ANTIGÜEDAD

Las luchas de los sucesores de Alejandro Magno por su legado dividieron el Imperio, acabando con el sueño universalista del conquistador

Alejandro Magno en su lecho de muerte con sus generales. Pérdicas en primer término

Alejandro Magno en su lecho de muerte con sus generales. Pérdicas en primer término. Dominio público

Con su repentina muerte, el macedonio Alejandro Magno dejaba tras de sí un imperio relativamente nuevo, controlado por un fuerte poder militar y con unas estructuras internas aún en construcción. No existía un heredero acorde con la leyenda alejandrina; apenas una promesa de tal, teniendo en cuenta que Roxana, la esposa del Magno, todavía no había dado a luz a su hijo. A todo ello se unió la personalidad de unos generales ambiciosos y violentos, una mezcla con garantías de provocar graves enfrentamientos por la supremacía.

La muerte del rey, ocurrida en 323 a. C., abrió un período convulso de varias décadas en las que estos oficiales, llamados diádocos (sucesores), lucharon entre sí. Unos lo hicieron para mantener el difuso espíritu unitario de Alejandro, y la mayoría para extender su esfera de influencia territorial a costa de los demás. Las guerras entre ellos se desencadenaron por doquier hasta la fecha aproximada de 276 a. C., cuando los diferentes reinos helenísticos (Macedonia, con la dinastía de los antigónidas; Egipto, con los ptolemaicos; o Mesopotamia-Persia, con los seléucidas) aparecen ya plenamente consolidados.

El reparto del Imperio

En las deliberaciones mantenidas tras los funerales del Magno se evidenciaron las diferencias entre las facciones macedónicas, y finalmente se estableció un statu quo inestable entre las dos más importantes. Una la representaba Pérdicas, que, con su doble cargo de quiliarca (lo más parecido a un general en jefe) y regente, intentaba preservar el ideal alejandrino en la zona oriental del Imperio. Apostaba por ese régimen hasta que Alejandro IV, el hijo de Roxana, alcanzara la mayoría de edad.

El viejo Antípatro, mientras tanto, sostenía la hegemonía macedónica en la mitad occidental. Pero la temprana desaparición de Pérdicas, asesinado en una conjura, propició el llamado Pacto de Triparadisos, suscrito en Siria (321 a. C.). Básicamente, los diferentes oficiales, con Antípatro como árbitro, se fueron repartiendo el antiguo imperio.

Roxana con su hijo Alejandro en brazos.

Roxana con su hijo Alejandro en brazos.. Dominio público

Esta división supondría en la práctica la defenestración del modelo de monarquía universal unitaria que auspició y soñó Alejandro. Los protagonistas de Triparadisos se acomodarían paulatinamente en sus áreas de influencia, constituyendo el germen de futuras estructuras político-imperiales.

Los mayores beneficiados de este encuentro pactado fueron Antípatro, con su nuevo título de regente; Ptolomeo, que conservaba Egipto (rico en recursos y con una economía avanzada) y unía además la Cirenaica; y Antígono, que continuaba al cargo de su satrapía de Frigia (en la actual Turquía) y, de hecho, se presumía como la principal figura en la parte asiática. Otros protagonistas importantes de los acontecimientos futuros también se llevaron aquí su parte del pastel, como por ejemplo Seleuco, que obtuvo la satrapía de Babilonia, y Lisímaco, que renovó su puesto en Tracia.

Luchas perennes

Durante los siguientes años, la principal figura ofensiva fue Antígono, sobre todo a raíz de la muerte de Antípatro en 319 a. C. Las guerras que se libraron le dejaron cerca de la preponderancia absoluta, lo que pareció confirmarse cuando se autoproclamó rey de Macedonia, y no de la parte que controlaba, Frigia.

Era un impulso significativo, ya que se arrogaba el derecho a suceder a la línea del Magno, tras ser asesinado Alejandro IV unos años antes. Asimismo, creaba una posible sucesión cómoda, al entronizar también a su hijo Demetrio en paralelo y generar con ello una nueva dinastía.

Estaba ya muy claro que la principal amenaza para todos eran las aspiraciones de Antígono, aunque su avanzada edad (cercano ya a los ochenta años) podía suponerle un serio contratiempo a la hora de disfrutar de su plausible victoria final.

Los rivales no tardaron en imitar este avispado movimiento. Seleuco, Lisímaco y Ptolomeo, por ejemplo, se proclamaron también reyes de sus respectivos dominios. Ahora todos lucharían por sus tronos.

Busto de Ptolomeo.

Busto de Ptolomeo.. Wolfgang Sauber / CC BY-SA 3.0

Pero para luchar se necesitaban sobre todo dinero y hombres. Lo primero trataban de obtenerlo por varios cauces en esas sociedades mayoritariamente rurales y estratificadas sobre las que reinaban: mediante impuestos, intercambios comerciales, tesoros de los templos, botines de guerra, saqueos…, o mecenazgos “desinteresados”.

Respecto a los ejércitos, todos tenían un pasado greco-macedónico. Consistían en un núcleo cohesionado y más profesionalizado que servía como aglutinante de las tropas auxiliares y mercenarias, reclutadas o contratadas puntualmente para cada campaña.

Una mina de cobre, material que fue una de las mayores fuentes de riqueza de Chipre en la Antigüedad.

Suele pasar desapercibida para numerosas fuentes la gran similitud en armamento, entrenamiento, nacionalidades y tácticas de los diferentes contendientes. Ello impedía a menudo victorias definitivas en los distintos teatros de operaciones. Así lo demuestran choques producidos en tierra como Paraitacene (317 a. C.), Gabiena (316 a. C.) o Gaza (312 a. C.).

Los años decisivos

Antes de que todo se resolviese en la monumental batalla de Ipsos, algunas acciones ya podrían haber decidido, con otro resultado, la guerra de tronos vigente. Con su difícil posición geográfica central (los reinos rivales le rodeaban), Antígono inició un ataque combinado contra Ptolomeo en Egipto, el principal “banquero” y granero de sus enemigos, que fracasó debido a fuertes tormentas en el mar y a la infranqueable posición de Pelusio, ciudad que intentó abordar en 306 a. C.

Un año después, tanto él como su hijo desviaron su atención hacia la isla de Rodas. Gran centro comercial, su conquista podía suponer un duro golpe para los intereses económicos ptolemaicos y para el control de las vías marítimas de cabotaje, además de servir para la conexión estratégica entre Grecia y Asia Menor. El asedio, uno de los más famosos de la Antigüedad, se saldó con otro fracaso de los antigónidas en 304 a. C. y con un probable derroche de recursos y fuerzas.

     

Busto de Alejandro Magno, fundador de Alejandría.

Busto de Alejandro Magno, cuya muerte desencadenó toda una serie de luchas por arrogarse su poder. Terceros

No es muy descabellado pensar que, de haber vencido en alguna de estas empresas, hubiesen tenido el camino más despejado hacia la victoria total. Ya fuese al eliminar físicamente a uno de sus principales rivales (con la toma de Egipto) o bien al estrangularle económicamente (con la conquista de Rodas).

La continuación de su política agresiva se centró esos años (303-301 a. C.) en la recuperación de Grecia frente a Casandro, hijo de Antípatro. El avance de los antigónidas en la Hélade se saldó con un triunfo limitado, ya que no pudieron desalojar a los enemigos de la parte norte de Grecia, la más cercana a Macedonia. Esta nueva desviación del esfuerzo de guerra, un grave desliz estratégico, permitió la recuperación de los rivales y la posterior forja de una peligrosa coalición, dejando la iniciativa en manos enemigas.

Durante el otoño de 302 a. C., la cercanía de Seleuco por el este obligó a Antígono a pedir ayuda a su hijo en Grecia

Habría sido mejor intentar eliminar al más débil, Lisímaco, en Tracia, territorio puente entre Grecia y Asia. El imperio de Antígono se habría extendido de manera ortodoxa, continua, y, desde allí, podría haber ejercido una influencia amenazante sobre toda la Hélade o incluso atacar a la madre patria macedónica.

La hora final se acercaba y los bandos iban moviendo pieza para la campaña determinante en ciernes. Casandro intentaba distraer, con menores fuerzas, al ubicuo Demetrio en Grecia, mientras apoyaba con un contingente a Lisímaco. Este, por otro lado, cruzaba algo pronto el Helesponto hacia Asia con su tropa. Era un avance temerario, puesto que Seleuco todavía no estaba preparado para reunirse con él desde Babilonia y tampoco Ptolomeo desde Egipto.

Busto de Seleuco según una copia romana del original griego.

Busto de Seleuco, copia romana de un original griego.Terceros

Seleuco interrumpió sus campañas en la India, ofreció un tratado de paz al rey Chandragupta y, a cambio de respetar sus territorios, se agenció una enorme cantidad de experimentados elefantes de guerra, de capital importancia en la batalla que se avecinaba.

Poco antes, el extendido y dividido ejército de Lisímaco estuvo a punto de ser copado hasta dos veces en la primavera de 302 a. C. por las tropas de Antígono, pero en ambas ocasiones se las ingenió para escapar del cerco. Durante el otoño de ese año, la cercanía de Seleuco por el este obligó a Antígono a pedir ayuda a su hijo en Grecia para reforzar su ejército, dado que podía toparse con fuerzas enemigas en dos frentes diferentes.

'El salvamento de Pirro', del francés Nicolas Poussin, c. 1637.

Demetrio cumplió a la perfección. Se reunió con su padre para formar un contingente combinado de casi ochenta mil hombres y unos setenta y cinco elefantes. Frente a ellos, los ejércitos de Lisímaco y Seleuco ascendían a unos setenta y cinco mil hombres y cuatrocientos elefantes (Ptolomeo oyó en Siria falsos rumores sobre la derrota de sus aliados y regresó a Egipto). Los cuatro personajes se verían las caras en la primavera de 301 a. C. sobre una llanura cercana a la población de Ipsos, en Frigia.

Intenciones e inflexiones

La principal fuente escrita, debida a Plutarco, narra sucintamente los hechos que tuvieron lugar. El desenlace se conoce también por monedas halladas que conmemoran el resultado. Antígono, que se encontró aislado y atacado por varios puntos y fuerzas a la vez, murió en la lucha.

Ilustración de la batalla de Ipsos.

Ilustración de la batalla de Ipsos. Dominio público

La consecuencia inmediata tras Ipsos fue el fin del imperio unificado de Antígono y el derrumbe de esa idea de dominación total procedente de la colosal figura alejandrina. En realidad, era una idea casi impracticable, por la gran paridad existente entre casi todos los enfrentados.

A medio plazo, estas luchas entre reyes afianzaron fronteras, pero también se regeneraron las corrientes comerciales y se potenció la fundación de ciudades, lo que abrió paso a unas sociedades capaces de aprovechar las ventajas económicas resultantes. Y, en conjunto, aunque las guerras y traiciones no cesaron, un cierto espíritu de negociación se asentó en los nuevos estados. Al fin, aquellas monarquías creadas a sangre y fuego extendieron con eficacia la cultura y el arte helenísticos durante varios siglos más en tres continentes.

Fuente: La Vanguardia

13 Comentarios

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  1. Muy interesante, sin duda alguna las historias de la antigüedad son de mis favoritas, asi como me encanta la historia en la que Julio César visita la estatua de Alejandro Magno y se lamentó, aunque algunos dicen que incluso lloró, por no haber alcanzado la grandeza de Alejandro a su misma edad, también hay otra historia que cuenta que Alejandro Magno visitó a Diógenes, el famoso filósofo que vivía en la miseria y lo llamaban el perro, y le dijo que le pidiera lo que quisiera (ya era rey) y Diógenes le pidió que se quitara, que le tapaba el sol. Después de esa charla con Diógenes, Alejandro dijo que si no fuese Alejandro le gustaría ser Diógenes.

  2. Según la historia los dominios de Alejandro magno se extendieron por tres continentes; en Europa poseía Macedonia, Grecia y Tracia; en África, la Cirenaica y Egipto; Asia también le pertenecía, desde la Jonia helena, en el oeste, hasta el Punjab, en el norte de India. Pero este imperio universal se desmoronó cuando murió el conquistador. Fue el único Rey del mundo hasta la irrupción de Augusto en Roma tres siglos después. Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 AC. Aunque hay diversas teorías sobre los motivos de su muerte, que van desde un envenenamiento orquestado por Aristóteles hasta un episodio de leucemia, lo que sí parece evidente es que, a pesar de contar con sólo 33 años, las huellas de tantos años de guerra lo habrían debilitado enormemente. Excelente articulo informativo.

  3. El primer fragor de batallas por la lucha por el poder de sucesión del trono de Alejandro El Grande fue una primera coalición enfrenta en el 322 a. C. a Pérdicas con Antípatro, Crátero, Antígono y Ptolomeo. El conflicto estalló realmente entre los diádocos después de que Ptolomeo desviase la prestigiosa momia de Alejandro hacia Alejandría. La coalición teme también las ambiciones de Pérdicas, que se enfrentó a Antípatro al negarse a desposar a su hija, Nicea, en favor de Cleopatra, la hermana de Alejandro. En 321a.C., Pérdicas marcha sobre Egipto; fracasa al cruzar el Nilo y muere asesinado por Seleuco y Peitón, sus propios oficiales. En ese mismo momento Eumenes de Cardia, el principal aliado de Pérdicas, defiende Asia Menor del derrotado Crátero.
    Tras la muerte de Pérdicas, se revisa parcialmente la distribución de los poderes en el pacto de Triparadiso. El principal cambio en las satrapías se refiere a Seleuco, que obtiene Babilonia. Antípatro es designado épimélète (‘protector’) de los reyes y conserva la regencia de Macedonia; Antígono se vuelve «estratega de Asia» a cambio de vencer a Eumenes de Cardia, lo que hace en 316 a. C.

  4. La ampliación del contenido del artículo me conllevó a investigar otras fuentes. La muerte de Alejandro, aún sin descendencia, sumió al ejército macedonio en graves disturbios. El Consejo de Somatophylakes (‘guardaespaldas’) y Philoi (‘amigos [del rey]’) decide en efecto reservar los derechos del niño por nacer de Roxana, el futuro Alejandro IV, y tomar juramento a los profesores provisionales, Pérdicas y Leonato. Los soldados de infantería de la falange se habrían puesto entonces de parte del hermanastro de Alejandro, Arrideo, hijo de Filipo II y de la tesalia Filina, después de que el Consejo eligiese, sin consultarlos, al niño nonato de Roxana.​
    Se produjo pues una rápida decisión entre los falangistas y los Hetairoi, fieles a las decisiones del Consejo. Pérdicas y Leonato envían entonces ante los soldados de infantería a una delegación encabezada por Meleagro, jefe de un batallón (taxis) de la falange, pero este se pone de parte de la infantería y la empuja a entrar en conflicto con Pérdicas. Los Hetairoi y los Philoi dejan entonces Babilonia e inician el bloqueo. Eumenes de Cardia, que permanece dentro de la ciudad, logra una reconciliación alegando la neutralidad inherente a su estatus de no macedonio. El acuerdo, por otra parte mal conocido, le reconoce como rey de Macedonia y Asia, tomando desde entonces el nombre de Filipo III. Se preservan los derechos del hijo póstumo de Alejandro, que a su nacimiento se declara rey bajo el nombre de Alejandro IV. Las disputas fueron muy agresivas y belicosas. Sus estrategias por alcanzar el poder fueron más alla de los límites de los principios e ideales de Alejandro Magno un superhombre de la historia universal.

  5. Según los autores de la Vulgata de Alejandro Magno, Pérdicas, segunda personalidad del imperio tras la muerte de Hefestión, había recibido el anillo real de manos de Alejandro, lo que explica, a su modo de ver, que obtuviera el título de quiliarca del imperio y señalan su ambición real queriendo desposar a Cleopatra de Macedonia, la hermana de Alejandro. Alejandro decidió repartir todos sus reinos entre sus 3 generales más queridos y leales. Para el primero: Los reinos de Macedonia y Grecia Para el segundo: Los reinos de Asia Menor, Siria, Mesopotamia y el antiguo Imperio Persa. Para el tercero:El reino de Egipto..
    Según el Epítome de Metz, Alejandro habría tenido no uno sino dos hijos de Roxana. Se dice del primero que habría muerto a corta edad. El segundo, que nació poco después de la muerte de Alejandro, es Alejandro Aego, conocido bajo el nombre de Alejandro IV de Macedonia, fue asesinado por orden de Casandro de Macedonia en el 310a.C.Para evitar sucesores, los ambiciosos generales convertidos en reyes,
    Alejandro tuvo un hijo ilegítimo, Heracles de Macedonia, nacido de Barsine, una princesa persa. A la muerte de Alejandro, Nearco habría intentado en vano colocar a Heracles sobre el trono. Murió con su madre en 309 a. C. por orden de Poliperconte, que pretendía con esta ejecución congraciarse con Casandro. Asi acabaron con sus herederos que pudieron ocupar el trono.

  6. Esto fue decisivo para la división del imperio. En las deliberaciones mantenidas tras los funerales del Magno se evidenciaron las diferencias entre las facciones macedónicas, y finalmente se estableció un statu quo inestable entre las dos más importantes. Una la representaba Pérdicas, que, con su doble cargo de quiliarca (lo más parecido a un general en jefe) y regente, intentaba preservar el ideal alejandrino en la zona oriental del Imperio. Apostaba por ese régimen hasta que Alejandro IV, el hijo de Roxana, alcanzara la mayoría de edad.
    El viejo Antípatro, mientras tanto, sostenía la hegemonía macedónica en la mitad occidental. Pero la temprana desaparición de Pérdicas, asesinado en una conjura, propició el llamado Pacto de Triparadisos, suscrito en Siria (321 a. C.). Básicamente, los diferentes oficiales, con Antípatro como árbitro, se fueron repartiendo el antiguo imperio. Exente artículo.

  7. Con la repentina muerte de Alejandro, el macedonio Alejandro Magno dejaba tras de sí un imperio relativamente nuevo, controlado por un fuerte poder militar y con unas estructuras internas aún en construcción. No existía un heredero acorde con la leyenda alejandrina; apenas una promesa de tal, teniendo en cuenta que Roxana, la esposa del Magno, todavía no había dado a luz a su hijo. A todo ello se unió la personalidad de unos generales ambiciosos y violentos, una mezcla con garantías de provocar graves enfrentamientos por la supremacía.
    del rey, ocurrida en 323 a. C., abrió un período convulso de varias décadas en las que estos oficiales, llamados diádocos (sucesores), lucharon entre sí. Unos lo hicieron para mantener el difuso espíritu unitario de Alejandro, y la mayoría para extender su esfera de influencia territorial a costa de los demás. Las guerras entre ellos se desencadenaron por doquier hasta la fecha aproximada de 276 a. C., cuando los diferentes reinos helenísticos (Macedonia, con la dinastía de los antigónidas; Egipto, con los ptolemaicos; o Mesopotamia-Persia, con los seléucidas) aparecen ya plenamente consolidados. Sus generales más leales se volvieron ambiciosos y dividieron el gran imperio y los ideales internacionales de Alejandro.