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sábado, junio 25, 2022
La inflación en la caída del Imperio romano

La inflación en la caída del Imperio romano

La crisis económica fue clave en la caída del imperio en el 476

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La importancia de la inflación en la caída del Imperio romano

  • Las monedas pasaron de tener un 95% de plata a prácticamente nada

  • El Edicto sobre Precios Máximos limitaba el precio de 1.300 productos

  • La crisis económica fue clave en la caída del imperio en el 476

Madrid. El Economista

 

 

El problema con la inflación no solo es actual, es tan antiguo como el dinero. Es posible que en los primeros siglos no fueran conscientes de las dificultades que traían aparejadas las monedas. Y también es posible que los primeros en darse cuenta de que tenían que hacer algo con las subidas de precios fueran los romanos. De hecho, la alta inflación fue causante directa de la caída de su imperio.

La economía romana era compleja, y llevaba sufriendo desde inicios de nuestra era. Es conocida, por ejemplo, la crisis del año 33, que se resolvió con el primer rescate de la historia. El imperio supera este revés, y sigue creciendo, hasta alcanzar su apogeo en el siglo II, con Trajano al frente. Expande las fronteras al máximo, llegando a alcanzar el océano Índico, lo que ni siquiera Julio César o Marco Antonio habían logrado.

Pero tan pronto como alcanzó su auge, comenzó su decadencia. Roma necesitaba un ejército enorme, cada vez más grande, para poder proteger sus fronteras de los numerosos ataques e intentos de invasión que se sucedían, sobre todo en la frontera germánica. Y el coste era enorme.

«Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás»

Esta decadencia comienza con la llegada al poder de Caracalla. Su padre, el emperador Septimio Severo, le dio un consejo a él y a su hermano en el lecho de muerte: «Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás». Caracalla se comprometió a cumplirlos, pero a su manera. Para empezar, se saltó lo de vivir en armonía y mató a su propio hermano, para poder gobernar en solitario.

A lo que le hizo más caso fue a lo de enriquecer al ejército, subiendo un 50% el salario de los soldados. Tenemos por lo tanto un gasto disparado, a lo que tampoco ayudaban los faraónicos caprichos del emperador, como las gigantes termas que llevan su nombre.

Para poder afrontar esas inversiones, el imperio necesitaba aumentar sus ingresos. Y tenía solo dos herramientas: aumentar los impuestos y devaluar la moneda. Y Caracalla apuesta por las dos opciones: duplica las tasas a las herencias, y devalúa la moneda.

Monedas de plata del Imperio romano.

¿Cómo se llevaba a cabo este proceso? La moneda del imperio era el denario, que en tiempos se fabricaba con un 95% de plata y un 5% de otros metales de menor valor. Si reducías el nivel de plata en cada pieza, podías acuñar una mayor cantidad de monedas. Cuando Caracalla llega al poder, el porcentaje de plata era ya del 75%, por las devaluaciones de los anteriores emperadores. Pero él va aún más lejos: en tan solo un año reduce los niveles de plata hasta tan solo el 50%.

Los gobernadores no eran muy conscientes de las consecuencias de estas decisiones. La mayor circulación de monedas, pero de menor valor, se tradujo en una importante subida de los precios por parte de los comerciantes, y el correspondiente aumento de la inflación, reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos.

La inflación llegó a superar el 1.000%, siendo mucho mayor en algunos lugares concretos del imperio. Por poner un ejemplo, entre el año 255 y el 294, el precio de los cereales se multiplicó por 20. La crisis era real.

También se sumaba la gran inestabilidad política. Caracalla acabó siendo asesinado por su propia guardia. En 50 años se suceden 25 emperadores, casi todos alzados y depuestos por las armas -solo Hostiliano, que gobernó 6 meses, falleció por causas naturales-. Además, casi todos eran de origen militar, más preocupados por el estado de los ejércitos que por la gestión.

Diocleciano y sus planes fallidos para luchar contra la inflación en el Imperio romano

En estas circunstancias llega al poder Diocleciano. Él y su gobierno no ven relación entre la crisis económica y la inflación y las continuas devaluaciones. Y tampoco con el gigantismo del estado. De hecho, en sus primeros 15 años como emperador aumenta el tamaño del ejército de 685.000 a 955.000 soldados. Y el número de funcionarios del estado se duplica, pasando de 15.000 a 30.000 trabajadores.

Para ellos, la culpa es única y exclusivamente de los comerciantes y su especulación con el precio de los productos que venden, preocupados solo por sus beneficios. Era una historia que además contaba con la aprobación de los ciudadanos, porque preferían esta teoría a que les subieran los impuestos.

Diocleciano no tenía apenas margen para más devaluaciones, porque las monedas apenas llevaban ya plata; ni para aumentar los impuestos, porque los contribuyentes ya estaban ahogados. Apuesta entonces por una reforma monetaria, que trata de estabilizar la moneda, y que tiene un efecto totalmente contrario, disparando de nuevo la inflación.

Entonces decide apuntar de nuevo a los comerciantes, a los que compara con los bárbaros que amenazaban las fronteras, y les acusa de ser una amenaza para el imperio. En el año 301 lleva a cabo su gran obra en este sentido, al promulgar el Edicto sobre Precios Máximos, una norma que fijaba el precio máximo sobre más de 1.300 productos, además de establecer el coste de la mano de obra para producirlos.

Busto del emperador Diocleciano en Split, cerca de donde nació.

Fija una condena de muerte para los mercaderes que se salten esta medida. Y además les prohíbe llevar sus productos a otros mercados a los que pudieran venderlos a mayor precio. Y el coste de transporte tampoco puede usarse como excusa para incrementar los precios finales.

¿Logró su objetivo? ¿Detuvo la escalada inflacionista? Para nada. Los precios que fijaba el edicto eran demasiado bajos, así que muchos comerciantes decidieron dejar de vender algunas mercancías, hacerlo en el mercado negro, o volver al trueque. Hay ciudades en las que el comercio desapareció completamente.

Y como el edicto también fijaba los salarios, muchos profesionales, incluidos los tan poderosos soldados, vieron cómo con su sueldo su poder adquisitivo era cada vez menor.

En estas circunstancias, fueron muchos los ciudadanos que decidieron abandonar las ciudades e irse a vivir al campo. Sin confianza en el comercio, apostaron por autoproducir todo lo que necesitaban, creando economías locales autárquicas. Muchos trabajadores, sin posibilidades de empleo en las grandes urbes, siguieron a estos nuevos terratenientes, provocando que muchas ciudades quedaran prácticamente abandonadas.

Poco a poco la economía del imperio logró cierta recuperación, aunque lejos del esplendor vivido. Las ciudades nunca llegaron a recuperar la vitalidad, y el aislamiento facilitó el desmembramiento posterior del Imperio romano.

La tormenta perfecta provocada por el excesivo coste del ejército, los ataques bárbaros y la crisis económica provocada por la inflación acabaron definitivamente con el Imperio romano. Su grandeza se desvaneció para siempre con su caída en el año 476. Se iniciaba una nueva era.

Causas de la caída del Imperio Romano | RomaImperial.com
El Gobierno romano se vio obligado a subsidiar la clase trabajadora de Roma para equilibrar las diferencias de los precios. El resultado final, fue que muchos de los plebeyos decidieron vivir de los subsidios del estado, sacrificando su nivel de vida por la facilidad de una vida ociosa. La evidente diferencia entre los romanos ricos y pobres aumentó aún más. ABC

La inflación que ocasiono la caída del Imperio Romano

Una de las verdaderas causas de la caída del Imperio habría radicado en las recetas económicas que implementaron emperadores.

Elaborado por Alfonso Barba Caballero ABC – Luis Alberto Pintado Córdova

Una interesante artículo de investigación del portal español “La Historia sin historietas” da cuenta de por qué la inflación fue uno de los motivos de la caída del Imperiorio Romano.

Según data el artículo, “existe la creencia comúnmente aceptada que carga las culpas de la caída del Imperio Romano sobre las tribus germánicas, que, bárbaras, harapientas e iletradas como eran, tomaron al asalto una sociedad refinada, culta y próspera. Pero una de Las verdaderas causas del fin de Roma como Imperio y, lo que es más importante, como civilización no fueron los bárbaros, si no los propios emperadores romanos, que dinamitaron su propio mundo aplicando recetas económicas que hoy nos resultan muy familiares.

En el invierno del año 211, el emperador Septimio Severo se encontraba en la provincia de Britania peleándose con los pictos. Entonces se puso malo y se murió; pero antes reunió a sus dos hijos, Caracalla y Geta, junto a su lecho de muerte y les dio un último consejo para gobernar el inmenso imperio que les legaba: “Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás”. Caracalla prometió cumplirlos, pero pronto se olvidó del primero de los preceptos y liquidó a su hermano para poder mandar él solito.

La crisis actual tiene algo que ver con la caída del Imperio Romano? | Paleorama en Red. Prehistoria y Arqueología en Internet
La inflación es tan antigua como el dinero: Contenido en plata del denario romano durante la crisis fiscal del siglo III.

Con Caracalla empieza la decadencia de Roma. Haciendo caso a su padre, subió un 50% la paga de los soldados y se metió en nuevas guerras. Para financiar la cosa dobló los impuestos sobre las herencias. Pero no fue suficiente, por lo que decidió devaluar la moneda: así, de paso, se podía permitir caprichos como las faraónicas termas que llevan su nombre, y cuya sala principal es más grande que el San Pedro del Vaticano.

En el siglo III no existían el papel moneda ni la máquina de imprimir billetes, así que las devaluaciones atacaban directamente al metal. Lo que se hacía era malear el metal noble mezclándolo con otros menos valiosos. El objetivo de los gobernantes que así malgobernaban era acuñar y gastar más. Caracalla pensaba que si quitaba un poquito de plata a las monedas nadie lo notaría, y él podría multiplicar a placer el dinero existente. Se trataba, en definitiva, de algo bueno para todos.

Crisis de liderazgo: Durante la crisis del siglo III, entre el 251 y el 300 Roma tuvo 31 emperadores.

La moneda romana era el denario –de aquí viene nuestra palabra dinero–, y en origen era de plata pura. En tiempos de Augusto, el primer emperador, cada denario estaba compuesto en un 95% por plata y en un 5% por otros metales. Un siglo más tarde, con Trajano, el porcentaje de plata era del 85%. Ochenta años más tarde, Marco Aurelio volvió a depreciar el denario, que ya sólo tenía un 75% de plata. El denario, pues, se había devaluado un 20% en dos siglos. Algo más o menos tolerable. Caracalla, muy necesitado de efectivo para sus gastos, devaluó el denario hasta dejarlo con sólo un 50% de plata; es decir, lo devaluó un 25% en un sólo año.

El áureo –de oro, lógicamente– también perdió valor por imperativo legal. Durante el reinado de Augusto, de cada libra de oro salían unas cuarenta monedas. Caracalla estiró la libra hasta sacar unas cincuenta monedas, que, naturalmente, mantenían el valor nominal; pero no el real.

Con tanto experimento monetario y sin que el emperador lo previese, los precios se dispararon. Caracalla se perdió la fiesta: estando de campaña en Asia, fue apuñalado por uno de sus guardias mientras meaba al borde de un camino. Una muerte muy propia para uno de los mayores sinvergüenzas de la Historia.

Los que le sucedieron no hicieron sino empeorar las cosas. Casi todos los emperadores del siglo III fueron militares, y casi todos llegaron al poder mediante sangrientos cuartelazos. Un dato que lo dice todo: sólo uno de ellos, Hostiliano, que reinó seis meses en 251, murió en la cama por causas naturales; el resto cayó a manos de sus guardias o en el campo de batalla –por lo general contra sus sucesores–. A este periodo los historiadores lo llaman “la crisis del siglo III”. En rigor, deberían hablar del fin de la civilización romana, porque a partir de ahí el mundo romano sería mucho más parecido al medieval que al clásico.

Durante ese siglo el denario no dejó de devaluarse; hasta que acabó convertido en un pedazo de bronce bañado en plata que pasaba raudo de mano en mano. Y es que la moneda mala, como dice la copla, de mano en mano va y ninguno se la queda. En cuanto al áureo, prácticamente desapareció de la circulación, y cuando aparecía era fino y maleado. La inflación superó el 1.000%, y eso con los fragmentados datos de los que disponemos: probablemente, en ciertos momentos y lugares fue mucho mayor.

Al caos político y económico del siglo III le sucedió el ajuste de Diocleciano, que, ya sin poder recurrir a la devaluación, machacó a impuestos a los habitantes del Imperio y ensayó una reforma monetaria. La reforma fracasó, y su edicto de precios máximos fue totalmente ignorado por la gente, que, en menos de un siglo, había pasado de tener en sus bolsillos denarios de plata a manejar los llamados follis, pedacitos de bronce muy abundantes y sin apenas valor. Los romanos se habían empobrecido fenomenalmente en sólo unas décadas por culpa de su Gobierno; y con ellos el comercio, la industria y la agricultura del Imperio.

La semilla del Estado omnipotente, siempre necesitado de fondos para sobrevivir, había arraigado. El emperador Constantino suprimió el áureo y puso en circulación una nueva moneda de oro, el sólido, muy depreciada con respecto a su antecesor. Un áureo de los antiguos valía, por su cantidad de metal precioso, dos sólidos. La moneda de plata, encanallada hasta la náusea, desapareció del mapa.

Constantino consiguió la cantidad de oro necesaria para la reforma confiscándoselo a las ricas ciudades orientales y a los templos paganos, ya en retirada tras la conversión del emperador al cristianismo. Para financiar el funcionamiento del Estado se inventó nuevos impuestos, que habían de abonarse sólo en oro, única forma de pago, por lo demás, que aceptaban los mercenarios extranjeros que servían en el ejército. Bárbaros les llamaban, aunque, a decir verdad, bárbaros serían pero no tontos, cuando sólo estaban dispuestos a jugarse la vida por dinero de verdad.

El oro se convirtió en un refugio para quien podía conseguirlo, es decir, los militares y los altos funcionarios imperiales. El resto de la población había de conformarse con el bronce de los follis y el cobre del dinero informal, acuñado de manera ilegal y que hacía las veces de dinero de bolsillo. La antaño próspera clase de pequeños propietarios y comerciantes, base misma de la grandeza romana, se arruinó sin remedio. Se produjo entonces una concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes, que empleaban en ellas a los hijos o nietos de antiguos campesinos libres depauperados por la inflación y los crecientes impuestos imperiales. La era feudal acababa de comenzar.

El 260 fue el momento álgido de la crisis, con el imperio roto en tres estados y bajo ataque por todos los frentes.

El Imperio Romano de los siglos IV y V vivió, literalmente, de saquear a sus súbditos. Los gastos imperiales crecieron porque sólo se podía sobrevivir a la sombra del Estado. El ejército duplicó sus efectivos, pero no sirvió de nada, porque los reyes germanos fueron, a partir del año 400, fundando reinos con el beneplácito de los orgullosos ciudadanos romanos.

Durante casi dos siglos, el Estado romano fue una onerosa máquina burocrática que tenía el solo objetivo de sobrevivir y perpetuarse. Pero ni eso consiguió. Cuando el flujo de oro se secó, porque ya no quedaba un solo contribuyente a quien dar la vuelta y sacudir, Roma colapsó y se esfumó de la Historia, dejando tal caos que Occidente no volvería a ser Occidente hasta mil años después”.

Fuente: Fortuna

20 Comentarios

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  1. Que buen artículo Lucho. Me gusto mucho y mejor aún, aprendí un montón. Quien pudiera imaginarse que la inflación y las deficientes medidas para revigorizar la economía romana iban a constituirse en elementos de autodestrucción del imperio Romano. El aparato burocrático de gobierno y la política de explotación de sus comerciantes a través de medidas descabelladas no le hicieron ningún favor a esta sociedad. El ejemplo más claro que yo he podido tener del origen de una inflación la acabo de obtener leyendo tu artículo. TREMENDO!!!🤙

  2. Siempre el Imperio se dedico al saqueo, la explotación de otros pueblos y al sometimientos como esclavos que eran considerados cosas y en forma infrahumanamente. El Imperio Romano de los siglos IV y V vivió, literalmente, de saquear a sus súbditos. Los gastos imperiales crecieron porque sólo se podía sobrevivir a la sombra del Estado. El ejército duplicó sus efectivos, pero no sirvió de nada, porque los reyes germanos fueron, a partir del año 400, fundando reinos con el beneplácito de los orgullosos ciudadanos romanos.

  3. Durante ese siglo el denario no dejó de devaluarse; hasta que acabó convertido en un pedazo de bronce bañado en plata que pasaba raudo de mano en mano. Y es que la moneda mala, como dice la copla, de mano en mano va y ninguno se la queda. En cuanto al áureo, prácticamente desapareció de la circulación, y cuando aparecía era fino y maleado. La inflación superó el 1.000%, y eso con los fragmentados datos de los que disponemos: probablemente, en ciertos momentos y lugares fue mucho mayor.
    Constantino consiguió la cantidad de oro necesaria para la reforma confiscándoselo a las ricas ciudades orientales y a los templos paganos, ya en retirada tras la conversión del emperador al cristianismo. Para financiar el funcionamiento del Estado se inventó nuevos impuestos, que habían de abonarse sólo en oro, única forma de pago, por lo demás, que aceptaban los mercenarios extranjeros que servían en el ejército. Bárbaros les llamaban, aunque, a decir verdad, bárbaros serían pero no tontos, cuando sólo estaban dispuestos a jugarse la vida por dinero de verdad.
    El oro se convirtió en un refugio para quien podía conseguirlo, es decir, los militares y los altos funcionarios imperiales. El resto de la población había de conformarse con el bronce de los follis y el cobre del dinero informal, acuñado de manera ilegal y que hacía las veces de dinero de bolsillo. La antaño próspera clase de pequeños propietarios y comerciantes, base misma de la grandeza romana, se arruinó sin remedio. Se produjo entonces una concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes, que empleaban en ellas a los hijos o nietos de antiguos campesinos libres depauperados por la inflación y los crecientes impuestos imperiales. La era feudal acababa de comenzar.

  4. Una de las verdaderas causas de la caída del Imperio habría radicado en las recetas económicas que implementaron emperadores.
    “Existe la creencia comúnmente aceptada que carga las culpas de la caída del Imperio Romano sobre las tribus germánicas, que, bárbaras, harapientas e iletradas como eran, tomaron al asalto una sociedad refinada, culta y próspera. Pero una de Las verdaderas causas del fin de Roma como Imperio y, lo que es más importante, como civilización no fueron los bárbaros, si no los propios emperadores romanos, que dinamitaron su propio mundo aplicando recetas económicas que hoy nos resultan muy familiares.
    En el invierno del año 211, el emperador Septimio Severo se encontraba en la provincia de Britania peleándose con los pictos. Entonces se puso malo y se murió; pero antes reunió a sus dos hijos, Caracalla y Geta, junto a su lecho de muerte y les dio un último consejo para gobernar el inmenso imperio que les legaba: “Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás”. Caracalla prometió cumplirlos, pero pronto se olvidó del primero de los preceptos y liquidó a su hermano para poder mandar él solito. Esto origino un crisis incontenible económica. Lo que repercutió en la caída del imperio romano.

  5. La crisis de la inflación fue terrible por el mal manejo del presupuesto del imperio, lo que le hizo más caso fue a lo de enriquecer al ejército, subiendo un 50% el salario de los soldados. Tenemos por lo tanto un gasto disparado, a lo que tampoco ayudaban los faraónicos caprichos del emperador, como las gigantes termas que llevan su nombre. No le intereso la clase media ni el pueblo, a las autoridades nadie les hacía caso y encima estaban dividiso políticamente.

  6. Esta decadencia económica y política comienza con la llegada al poder de Caracalla. Su padre, el emperador Septimio Severo, le dio un consejo a él y a su hermano en el lecho de muerte: «Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás». Caracalla se comprometió a cumplirlos, pero a su manera. Para empezar, se saltó lo de vivir en armonía y mató a su propio hermano, para poder gobernar en solitario. Luego viene una anarquía militar que se dedica a enriquecerse costa de cualquier tipo de impuestos y saqueos. Toda una calamidad. Esto aprovecharon los bárbaros que eran oprimidos por siglos,

  7. LOS EMPERADORES ROMANOS SOLO SE DEDICABAN A ENRIQUECERSE CAYENDO EN CORRUPCIÓN GENERALIZADA Y EN DEFICIY FISCAL SIN IMPORTARLE EL PUEBLO

  8. Lo que sube baja, Sino se mantiene el equilibrio la economía de viene abajo y eso paso con Roma. Tan pronto como alcanzó su auge, comenzó su decadencia. Roma necesitaba un ejército enorme, cada vez más grande, para poder proteger sus fronteras de los numerosos ataques e intentos de invasión que se sucedían, sobre todo en la frontera germánica. Y el coste era enorme.

  9. Los conflictos son por ambiciones económicas y su influencia por la riqueza de los pueblos. El problema con la inflación no solo es actual, es tan antiguo como el dinero. Es posible que en los primeros siglos no fueran conscientes de las dificultades que traían aparejadas las monedas. Y también es posible que los primeros en darse cuenta de que tenían que hacer algo con las subidas de precios fueran los romanos.

  10. La caída del Imperio Romano fue más por problemas económicos que por la invasión de lo guerreros bárbaros que se dieron cuentan del descontento de los invasores bárbaros. El Edicto sobre Precios Máximos limitaba el precio de 1.300 productos. La crisis económica fue clave en la caída del imperio en el 476 d.C. Excelente artículo.