Las razones de no ser socialista del Nobel Mario Vargas Llosa

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Además de crear ficciones literarias  memorables, el Nobel de Literatura 2010 se ha batido y guerreado incansable por la defensa de la sociedad libre. Con su nuevo ensayo, ‘La llamada de la tribu, quiere reivindicar el pensamiento liberal y rendir homenaje a siete autores que lo marcaron. Su obra nos permitió reflexionar sobre el liberalismo, de la ceguera de los intelectuales con los totalitarismos y de los peligros del comunismo que acechan contra la democracia. Luis Pintado Córdova

Por: Alfonso Barba Caballero ABC y Luis Alberto Pintado Córdova, Innovas

 

El Perú pasa por un momento muy crítico y como siempre Vargas Llosa no se refugia en la “soledad” del escritor sino que sale a dar pelea, consciente de ser un hombre del siglo XX y XXI, que compartió con muchos la ilusión del socialismo para llegar por experiencia a la completa desilusión. Consiente del miserable destino que le espera al Perú no se acomoda a las circunstancias, no pretende transar con los enemigos de la democracia, y una vez más levanta su voz para alertarnos, así le lluevan las críticas de sus viejos amigos.

Vargas Llosa, después de experimentar de cerca el destino de Cuba, es desde hace mucho tiempo un liberal, sí un liberal,  porque conoce desde adentro a los enemigos de la democracia.

El analista Francisco Martínez, en La llamada de la tribu, su último libro, Mario Vargas Llosa critica aquellas ideologías que se centran en lo abstracto con olvido de los seres de carne y hueso. Su pensamiento, obviamente, es mucho más matizado de lo que pretenden sus enemigos, empeñados en caricaturizarle como un peligroso derechista, un lacayo del poder imperial. Los perfiles de los siete pensadores que más le han influido (Adam Smith, Ortega y Gasset, Karl Popper…) constituyen, es cierto, una suerte de autobiografía individual, aunque también una especie de novela encubierta. Los filósofos seleccionados corresponden a un tipo de persona muy presente en la narrativa vargallosiana, el héroe con el suficiente valor para mantener sus creencias “contra viento y marea”. El peruano, de hecho, ha escrito su particular versión de los Perfiles de coraje de John F. Kennedy. El análisis político puede ser agudo y estimulante sin que eso sea óbice para la que la épica impregne el relato.

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“El lector encontrará una defensa de la libertad económica, pero no una apología irrestricta del laissez-faire. Con encomiable ponderación, Mario nos explica que el liberalismo tiene su propia “enfermedad infantil”, igual que el comunismo encontró la suya en el izquierdismo. Esta deformación sectaria la padecerían aquellos economistas convencidos de que el mercado libre, por sí solo, resuelve cualquier problema social. Vargas Llosa les recuerda que alguien tan poco sospechoso como Adam Smith, el padre de las doctrinas liberales, era partidario en determinadas circunstancias, de cierta intervención del poder público en la economía. Si se eliminaban del todo los subsidios y los controles, el remedio podía ser peor que la enfermedad”. 

“Para Vargas Llosa, su doctrina posee la virtud de propugnar un cambio gradual de la sociedad, en contraste con las utopías que persiguen el paraíso en la tierra, la felicidad aquí y ahora. Thomas Jefferson, sin embargo, no habría estado de acuerdo. Porque el primer liberalismo sí fue revolucionario. No podía ser de otro modo ya que la monarquía absoluta impedía las reformas a través de cauces pacíficos de participación ciudadana. Y, como buenos hijos de la ilustración, los héroes de la emancipación norteamericana sí se propusieron alcanzar la dicha de sus congéneres. Ahí está la Declaración de Independencia de 1776, que proclama como verdad evidente el derecho inalienable a la búsqueda de la felicidad“.

Debemos entender que el liberalismo, según el propio Mario, representaría una apuesta decidida por los derechos del individuo frente a la presión sofocante de la colectividad, la tribu. Y esto sería así desde los orígenes. Lástima que la evidencia histórica diga otra cosa. Los primeros liberales eran elitistas, no demócratas. Deseaban el sufragio, pero solo para los que llegaran a cierto nivel económico.

“Resulta controvertido, por otra parte, suponer que ciertas versiones de actual liberalismo sean reformistas o incluso conservadoras. Nos encontramos, más bien, ante una ideología revolucionaria que, a partir de una fe a toda prueba en el libre mercado, alienta una ruptura brusca con el pasado en nombre de un impulso mesiánico. Eso se vio con claridad tras la caída del Muro de Berlín. Un pensador que adquirió entonces notoriedad, Francis Fukuyama, sugirió que la Historia había llegado a su fin. Con la democracia liberal el progreso había llegado a su culminación. En el fondo, de lo que se trataba era de sostener una escatología comparable a la que defendían los comunistas cuando imaginaban un mundo sin antagonismos de clase”. Francisco Martínez

Es necesario dar a conocer que el liberalismo no se opone necesariamente a la conciencia social. Una cita de Adam Smith viene a romper muchas ideas preestablecidas: “Ninguna sociedad puede ser próspera y feliz si la mayoría de sus miembros son pobres y miserables”. El propio Smith censuraba en términos muy severos las prácticas monopolísticas de los poderosos, al tiempo que apostaba por los salarios altos porque así los trabajadores rendían más. Asimismo, mostró simpatía por unos impuestos que contribuyeran a la nivelación social: quienes más poseían debían pagar un porcentaje mayor que los menos favorecidos. 

Desde una perspectiva política, el novelista arequipeño puede ser discutible, pero no cabe dudar de su sincera fe democrática. Él no se considera a sí mismo un conservador porque no está a favor de un sistema autoritario e inmovilista, sino de un progreso que no pretende hacer tabula rasa del pasado. Su concepto de libertad, basado en la responsabilidad individual, enriquecería a una izquierda que suele atribuirlo todo a las estructuras. Pero, a su vez, a sensibilidad social de la izquierda resulta imprescindible para que el liberalismo no degenere en un mercantilismo inhumano

Fuente: Negratinta. Periodismo-Narrativa 

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Los 85 años de Vargas Llosa

De los cuatro grandes escritores latinoamericanos del llamado Boom de los años 60 y 70, Vargas Llosa asumió la defensa de las libertades, la democracia y el gobierno limitado

Por LUIS GUILLERMO VÉLEZ ÁLVAREZ. Is an economist and consultant at the Center for Systemic Economics Studies (ECSIM). @LuisGuillermoVl //  Es economista y consultor del Centro De Estudios En Economía Sistémica (ECSIM). @LuisGuillermoVl. España

El 28 de marzo pasado, Mario Vargas Llosa cumplió sus ochenta y cinco años, en pleno uso de su capacidad creativa de escritor de ficción y de divulgador de los valores de la libertad, la democracia y la economía de mercado. Esto último lo hace un tanto excepcional en el medio de los escritores latinoamericanos de su generación; muchos de los cuales —como García Márquez y Julio Cortázar hasta el final de sus días— se mostraron hostiles al capitalismo, simpatizaron con el socialismo y cohonestaron con la dictadura de Fidel Castro.

Al igual que la mayoría de escritores latinoamericanos que iniciaban su producción literaria en los años 50 y 60 del siglo pasado, Vargas Llosa se dejó seducir por el canto de sirena de la Revolución Cubana entonado desde “Casa de las Américas”, con Haydée Santamaría y Roberto Fernández Retamar como corifeos mayores.

Conscientes de la necesidad de granjearse el apoyo de los intelectuales a su causa, los dirigentes de la revolución rápidamente fundaron  “Casa de las Américas”, entidad encargada de realizar el trabajo de seducción. De pronto, los jóvenes escritores de naciente “boom” —en 1958, año de la revolución, Fuentes tenía 30 años, García Márquez 31 y Vargas Llosa 24— agobiados por las penalidades propias de cualquier oficio en sus comienzos, se vieron halagados con publicaciones, premios, viajes, cócteles, habanos y ron.

Partido Libertario Mx on Twitter: "A todos los Libertarios de México les deseamos un Feliz 2021 y nuestro deseo por hacer de la libertad un valor supremo #ElFuturoEsLibertario A todos los socialistas

 

Vargas Llosa se acercó al socialismo y al marxismo en su temprana juventud, allá en su Lima natal. La revolución cubana lo llenó de ilusión. “Vimos en la gesta fidelista no sólo una aventura heroica y generosa, de luchadores idealistas que quería acabar con una corrupta dictadura como la de Batista, sino también un socialismo no sectario, que permitiría la crítica, la diversidad y hasta la disidencia”, escribió.

Durante los años sesenta Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y decenas de escritores latinoamericanos fueron asiduos visitantes de La Habana y en sus escritos y apariciones públicas defendieron y legitimaron una revolución en la que creían sinceramente, a pesar de las cada vez más frecuentes contradicciones entre sus ejecutorias efectivas y los ideales que supuestamente la inspiraban.

Para Vargas Llosa y muchos otros intelectuales el punto de inflexión lo marcó el caso de Heberto Padilla, poeta cubano hoy casi olvidado. Padilla publicó en 1968 el libro Fuera del juego, con algunos poemas —como “Para escribir en el álbum de un tirano” y “Cantan los nuevos césares”— que desagradaron a Fidel Castro. El pobre hombre fue encarcelado y obligado a hacer una retractación a la mejor manera estalinista. Vargas Llosa y otros escritores redactaron una carta de protesta que fue firmada por notorios intelectuales como Sartre, Simón de Beauvoir, Alberto Moravia, Susan Sontag, Carlos Fuentes y muchos más. Castro respondió acusándolos de ser lacayos del imperialismo y condenándolos al ostracismo perpetuo de Cuba.

Para la mayoría de los intelectuales repudiados por Castro las cosas quedaron de ese tamaño, no así Vargas Llosa para quien esta coyuntura marcó el inicio de una evolución intelectual que liquidaría sus ideas socialistas y lo llevaría convertirse en el lúcido analista que, desde hace años, en sus columnas de El País, disecciona la actualidad mundial desde una perspectiva liberal, como lo hiciera su admirado Raymond Aron en Le FigaroL´Express. 

Fuente: El American

Mario Vargas Llosa, 30 años con EL PAÍS

12 Comentarios

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  1. Mario Vargas Llosa, famoso escritor peruano, reconocido por ganar el premio Nobel a la literatura, mostró su postura frente a la situación política en el Perú, alertando a los ciudadanos sobre el socialismo y “liberalismo”.
    En el libro “La llamada,ada de la tribu”, Mario Vargas Llosa expresa que las ideologías que se centran en lo abstracto descuidan a la sociedad, refiriéndose a ella como las personas de carne y hueso. Dicha declaración fue muy criticada por sus detractores, quienes lo catalogaron de derechista, cuando en realidad el escritor se considera como un Liberal, luego de haber vivido en crie propia la crisis en Cuba. También el ganador del premio noble, precisa que el liberalismo no debed darse de una manera radical, si no que de forma constante y que garantice un desarrollo a largo plazo generando de esta manera un cambio gradual en la sociedad.
    En conclusión es fácil de deducir que Mario Vargas Llosa no esta de acuerdo con la ideología de izquierda que se maneja en el perú y en el mundo, quienes cuentan con un pensamiento radical y recurren a la ideología del marxismo que es un sistema filosófico, político y económico basado en las ideas de Karl Marx y de Friedrich Engels, que rechaza el capitalismo y defiende la construcción de una sociedad sin clases y sin estado.

  2. Vargas Llosa, un fervoroso defensor de la libertad y la democracia, dijo que la historia reciente de Venezuela es la de “un régimen populista” guiado por “un caudillo mesiánico” que con petrodólares trató de exportar su modelo de socialismo a “grupúsculos” de otros países de la región y lo que ha conseguido es “sembrar confusión en América Latina”.
    “El socialismo del siglo XXI es una ficción ideológica que no se diferencia del socialismo autoritario que encarna Cuba” .En América Latina en nuestros días hay un rumor de progreso, una música que desconocíamos hasta hace poco”, hay que , quien subrayar que “el camino del verdadero progreso es el de la libertad, no el de la intolerancia y lo peor es camino del comunismo, un asco para la libertad y la justicia.

  3. Para ser sicero no he leído a Vargas llosa, lo digo con un poco de vergueta, porque soy comerciante. Me gusta lee artículos cortos como los de Innovas, pero debo manifestar que me impresiono lo leído: La llamada de la tribu, su último libro, Mario Vargas Llosa critica aquellas ideologías que se centran en lo abstracto con olvido de los seres de carne y hueso. Su pensamiento, obviamente, es mucho más matizado de lo que pretenden sus enemigos, empeñados en caricaturizarle como un peligroso derechista, un lacayo del poder imperial. Los perfiles de los siete pensadores que más le han influido (Adam Smith, Ortega y Gasset, Karl Popper…) constituyen, es cierto, una suerte de autobiografía individual, aunque también una especie de novela encubierta. Los filósofos seleccionados corresponden a un tipo de persona muy presente en la narrativa vargallosiana, el héroe con el suficiente valor para mantener sus creencias “contra viento y marea”. El peruano, de hecho, ha escrito su particular versión de los Perfiles de coraje de John F. Kennedy. El análisis político puede ser agudo y estimulante sin que eso sea óbice para la que la épica impregne el relato. Poco a poco uno va aprendiendo aspectos que no pudo estudiar en la universidad.

  4. Que buen aporte me siento orgulloso que un literato tenga un gran cultura de alta política que no forma jóvenes emprendedores multidisciplinarios. Rescato algo que va por el campo de la economía. El lector encontrará una defensa de la libertad económica, pero no una apología irrestricta del laissez-faire. Con encomiable ponderación, Mario nos explica que el liberalismo tiene su propia “enfermedad infantil”, igual que el comunismo encontró la suya en el izquierdismo. Esta deformación sectaria la padecerían aquellos economistas convencidos de que el mercado libre, por sí solo, resuelve cualquier problema social.

  5. Coincido con el pensamiento de Vargas llosa, incluso en apoyar a Keiko y condenar el peligro comunista de Castillo, un Senderista con características totalitarias y demenciales. El Perú pasa por un momento muy crítico y como siempre Vargas Llosa no se refugia en la “soledad” del escritor sino que sale a dar pelea, consciente de ser un hombre del siglo XX y XXI, que compartió con muchos la ilusión del socialismo para llegar por experiencia a la completa desilusión. Consiente del miserable destino que le espera al Perú no se acomoda a las circunstancias, no pretende transar con los enemigos de la democracia, y una vez más levanta su voz para alertarnos, así le lluevan las críticas de sus viejos amigos.Me gusto. Felicito a los autores.

  6. Un artículo de actualidad, me sorprende lo erudito y prolífico de nuestro gran escrito que nos da prestigio internacional. Totalmente de acuerdo su versión que el Perú pasa por un momento muy crítico y como siempre Vargas Llosa no se refugia en la “soledad” del escritor sino que sale a dar pelea, consciente de ser un hombre del siglo XX y XXI, que compartió con muchos la ilusión del socialismo para llegar por experiencia a la completa desilusión. Consiente del miserable destino que le espera al Perú no se acomoda a las circunstancias, no pretende transar con los enemigos de la democracia, y una vez más levanta su voz para alertarnos, así le lluevan las críticas de sus viejos amigos.
    Felicito a la revista Innova y ABC por el nivel de concientización de este excelente artículo.