Universidad y Religión

San José de Nazaret

Esposo de María, madre de Jesús. Descendiente de David, José era el padre putativo de Jesús, a cuyo nacimiento asistió en Belén. Vivió en Nazaret ejerciendo el oficio de carpintero y, al parecer, murió antes de que comenzase la vida pública de Jesús. Su culto, extendido en Oriente antes del siglo V, no llegó a Occidente hasta la Edad Media. En 1870 fue proclamado patrón de la Iglesia universal; es también patrono de los carpinteros y de los moribundos.

San José en la Sagrada Familia del pajarito (c.1650), de Murillo

Dentro del cristianismo, San José encarna las virtudes de la honestidad, el amor al trabajo y la fe inquebrantable en Dios. Los hechos relativos a la vida de San José aparecen en los Evangelios, sobre todo en los de San Mateo y San Lucas. Descendiente de la casa del rey David, José se casó con María, pero, antes de que cohabitasen, supo que María había concebido un hijo.

San José, «como era realmente bueno y no quería denunciarla, determinó repudiarla en secreto» (Mateo 1:19). Sin embargo, un ángel se le apareció en sueños y le reveló que el hijo que María tenía en su seno había sido concebido por obra del Espíritu Santo.

Tras el nacimiento de Jesús en Belén, San José, avisado de nuevo por un ángel, tomó a Jesús y a la Virgen María y los condujo a Egipto para huir de la furia del rey de Judea, Herodes el Grande. A la muerte del monarca, y después de una nueva revelación del ángel, San José retornó a su país; pero, por temor al sucesor de Herodes, la familia no se estableció en Belén, sino en Nazaret de Galilea. Allí San José ejerció su oficio de carpintero.

Los evangelios citan por última vez a San José en el episodio (narrado por San Lucas) en el que Jesús se perdió durante una visita a Jerusalén, y fue hallado por sus padres en el templo, discutiendo con los doctores. Nada cierto se sabe acerca de la muerte de San José, aunque por la narración evangélica parece probable que fuera antes de que Jesús iniciara su vida pública.

El culto a San José comenzó posiblemente entre las comunidades cristianas de Egipto. En Occidente fueron los servitas, una orden mendicante, quienes en el siglo XIV comenzaron a festejar el 19 de marzo como la fecha de la muerte de San José, y esta devoción tendría luego impulsores como el papa Sixto IV y la mística española Santa Teresa de Jesús. El papa Pío IX lo declaró patrono de la Iglesia universal el año 1870. Casi cien años después, en 1955, Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero el 1 de mayo.

Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de San José». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004.

Virtudes destacadas de San José

Paternidad

«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

San José

En esta cita bíblica se halla el núcleo central sobre San José. Fueron destacables entre otras virtudes, su obediencia y humildad, realizó lo mandado por el ángel y tomó a María con todo el misterio de la maternidad.

Se abre en esta disponibilidad y entrega absoluta al designio de Dios, que le pide el servicio de su paternidad, cooperando de este modo en el gran misterio de la redención; toda la vida de Jesús le ha sido confiada a su custodia.

En los evangelios se puede ver la tarea paterna de San José, realizada en los gestos que forman parte de la vida familiar: en su nacimiento, la circuncisión, la presentación de Jesús en el Templo… cada acontecimiento que se va desarrollando sobre su vida.

Se le ordena poner el nombre de Jesús, aunque no fuera fruto suyo, de esta manera declara su paternidad legalmente y proclamando su nombre define también su misión salvadora: «Y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21).

El Papa Francisco en la Carta Apostólica «Patris Corde« menciona la cita de Pablo VI donde se observa la paternidad manifestada concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa» (Patris Corde, 1).

Obediencia y fe

Vemos en su persona como obedecía con docilidad, y siempre estaba oyente a la voz de Dios. En cada circunstancia de su vida se ve la respuesta dirigida hacia esta voluntad.

A través de sus sueños, se le reveló lo que tenía que hacer y se observa en él su obediencia sin pensar en las dificultades. Por la fe acató los caminos de Dios, en esa confianza que el Padre había depositado en él, al elegirlo padre de su hijo.

Acoge a María como le dice el ángel, deja a un lado sus propios razonamientos y asume lo que se le dice. Nos enseña a acoger lo que se nos da en nuestra propia vida, aunque no comprendamos.

«La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Solo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia» (Patris Corde, 4).

Se entregó completamente a esta misión que le encomendaba y puso su vida al servicio de ello.

Durante ella le acompañaron dolores y gozos, pero su fe y obediencia les conducía siempre en la confianza de que Dios estaba ahí.

Nos enseña a creer en Dios, a tener fe aún en medio de las dificultades, miedos, debilidades, por tanto, es necesario entonces, dejarnos abandonar en Él, para que lleve nuestra vida, porque Él tiene siempre la última palabra y su mirada es más amplia que la nuestra.

Aceptó todo por amor. Vemos como al igual que María, en cada circunstancia de la vida de José pronuncia también su «FIAT».

«Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación… Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe», por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él» (Redemptoris custos II).

Trabajo y silencio

San José se caracterizo por su silencio. Un silencio respetuoso y puesto al servicio de la escucha. Este silencio ayuda a tener una mirada hacia dentro para meditar y conocer la voluntad de Dios.

San José carpintero

El Papa Benedicto dijo «dejémonos invadir por el silencio de San José«, el ruido nos impide escuchar o percibir las grandes verdades de la vida.

Su trabajo estaba envuelto en este silencio, era un humilde carpintero que bajo el esfuerzo de su trabajo, supo responder con fidelidad el cumplimiento de sus deberes, en un constante servicio.

El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de la persona y él nos enseña a hacer un trabajo justo, donde todos los dones que hemos recibido de Dios los ponemos a su servicio.

«…José acercó el trabajo humano al misterio de la redención» (Redemptoris custos IV). Por ello, los trabajadores están invitados a imitarle. Es posible servir a Cristo por medio de nuestro trabajo. «Todo cuánto que , hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…» (Col 3, 23s)

Custodio de la Iglesia

Al igual que estuvo al cuidado de Jesús y María, como padre y esposo, con un corazón que fue capaz de amar y proteger al hijo de Dios y a su Madre, es por ello que se le encomienda también la Iglesia, su cuerpo místico.

Se encomienda a su protección y se le pide al igual que Él hizo, que su Iglesia colabore fielmente en la obra de la salvación siguiendo su ejemplo y pidiendo su intercesión.

Tarea que en la Iglesia compete a todos y a cada uno en su estado y tarea de vida.

«José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre» (Patris Corde, 5).

Qué nos dice a nosotros

A modo de conclusión, podemos ver cómo San José lo hizo todo ante los ojos de Dios, al que sirvió ejemplarmente.

Por lo tanto, la perfección y nuestro actuar como cristianos, en realidad se da en el cumplimiento de lo que Dios quiere de nosotros.

Con su ejemplo de vida nos enseña a amar, orar, sufrir, actuar rectamente para dar gloria a Dios con nuestra vida, en cada día que se nos da.

No es tan importante hacer «grandes cosas» sino hacer bien la tarea que debemos hacer.

«El participó en este misterio junto con Ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre «nos predestino a la adopción de hijos suyos por Jesucristo» (Ef 1,5) » (Redemptoris Custos, Introducción).

Por lo tanto, la fe y el amor con que cada cual va tejiendo su vida en el día a día es importante. Vivir con docilidad la voluntad del Padre, es vivir con un corazón agradecido por todo lo que recibimos, ser conscientes de la misión que se nos encomienda y ser fieles a ese llamamiento.

Nos enseña a ser grandes desde la pequeñez como María (caridad), nos invita a confiar en el creador aunque aparentemente las cosas vayan en contra (fe) y nos induce a ponernos en camino apoyados en el cayado de la esperanza.

Fuentes: Ediciones Paulinas

José de Nazaret en la Patrística

Los Padres de la Iglesia fueron los primeros en retomar el tema de José de Nazaret. Ireneo de Lyon señaló que José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la María es figura y modelo. A Ireneo se sumó Efrén de Siria con un sermón laudatorio,​ Juan CrisóstomoJerónimo de Estridón,y Agustín de Hipona, quien apuntó de forma taxativa refiriéndose a José y a María:

Lo que el Espíritu Santo ha obrado, lo ha obrado para los dos. Justo es el hombre, justa es la mujer. El Espíritu Santo, apoyándose en la justicia de los dos, dio un hijo a ambos.
San Agustín, Serm. 51, c. 20.

De acuerdo con Hegesipo, el hermano de José era Cleofás,​ padre de Simeón. Epifanio, obispo de Salamina, agrega que José y Cleofás serían hermanos, hijos de Jacob, apellidado Pantera.​

Epifanio escribió en su obra El Panarion (374-375 dC) que José fue padre de Santiago y de sus tres hermanos (José, Simeón, Judá) y dos hermanas (una Salomé y una María)27​ o (una Salomé y una Ana) ​ con Santiago siendo el hermano mayor. Santiago y sus hermanos no eran hijos de María, sino hijos de José de un matrimonio anterior. Después de la muerte de la primera esposa de José, muchos años después, cuando tenía ochenta años, «tomó a María (madre de Jesús)». Según Epifanio, las Escrituras los llaman «hermanos del Señor» para confundir a sus oponentes.​

José de Nazaret en los escritos apócrifos

Estatua de San José por los hermanos Duthoit (siglo XIX). Capilla de San José (1832), Catedral de Notre Dame de Amiens.

El protoevangelio de Santiago relata que José era viudo con hijos y que tiempo después tomó a María como su esposa.​

El libro apócrifo La Historia de José el Carpintero, escrito en el siglo VI y enmarcado como una biografía de José dictada por Jesús, describe cómo José tuvo una esposa antes de María con la que tuvo seis vástagos, cuatro hijos y dos hijas. Los nombres de los hijos serían Judas, Justo, Santiago y Simón, y los de las hijas Asia y Lidia. Según este relato, los llamados hermanos de Jesús serían hijos de José de un matrimonio anterior. José habría vivido cuarenta años soltero, luego su primera esposa permanecería bajo su cuidado cuarenta y nueve años hasta la muerte de esta. Un año después de su muerte, a la edad de noventa años José desposaría a María. La muerte de José sería la edad de 111 años, atendida por ángeles y afirmando la virginidad perpetua de María.​

La  Enciclopedia Católica  señala distintos pasajes de los escritos apócrifos referidos al matrimonio de José, relatos a los que califica de poco confiables:

Cuando (José) contaba con cuarenta años de edad desposó a una mujer llamada Melcha o Escha para algunos, Salomé para otros, con quien convivió cuarenta y nueve años y con quien tuvo seis vástagos, dos hijas y cuatro hijos, el menor de los cuales era Santiago (el Menor, llamado “el hermano del Señor”). Un año después de la muerte de su esposa, cuando los sacerdotes anunciaron por toda la Judea que ellos deseaban encontrar en la tribu de Judá algún hombre respetable para desposar a María, de entonces doce a catorce años de edad, José, quien ya tenía en dicho momento noventa años, fue a Jerusalén entre los candidatos, un milagro manifestó la elección de José realizada por Dios, y dos años después la Anunciación tuvo lugar.

San José en la Iglesia católica

Numerosos autores cristianos, varios de ellos doctores de la Iglesia, se refirieron a lo largo de la historia a José de Nazaret (Beda el VenerableBernardo de ClaravalTomás de Aquino en su Summa Theologiae, 3, q. 29, a. 2 in c.).​ Sixto IV (1471-1484) introdujo la festividad de San José en el Breviario romano, e Inocencio VIII (1484-1492) la elevó a rito doble.
También desde el comienzo de la Orden de Frailes Menores, los franciscanos se interesaron en José de Nazaret como modelo único de paternidad. Distintos escritores franciscanos desde el siglo XIII al XV (Buenaventura de FidanzaJuan Duns ScotoPedro Juan OliviUbertino da CasaleBernardino de Siena, y Bernardino de Feltre) fueron sugiriendo progresivamente cómo José de Nazaret podría convertirse en un modelo de fidelidad, de humildad, pobreza y obediencia para los seguidores de Francisco de Asís.​
Sin embargo, fue Teresa de Ávila quien dio a la devoción a San José el espaldarazo definitivo en el siglo XVI. Esta mística española relata su experiencia personal referida a José de Nazaret en el Libro de la Vida:
Y tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él. […] No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra (que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar), así en el Cielo hace cuanto le pide. […] Paréceme, ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío. […] Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ello. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino.​
Teresa de Ávila, Libro de la Vida, cap. 6, nn. 6-8.

«La ternura y la valentía de José». Una reflexión hermosa para adentrarnos en su corazón

Escrito por
Padre Juan Carlos Vásconez
Definir lo que es un corazón de padre puede ser un reto. Podemos usar una de las parábolas más bonitas del Maestro: el hijo pródigo. San Lucas nos narra que se trata de un padre cuya misericordia excede no solo la comprensión del hombre, sino también la fe del creyente.
En la parábola del hijo pródigo encontramos un corazón de padre que supera el simple concepto de misericordia, y que incluye el de la ternura: la alegría que Dios experimenta al perdonar a sus hijos, el hecho portentoso de que unas criaturas puedan afectar así al Creador.
Mucho se habla de que María fue escogida como la llena de gracia, pero san José también fue un escogido de Dios, recordemos que se le presentó un ángel, el que le confió el nombre de «Jesús».
Un humilde carpintero, un hombre justo, san José fue un hombre valiente que salió desde Nazaret hasta Belén para ver nacer a su hijo. ¡Cuánta ternura reposaba en el interior de este santo hombre que lo dio todo por su familia!

La ternura y la valentía 

En principio, parece que no son conjugables, pero son los elementos fundamentales cuando hablamos de tener un corazón de padre. Es todo un arte, pero es muy necesario hacer coincidir la exigencia con el cariño.
Solo cuando se ama verdaderamente a los hijos se llega a conocer la imperiosa necesidad de ser exigentes con ellos, para que aprendan a querer, a adquirir virtudes y a discernir principios y valores.

San José y la ternura que lo caracterizó

Una de las características principales de san José es que era tierno, vio a Jesús progresar día a día en sabiduría, en estatura, en gracia ante Dios y ante los hombres, nos dice el Evangelio.
José le enseñó a caminar, lo tomaba entre sus brazos. Cuando un padre ve a su hijo, siente ternura, y José, al ver a Jesús, también la sintió, también se conmovió con él.
Pero es interesante dar la vuelta a esta misma consideración, porque Jesús vio la ternura de Dios en san José. Como dice la «Patris Corde»:
«Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por los que le quieren», por los que nos sentimos hijos suyos.

Hablemos de la ternura de Cristo

Jesús Hombre, aprende gracias a José, que la ternura es una virtud esencial. Recuerda la ternura de Cristo al fijarse en las personas que no son las más importantes, pero sí son las que más lo necesitan.
Jesús fue reconocido por su amabilidad, su tono humano. Adquiere su fama no solo por los grandes milagros que hace, sino por su forma de ser, que encuentra y ayuda a la gente necesitada, a los que Dios más quiere. Así nos los recuerdan esta meditación que te recomiendo sobre la fama de Jesús.
Él siempre encuentra al más débil. Entra en la piscina de Betsaida y se da cuenta que hay muchos enfermos, pero que hay uno que ha estado 38 años ahí sin que nadie le ayude.
Jesús es capaz de darse cuenta de quién es el que más lo necesita, la ternura que desborda su corazón lo motiva a acercarse misericordiosamente al que más lo necesita.
Y eso lo aprendió de sus padres. De ejemplos concretos, como el de María que va a ver a su prima santa Isabel cuando la necesita y seguramente, innumerables veces en distintos acontecimientos con san José.

¿Qué papel juega la ternura en las dificultades?

La ternura se vuelve fuerte cuando atraviesa dificultades, es como un resorte que nos mueve a buscar soluciones a los problemas. Y fue el caso de san José, que tuvo que enfrentarse a cosas muy complicadas: persecución del rey, huir como inmigrante a un país vecino, etc.
Pero recordemos que el Señor tiene sus propios planes, y que debemos pasar por el claroscuro de la fe. A través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto.
Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad.
Nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.

La valentía creativa

El corazón de padre busca soluciones y san José tuvo que ser creativo y valiente a la vez. Nosotros también debemos ser valientes en medio de las dificultades y buscar la forma de adaptarnos.
Sobre todo en estos tiempos donde Dios nos regala nuevamente un espacio para estar confinados en familia, conociéndonos, colaborándonos, queriéndonos, soñando juntos que el futuro será mejor, porque nosotros seremos mejores.
Hoy tenemos que tener claro que la ternura es una virtud a conquistar, que hay que ser más valientes, creativos, y que debemos acompañar en solidaridad a las familias más vulnerables de nuestra sociedad.
Nos toca entrar a nuestras máquinas del tiempo y soñar como lo hizo san José, para que podamos planear, inventar y encontrar con valentía creativa tiempos mejores.

https://www.youtube.com/watch?v=AJc_DqORJNE

33 Comentarios

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  1. Se entregó completamente a esta misión que le encomendaba y puso su vida al servicio de ello.
    Durante ella le acompañaron dolores y gozos, pero su fe y obediencia les conducía siempre en la confianza de que Dios estaba ahí.
    Nos enseña a creer en Dios, a tener fe aún en medio de las dificultades, miedos, debilidades, por tanto, es necesario entonces, dejarnos abandonar en Él, para que lleve nuestra vida, porque Él tiene siempre la última palabra y su mirada es más amplia que la nuestra.
    Hermoso y grandioso gesto que san José cumple ante Dios. Y nosotros que no podemos cumplir con pequeñeces y ni siquiera dejar malos hábitos y pecados que arrastramos por años. No podemos romper ataduras y exigimos a Dios cosas que están en nuestras manos ejecutarlas y cumplir a cabalidad con el Señor. Perdónanos porque muchas veces no sabemos lo que hacemos.

  2. Creo que este es uno de los más grande actos de obediencia y humildad de José para que venga el Mesías. Acoge a María como le dice el ángel, deja a un lado sus propios razonamientos y asume lo que se le dice. Nos enseña a acoger lo que se nos da en nuestra propia vida, aunque no comprendamos.

  3. El gran ejemplo de san José es la ternura es una virtud a conquistar, que hay que ser más valientes, creativos, y que debemos acompañar en solidaridad a las familias más vulnerables de nuestra sociedad. Conquisto corazones por amor a Dios, es recordado como un santo varón de la iglesia universal.

  4. Jesús, María y José: ayudadme por mis pecados cometidos y la fuerte carga que me originan.
    Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar agradecidos por los sentimientos de culpa, porque éstos nos llevan a buscar el perdón. Al momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en Jesucristo, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que conduce a la salvación (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 3:19).
    En Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios 6:9-11 la lista de hechos perversos que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, Dios aún promete el perdón. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

    La liberación del pecado, sin embargo, no siempre significa liberación de los sentimientos de culpa. Aún cuando nuestros pecados son perdonados, todavía los recordaremos. También, tenemos un enemigo espiritual llamado “el acusador de nuestros hermanos” en Apocalipsis 12:10, quien nos recuerda incesantemente nuestras fallas, faltas y pecados. Cuando un cristiano experimenta sentimientos de culpa, debe hacer lo siguiente:
    1) Confesar todos los pecados conocidos y que no se hayan confesado. En algunos casos, los sentimientos de culpa son apropiados, porque la confesión es necesaria. Muchas veces, nos sentimos culpables ¡porque somos culpables! (Ver la descripción que hace David de la culpa y su solución en el Salmo 32:3-5).
    2) Pedirle al Señor que le revele cualquier otro pecado que necesite ser confesado. Ten el valor de ser totalmente abierto y honesto ante el Señor. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad” (Salmo 139:23-24).
    3) Confía en la promesa de Dios de que Él perdonará los pecados y quitará la culpa, basándose en la sangre de Cristo (1 Juan 1:9; Salmo 85:2; 86:5; Romanos 8:1).
    4) En ocasiones, cuando surgen los sentimientos de culpa sobre pecados ya confesados y abandonados, rechaza tales sentimientos como una culpa falsa. El Señor ha sido fiel a Su promesa de perdonar. Lee y medita en el Salmo 103:8-12.
    5) Pide al Señor que reprenda a Satanás, tu acusador, y ruégale que te restaure al gozo que procede de la libertad de la culpa (Salmo 51:12).
    El Salmo 32 es un estudio muy provechoso. Aunque David había pecado terriblemente, él encontró la libertad, tanto del pecado como de los sentimientos de culpa. Él lidió con la causa de la culpa, y la realidad del perdón. El Salmo 51 es otro buen pasaje para investigar. El énfasis aquí es la confesión del pecado, cuando David ruega a Dios con un corazón lleno de culpa y dolor. Los resultados son la restauración y el gozo.
    Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento genuino, y ha sido perdonado, entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros que hemos venido a Cristo, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Parte de las cosas “viejas” que “pasaron” es el recuerdo de pecados pasados y la culpa que produjeron. Tristemente, algunos cristianos son propensos a sumergirse en los recuerdos de sus pecaminosas vidas pasadas, memorias que debían estar muertas y enterradas desde hace mucho. Esto no tiene sentido y es contrario a la vida cristiana victoriosa que Dios quiere para nosotros. Un dicho sabio dice, “Si Dios te ha salvado de una cloaca, no regreses a sumergirte y nadar en ella”.

  5. Hermoso es mi Señor y conocer su palabra, su historia y seguir en el camino de la fe. Vemos en su persona como obedecía con docilidad, y siempre estaba oyente a la voz de Dios. En cada circunstancia de su vida se ve la respuesta dirigida hacia esta voluntad.
    A través de sus sueños, se le reveló lo que tenía que hacer y se observa en él su obediencia sin pensar en las dificultades. Por la fe acató los caminos de Dios, en esa confianza que el Padre había depositado en él, al elegirlo padre de su hijo.
    Acoge a María como le dice el ángel, deja a un lado sus propios razonamientos y asume lo que se le dice. Nos enseña a acoger lo que se nos da en nuestra propia vida, aunque no comprendamos.

  6. Un artículo muy bonito. La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús. En cuanto tal, «entró en el servicio de toda la economía de la encarnación», como dice san Juan Crisóstomo.
    San Pablo VI observa que su paternidad se manifestó concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida.
    Al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo. Al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa».

  7. [8:40 a. m., 27/5/2022] Pedro ROCILLO: Que excelente lo que me haz hecho llegar mi hermano no tan solo te brinda tranquilidad también te llama a la reflexión y a enmendar tu caminar
    [8:41 a. m., 27/5/2022] Pedro ROCILLO: Mil veces gracias mi Hermano Luchito

  8. Algo raro tratar un artículo religioso menos una universidad nacional, algo que afianza como creyentes de Jesús hecho Dios. «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21). José es el verdaero ejemplo de padre en el mundo.
    En esta cita bíblica se halla el núcleo central sobre San José. Fueron destacables entre otras virtudes, su obediencia y humildad, realizó lo mandado por el ángel y tomó a María con todo el misterio de la maternidad.

  9. En mi humilde opinión una de las grandes cualidades de San José se caracterizo por su silencio. Un silencio respetuoso y puesto al servicio de la escucha. Este silencio ayuda a tener una mirada hacia dentro para meditar y conocer la voluntad de Dios. Gracias a esta lectura me abrió más mi rol de padre con mis hijos y alumnos.

  10. San José tiene una gran disponibilidad y entrega absoluta al designio de Dios, que le pide el servicio de su paternidad, cooperando de este modo en el gran misterio de la redención; toda la vida de Jesús le ha sido confiada a su custodia.
    En los evangelios se puede ver la tarea paterna de San José, realizada en los gestos que forman parte de la vida familiar: en su nacimiento, la circuncisión, la presentación de Jesús en el Templo… cada acontecimiento que se va desarrollando sobre su vida.
    Un artículo muy educativo que alimenta el alma y fortalece nuestra fe cristiana.

  11. Ejemplo de valor y sacrificio de san José. Se entregó completamente a esta misión que le encomendaba y puso su vida al servicio de ello.
    Durante ella le acompañaron dolores y gozos, pero su fe y obediencia les conducía siempre en la confianza de que Dios estaba ahí.
    Nos enseña a creer en Dios, a tener fe aún en medio de las dificultades, miedos, debilidades, por tanto, es necesario entonces, dejarnos abandonar en Él, para que lleve nuestra vida, porque Él tiene siempre la última palabra y su mirada es más amplia que la nuestra.
    Hermoso artículo que vales ser difundido y leído con mucha tranquilidad.

  12. El corazón de padre busca soluciones y san José tuvo que ser creativo y valiente a la vez. Nosotros también debemos ser valientes en medio de las dificultades y buscar la forma de adaptarnos.
    Sobre todo en estos tiempos donde Dios nos regala nuevamente un espacio para estar confinados en familia, conociéndonos, colaborándonos, queriéndonos, soñando juntos que el futuro será mejor, porque nosotros seremos mejores.
    Los maestros educadores hacen lo mismo con sus discípulas.. Todo amor para sus alumnos..

  13. En San José vemos en su persona como obedecía con docilidad, y siempre estaba oyente a la voz de Dios. En cada circunstancia de su vida se ve la respuesta dirigida hacia esta voluntad.
    A través de sus sueños, se le reveló lo que tenía que hacer y se observa en él su obediencia sin pensar en las dificultades. Por la fe acató los caminos de Dios, en esa confianza que el Padre había depositado en él, al elegirlo padre de su hijo.
    Dios nos da revelaciones que muchas veces no acatamos por falta de fe y por debilidades que no sabemos administrar en nuestro interior. Debemos orar intensamente.

  14. San José: En principio, parece que no son conjugables, pero son los elementos fundamentales cuando hablamos de tener un corazón de padre. Es todo un arte, pero es muy necesario hacer coincidir la exigencia con el cariño.
    Solo cuando se ama verdaderamente a los hijos se llega a conocer la imperiosa necesidad de ser exigentes con ellos, para que aprendan a querer, a adquirir virtudes y a discernir principios y valores.
    Ejemplo de trabajo, disciplina, obediencia a Dios, amor y ternura.

  15. Tras el nacimiento de Jesús en Belén, San José, avisado de nuevo por un ángel, tomó a Jesús y a la Virgen María y los condujo a Egipto para huir de la furia del rey de Judea, Herodes el Grande. A la muerte del monarca, y después de una nueva revelación del ángel, San José retornó a su país; pero, por temor al sucesor de Herodes, la familia no se estableció en Belén, sino en Nazaret de Galilea. Allí San José ejerció su oficio de carpintero.
    Su grandeza histórica y religiosa esta en haber tenido el don de la fe y haber cuidado a Jesús nuestro Dios.

  16. San José de Nazaret. Esposo de María, madre de Jesús. Descendiente de David, José era el padre putativo de Jesús, a cuyo nacimiento asistió en Belén. Vivió en Nazaret ejerciendo el oficio de carpintero y, al parecer, murió antes de que comenzase la vida pública de Jesús. Su culto, extendido en Oriente antes del siglo V, no llegó a Occidente hasta la Edad Media. En 1870 fue proclamado patrón de la Iglesia universal; es también patrono de los carpinteros y de los moribundos.
    Sino hubiera sido por San José la humanidad entera no tendría la salvación de Dios. El fue el padre protector de Jesús nuestro Señor y Dios salvador.