habían librado una guerra sangrienta contra su descenso a un estatus de segunda clase en el país mayoritariamente cingalés.

La campaña fue tan salvaje que invitó a acusaciones creíbles de crímenes de guerra. La familia endureció su control sobre el país y tomó una serie de préstamos para afianzar su culto. Encontró un socio receptivo en China, que justo entonces estaba acelerando su impulso para posicionarse como rival de la India en el sur de Asia. Beijing cortejó a Nepal, Myanmar y Pakistán con lujosos préstamos”, agrega.

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Sri Lanka

Oficialmente la República Democrática Socialista de Sri Lanka. La isla fue conocida en la antigüedad como «Lanka», «Lankadvīpa», «Simoundou», «Taprobane», «Serendib» y «Selan», llegando a ser denominada popularmente como la «isla de los mil nombres».

Por: Luis Alberto Pintado Córdova

Hoy en día es un país multirreligioso y multiétnico, en el que casi un tercio de la población es seguidor de religiones distintas al budismo, en especial el hinduismo, el cristianismo y el islam.

El Collage De Imágenes De Polonnaruwa, Sri Lanka - Templo Y Capital Medieval De Ceilán Imagen de archivo - Imagen de sagrado, antiguo: 105567813

Famosa por la producción y exportación de canela, té, café, caucho y coco, Sri Lanka cuenta con una progresiva y moderna economía industrial y el más alto ingreso per cápita en el Asia meridional. La belleza natural de Sri Lanka en sus bosques tropicales, playas y paisaje, así como su rico patrimonio cultural, la convierten en un destino turístico de fama mundial.

Después de más de dos mil años de gobiernos locales por reinos, partes de Sri Lanka fueron colonizadas por Portugal y los Países Bajos a partir del siglo XVI, antes de que el control de todo el país fuera cedido al Imperio británico en 1815. Durante la Segunda Guerra Mundial, Sri Lanka sirvió como una base importante para las fuerzas aliadas en la lucha contra el Imperio japonés. Un movimiento político nacionalista surgió en el país a principios del siglo XX, con el fin de obtener la independencia política, que fue finalmente concedida por los británicos después de las negociaciones de paz en 1948.

La historia de Sri Lanka ha estado marcada durante más de dos décadas por un conflicto étnico entre el gobierno nacional y el movimiento insurgente de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil. A inicios de 2002, los dos bandos en conflicto acordaron un alto al fuego, el cual fue roto en reiteradas oportunidades por ambas partes. A principios de 2009, el gobierno nacional inició una ofensiva contra los Tigres, que duró varios meses y resultó en la aniquilación de la guerrilla y la muerte de sus altos mandos, pero a un altísimo costo de vidas civiles.

Entre 1948 y 1972, Ceilán​ fue un país independiente en la Mancomunidad de Naciones que compartió monarca con AustraliaCanadáNueva Zelanda y el Reino Unido, y algunos otros estados soberanos. En 1948, la colonia británica de Ceilán obtuvo su independencia. En 1972, el país se convirtió en una república dentro de la Mancomunidad, y su nombre se cambió a Sri Lanka.

Galería de imágenes

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Por: Luis Alberto Pintado Córdova

El primer ministro de Sri Lanka llama al cese de las protestas y apela a la fe en la democracia

Desde hace meses, los esrilanqueses se sienten más solos que nunca; viven soportando la peor crisis económica desde su independencia del Imperio británico, en 1948, y todo parece señalar a la familia Rajapaksa, en el poder desde hace dos décadas.
Poco o nada les importó a los esrilanqueses que el presidente Gotabaya Rajapaksa y el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, huyeran de la turba que se apoderó del palacio presidencial en Colombo desde el fin de semana. “No abandonaremos [el palacio] hasta que Rajapaksa se vaya de verdad”, dijo el líder estudiantil Lahiru Weerasekara a la prensa. Pero tampoco les importó porque, desde hace meses, los ciudadanos se sienten más solos que nunca; viven soportando la escasez de alimentos y gasolina, cortes de energía, pocas divisas para importar bienes y una inflación desatada que supera el 50 %.
Miles de manifestantes asaltaron las instalaciones gubernamentales, se dieron un baño en la piscina, ocuparon dormitorios, jardines y el gimnasio privado del presidente. “Esas imágenes quedarán como el colofón de unas protestas mayoritariamente pacíficas que pusieron fin al legado de Rajapaksa, el ‘héroe de guerra’ que se había convertido en presidente para rescatar a la nación”, se lee en una publicación de la agencia de noticias EFE.

La historia de esa crisis tiene, en gran medida, sus raíces en la familia Rajapaksa. “Ellos concentraron el poder hasta el punto de que el país pasó a parecerse a una empresa familiar autocrática, que no rinde cuentas a nadie y llevó a la nación a la bancarrota”, escribió Hannah Ellis-Petersen, corresponsal de The Guardian. Un poder absoluto que se acaba este miércoles, cuando el mandatario, al parecer, anunciará su renuncia para calmar los ánimos, luego de su huida del país este martes en un avión militar. Pero puede que su salida no sea suficiente.

Los manifestantes abandonan la ocupación de las sedes oficiales en Sri Lanka | El Correo

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  1. Las promesas del expresidente de Sri Lanka, nos hace recordar lamentablemente algunas palabras del actual representante de nuestro país; asegurando haber hecho todo lo posible para evitar el desastre económico que afecta a su país e indicando que la pandemia anuló sus esfuerzos. Sin embargo, sin mea culpa acerca de la mala gestión de la economía, llevando a su país al caos y a una crisis profunda por la falta de divisas, lo que hace imposible financiar las importaciones de productos esenciales para aquella población. Aún más trágico, sumando acusaciones de violaciones contra los derechos humanos, especialmente contra las minorías étnicas y religiosas, así como denuncias de corrupción. Por lo que, las protestas indudablemente llevaron al presidente Gotabaya Rajapaksa a huir y a prometer su renuncia, en lo que manifestantes invadieron el despacho del primer ministro para reclamar su dimisión.

  2. Sin duda lamentable la situación económica de Sri Lanka que carga sobre sus espaldas un estrepitoso endeudamiento. Tal como nos menciona el artículo, el pueblo que confió en el presidente Rajapaksa como un héroe que rescataría al país, terminó por llevarlos al abismo.
    Abismo que podría decirse comenzó con la crisis que se generó por la guerra en Ucrania, lo que incrementó los precios del combustible.
    De allí todas las malas decisiones que tomó el gobierno, cómo prohibir la entrada de fertilizantes perjudicando notablemente a productores nacionales, la venta de combustible a precios muy bajos, convertir al gobierno en una empresa familiar, deudas y más deudas, y terminar por huir de esa manera, no es algo digno de una autoridad que una vez amó a su nación. Esperemos que el pueblo de Sri Lanka recupere la estabilidad que necesitan con un mejor gobierno.

  3. El populismo inmobiliario un concepto que no había escuchado antes. De todos los tipos posibles de inversión, es la que arroja rentabilidades más modestas (cuando no ruinosas, como bien sabemos en España), pero a los políticos, autoritarios o no, les encanta porque se presta a vistosas inauguraciones y genera una amplia y agradecida red clientelar. El pueblo reacciono en su momento debido para derrumbarlo, eso se requiere en el Perú para trae abajo un desgobierno y corrupción como el de Pedro Castillo.

  4. Tuvieron una época de gran estabilidad y bonaza económica pero corrompió a sus gobernaste. Tras el final de la guerra civil (1983-2009), la inversión extranjera inundó la isla. La situación internacional no podía ser más propicia. A los excedentes de capital chino se sumó la política ultraexpansiva adoptada por los bancos centrales de todo el planeta tras el colapso de Lehman Brothers. Corrupción en que cayo un país que salió adelante pero que el pueblo freno por excesos de mal gobierno e incapacidad.

  5. Los antecedentes de esta crisis política y celómica esta fuertemente ligada con la familia gobernante por falta de gestión para gobernar un país.
    La historia de esa crisis tiene, en gran medida, sus raíces en la familia Rajapaksa. “Ellos concentraron el poder hasta el punto de que el país pasó a parecerse a una empresa familiar autocrática, que no rinde cuentas a nadie y llevó a la nación a la bancarrota”. Antes de que el país convulsiones el pueblo de Sri Lanka se movilizo para lograr la caída de una dinastía corrupta.

  6. Si el Perú pudiese despertar y emular a los habitantes de Sri Lanka. Wishfut thinking.
    El Perú merece un buen presidente con una gestión positiva, Recursos los tiene, Castillo ha caído muy bajo y con medios probatorios que evidencian su grado de corrupción. No esperemos hasta llegar como Sri Lanka en términos económicos.

  7. Excelente nota informativa sobre últimos sucesos en el Asia donde hay un empuje verdinoso de crecimiento económico y centro de gravedad comercial.
    El fastidio de los ciudadanos en Sri Lanka no es reciente. El país vive desde marzo una ola de protestas contra el gobierno, pero el enojo alcanzó un nuevo nivel el 9 de julio. Ese día miles de manifestantes irrumpieron en la residencia oficial de Rajapaksa para exigir su dimisión por su gestión de la crisis económica, una de las peores que atraviesa desde su independencia del imperio británico en 1948. El desastre económico ha provocado escasez de artículos esenciales. Los ciudadanos tienen problemas para conseguir comida, combustible y otros productos básicos.

  8. El reporte plasmado en la galería de imágenes es real e histórica. Una gran multitud de ciudadanos de Sri Lanka se manifestaron frente a la casa del presidente de ese país, Gotabaya Rajapaksa, donde reclamaban su renuncia, al ser un sin fin de ciudadanos inconformes, tomaron por asalto la residencia oficial, según reportan los medios locales mostrando videos caseros que fueron difundidos por las redes sociales.
    Así terminan los dictadores fugando y acobardados por su conciencia corrupta.

  9. La historia de esa crisis tiene, en gran medida, sus raíces en la familia Rajapaksa. “Ellos concentraron el poder hasta el punto de que el país pasó a parecerse a una empresa familiar autocrática, que no rinde cuentas a nadie y llevó a la nación a la bancarrota”, escribió Hannah Ellis-Petersen, corresponsal de The Guardian. Un poder absoluto que se acaba este miércoles, cuando el mandatario, al parecer, anunciará su renuncia para calmar los ánimos, luego de su huida del país este martes en un avión militar. Pero puede que su salida no sea suficiente. La justoicia tarda pero llega.

  10. Desde hace meses, los esrilanqueses se sienten más solos que nunca; viven soportando la peor crisis económica desde su independencia del Imperio británico, en 1948, y todo parece señalar a la familia Rajapaksa, en el poder desde hace dos décadas… La corrupción y las injusticias los quebraron y hoy se verán con la justicia.

  11. Gran parte de la ira ciudadana en este país asiático se ha centrado en una saga familiar acusada de llevar a la nación al caos político y económico. El actual mandatario y su hermano mayor han gobernado el país como una empresa familiar. Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Así caerá Pedro Castillo y su red criminal.