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Soren Kierkegaard: El caballero de la fe y el viaje del...

Soren Kierkegaard: El caballero de la fe y el viaje del amor a la eternidad

Para filosofar: La verdadera fe no es la expectativa de lo eterno, sino de lo imposible. Esa actitud se llama sabiduría, pero se puede interpretar como locura…

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Soren Kierkegaard, el padre del existencialismo filosófico

Por Luis Alberto Pintado Córdova

“La vida no siempre es un problema a ser resuelto sino una realidad que nos reta a ser experimentada”. “Hay varias  formas de ser engañado: algunas consisten en creer en lo que no es cierto y  otras en negarse a creer lo que es cierto” LPC.

Soren, fue un filósofo y teólogo, humanista e individualista, Kierkegaard fue un pensador danés cuyas reflexiones alrededor de la condición humana le llevaron a convertirse en el padre del existencialismo.

Nace en Copenhague, Dinamarca, el 5 de mayo de 1813 siendo educado en una familia acomodada y de profundas convicciones cristianas; en sus años de universidad su inclinación hacia la filosofía y la literatura se hicieron patentes; en aquella época conoció a la que sería su musa e intenso amor de su vida, Regine Olsen; su historia forma parte de lun taciturno, con una juventud irreflexiva y despreocupada, y oscura de la vida de Kierkegaard, llegaron a estar comprometidos pero él rompió tal compromiso y ella se embarcó en otro matrimonio; sus encuentros se limitaron a tropezones casuales por Copenhague hasta que ella dejó atrás la ciudad a cambio de un destino en las Indias Occidentales Danesas, para cuando regresó Kierkegaard había muerto. Siempre se amaron y nunca se entendieron. 

Es catalogado como un filosofo existencialistaneo ortodoxoposmodernistahumanista  o individualista.

Escribió bajo seudónimo, rubricando en letra impresa, la fe y el amor como la existencia del hombre y su sentido filosófico. Hoy, lo recordaremos con algunas de sus observaciones más relevantes publicados en medios de gran lectoría. Los invito a conocer parte de sus reflexiones filosóficas.

Soren Kierkegaard. La aventura del pensamiento - Emocionario

Sören Kierkegaard, el caballero de la fe

Para filosofar: La verdadera fe no es la expectativa de lo eterno, sino de lo imposible. Esa actitud se llama sabiduría, pero se puede interpretar como locura…

Por RAFAEL NARBONA


Estatua de Kierkegaard en los jardines de la Biblioteca Real de Copenhague

¿Es racional anhelar el sufrimiento, escoger el dolor y la renuncia, escarnecer el deseo y cultivar el ascetismo, sometiéndose a un Dios áspero, brutal y lejano? Hijo de un rico y melancólico comerciante, el filósofo y teólogo Sören Kierkegaard (Copenhague, 1813-1855) eligió el dolor, rompiendo su compromiso con Regina Olsen, con el pretexto de tener un temperamento inapropiado para el matrimonio. Solitario, mordaz y atormentado, nunca dejó de amar a Regina, pero estimó que su decisión era el tributo a su pesimismo existencial y a su intención de concentrar todos sus esfuerzos en el estudio. Todo indica que intervinieron factores psicopatológicos, como el propósito de expiar los pecados de su padre, que maldijo a Dios de joven y dejó embarazada a su mujer antes de formalizar la relación en el templo.

Søren Kierkegaard - Wikipedia, la enciclopedia libre
Manuscrito de Kierkegaard de La enfermedad mortal

Temor y temblor apareció en 1843, firmado con el pseudónimo Johannes de Silentio. Para algunos, es un clásico que prefigura el existencialismo, con su pregunta por el ser y su interpretación de la angustia como seña de identidad de la conciencia finita. Gracias a su herencia, Kierkegaard pudo costearse la publicación de sus libros, que siempre consideró como sus confidencias al público y a la posteridad. De talante reservado, sólo se sinceró ante la escritura, recurriendo en muchas ocasiones a heterónimos. Su estilo, de enorme plasticidad y belleza, cautivó a Miguel de Unamuno, que estudió danés para acceder a los originales.

Temor y temblor escruta la historia de Abraham e Isaac para determinar la naturaleza de la fe. Se ha dicho que el Dios cristiano se acercó tanto al hombre que éste pudo matarlo en la Cruz. A veces, se olvida que la crucifixión era un castigo particularmente cruel, reservado a los sediciosos y a los esclavos rebeldes. Alzarse contra la autoridad constituía el mayor delito que podía cometer un súbdito del Imperio Romano. Morir en el madero era especialmente indigno, pues el reo agonizaba lentamente, con el cuerpo desnudo, deshidratado, descoyuntado. Sin embargo, Dios amó al hombre hasta el extremo de enviar a su único Hijo para que sufriera una muerte de malhechor, humillado, repudiado y abandonado por todos, salvo por un puñado de mujeres, cuya fidelidad contrasta con las defecciones masculinas, impregnadas de oportunismo y cobardía. Incomprensiblemente, ese mismo Dios pidió a Abraham degollar a su hijo Isaac en el Monte Moriah y sólo en el último instante envió a un ángel para detener el brazo que se disponía a consumar el sacrificio.

Kierkegaard arremetió contra las instituciones cristianas de su país en sus últimos años. Sentía que el estado confesional establecido era perjudicial para los individuos. Sostenía que la fe es un salto que siempre estará acompañado por la duda. De hecho, la duda es el fundamento de la fe.
Kierkegaard entendió que no existía incongruencia entre la obediencia ciega de Abraham y la muerte de Jesús en la Cruz. La fe nunca es algo racional, sino un escándalo que desafía a cualquier ejercicio de comprensión. Algunos afirman que Isaac es la prefiguración de Cristo, el Cordero inmolado para redimir al hombre del pecado original. Si Isaac preludia a Cristo, Abraham es la representación simbólica de Dios Padre. Ambos actúan bajo la coacción de la libertad, que no es un don, sino un dilema. En El concepto de angustia (1844), Kierkegaard habla del vértigo que produce ser libre. La conciencia de nuestro existir se parece a pasear por el borde de un abismo. Podemos elegir entre seguir caminando o arrojarnos al vacío. Dios se enfrentó a un conflicto semejante cuando creó el universo. ¿Por qué escogió el ser, la vida, con sus limitaciones e imperfecciones, cuando la alternativa del no-ser cerraba el paso al sufrimiento? No es necesario resolver este conflicto. La fe es un salto que siempre estará acompañado por la duda. De hecho, la duda es el fundamento de la fe. Si Dios fuera un objeto de experiencia, no hablaríamos de fe, sino de evidencia. En Temor y temblor, el filósofo danés afirma que lo inmanente nunca podrá calmar la sed de sentido de la mente humana. Si no hay Dios, la conciencia desemboca en el nihilismo: “Si no existiera una conciencia eterna en el hombre, si como fundamento de todas las cosas se encontrase sólo una fuerza salvaje y desenfrenada que retorciéndose en oscuras pasiones generase todo, tanto lo grandioso como lo insignificante, si un abismo sin fondo, imposible de colmar, se ocultase detrás de todo, ¿qué otra cosa podría ser la existencia sino desesperación?”.

La verdadera fe no es la expectativa de lo eterno, sino de lo imposible. Esa actitud se llama sabiduría, pero se puede interpretar como locura. Abraham poseyó esa sabiduría. Se afligió cuando Dios le ordenó sacrificar a Isaac, pero “creyó en la virtud del absurdo”, despreciando las objeciones humanas. Abraham no es el “caballero de la resignación infinita”, que lo sacrifica todo por una causa, aceptando convivir con el dolor y la incomprensión. Abraham es el “caballero de la fe”, donde se hace realidad la paradójica frase de Tertuliano: “Creo porque es absurdo”. Abraham no entiende ni pretende comprender por qué Dios le exige algo tan doloroso. Simplemente, se limita a ejecutar el designio divino, sin perder su confianza incondicional en su Creador. Sin la fe, Abraham sería un asesino, un filicida. No debemos confundirlo con el héroe trágico, pues no lucha contra el destino y, menos aún, lo padece, como el desdichado Edipo, que mata a su progenitor y se desposa con su propia madre. Abraham actúa “por amor a Dios” y “por amor a sí mismo”. Dios pone a prueba su fe y quiere dejar claro que se somete a su voluntad. Kierkegaard estima que su acto le convierte en un nuevo Adán o, si se prefiere, en el segundo padre de la humanidad: “Abraham despierta en mí admiración y espanto a la vez. Quien se niega a sí mismo y se sacrifica por su deber, abandona lo finito para asirse a lo infinito, y se siente seguro”. El héroe trágico cuenta casi siempre con el apoyo y la admiración de sus coetáneos, que le inmortalizan con odas y epopeyas. En cambio, “quien echa adelante por el estrecho sendero de la fe, no podrá encontrar nadie que pueda darle una mano, nadie que pueda comprenderle”. Kierkegaard concluye afirmando que “la fe es una pasión”, que “empieza donde la razón termina” y no implica la superación de la miseria, el tormento y la paradoja, sino su aceptación.

La Estatua de Søren Kierkegaard en Copenhague.

Kierkegaard se presenta como un “caballero de la fe”, pero su biografía, trufada de dolor, soledad y ascetismo, se parece más a la del “caballero de la resignación infinita”, dispuesto a soportar sobre sus espaldas el odio del mundo por una causa superior. Esa angustia no es una simple actitud vital, sino una posición filosófica ante el misterio del ser. Kierkegaard ha sido malinterpretado, pues los pensadores posteriores –por ejemplo, Adorno- no advirtieron que sus heterónimos no pretendían completar una interpretación del mundo, sino deformarla, negarla, caricaturizarla, dispersarla. La ironía de Kierkegaard es despiadada, cruel, disolvente. Unamuno explota la paradoja; el filósofo danés la convierte en imperativo categórico: “obra de tal modo que tus dudas puedan servir como leyes universales”. No es extraño que el existencialismo reivindique su herencia, pero hay una vertiente sombría en la ética del “caballero de la fe”. Emmanuel Levinas señaló con clarividencia que Kierkegaard posterga la ética en nombre de la fe, justificando la violencia. La definición de la fe como una pasión abre las puertas al totalitarismo. El nazismo fue esencialmente un fenómeno religioso, que pisoteó la ética e inmoló a millones de individuos en un holocausto semejante al de Isaac en el Monte Moriah. “El desprecio del fundamento ético del ser humano –escribe Lévinas- ha llevado a la amoralidad de las filosofías recientes”. En ese sentido, los herederos de Kierkegaard no son los existencialistas, sino Nietzsche y sus acólitos, que han degollado a Isaac porque entienden que el amor a Dios está más allá del bien y el mal.

En 1975, Vicente Simón Merchán realizó una excelente traducción al castellano de Temor y temblor, con un estudio preliminar y notas a pie de página. Publicada en 1981 por la desaparecida Editora Nacional, Tecnos y Alianza han reproducido esa versión en distintas ediciones y aún circulan por las librerías. Kierkegaard sufre el destino de los clásicos menos populares. Casi nadie lee su obra, pero pocos autores encarnan de una manera tan intensa un pensamiento y quizás un destino. “Lo personal es lo real”, escribe Kierkegaard. Si no hay concordancia entre la vida y las ideas, se incurre en una impostura. “Desde un punto de vista espiritual los pensamientos de un hombre deben ser su propia morada”. Sólo entonces se convierte en “testigo de la verdad”. Kierkegaard identificó esa misión como un peregrinaje que “transcurre desde el principio hasta el fin ajeno a todo eso que se denomina goce…”. Quizás por eso rompió su idilio con Regina Olsen; quizás por eso se agarró al madero de la escritura, donde sufrió una agonía semejante a la de Isaac y Cristo, corderos de un Dios que se manifiesta provocando temor y temblor en nuestra frágil y vacilante conciencia.

Fuente: El Cultural

Kierkegaard, un desesperado viaje del amor a la eternidad

Por ANDRÉS SEOANE

1 abril, 2021

Boceto del pensador realizado por Niels Christian Kierkegaard hacia 1840

Considerado el padre del existencialismo, el filósofo danés elevó a las más altas cotas del pensamiento el concepto de desesperación. En la conmovedora y original biografía ‘El filósofo del corazón’ (Taurus) la británica Clare Carlisle viaja hasta el tuétano de las motivaciones y pasiones que llevaron al pensador hasta tan borrascosas regiones.

En 1843, dos años después de romper su compromiso matrimonial con su amada Regine por razones que la historia no ha podido desvelar —acaso porque no existan—, Soren Kierkegaard (Copenhague, 1813-1855) publicó (bajo el pseudónimo de Johannes de Silentio) Temor y temblor, clásico que prefigura el existencialismo con su pregunta por el ser y su interpretación de la angustia como seña de identidad de la conciencia finita. Imbuido por un contradictorio afán de posteridad, el pensador se entregaría hasta su muerte, apenas una década después, a una febril tarea de pensamiento y escritura que sentaría las bases para muchos de los dilemas y movimientos que le sucedieron

En estas dos décadas clave centra la profesora de Filosofía y Teología del King’s College de Londres Clare Carlisle (1977) su original y emotiva biografía El filósofo del corazón. La inquieta vida de Soren Kierkegaard (Taurus). Emotiva, por tratar de ponerse de una forma convincente y angustiosa en la piel y la mente del pensador, y original por sus saltos en el tiempo que reconstruyen el germen, despertar y ocaso de un proyecto intelectual ambicioso y rompedor como pocos en la historia.

“Esta biografía busca comprender la vida de Kierkegaard desde adentro. Se centra en el drama de su vida interior y sus esfuerzos por entenderse a sí mismo y dar forma a su propia historia”, apunta Carlisle, que piensa que en eso reside la diferencia con otras obras que retratan al danés “con el beneficio de la retrospectiva: retratan a Kierkegaard, el famoso filósofo. Traté de retratar a Kierkegaard como el ser humano, moviéndose por su vida, enfrentando un futuro incierto, ansioso por sus elecciones e inseguro de cómo lo vería el mundo”. Una intención que cristaliza en el retrato de un Kierkegaard contando su propia historia.

“El secreto de por qué rompió su compromiso es una parte tan importante de quién era Kierkegaard que no quería profanarlo con especulaciones”, señala Clare Carlisle.

Søren Kierkegaard, padre del existencialismo. - LOFF.IT Biografía, citas, frases.
Otra gran clave de ese corazón al que alude el título es la conocida historia de amor con Regine Olsen, una de las más extrañas de la historia de la filosofía.

Un motor oculto: el amor

Centrada, como decíamos, en esas explosivas décadas centrales del siglo XIX, Carlisle plantea un juego de idas y venidas para reconstruir qué elementos dibujarían las líneas maestras de la vida del pensador. “Quería explorar sus ambiciones y sus arrepentimientos. Algunas partes del libro están en tiempo pasado, quise mirar hacia atrás en la infancia de Kierkegaard desde su punto de vista, desde sus propias palabras”, explica la autora. “A mediados de los treinta tuvo una especie de crisis de la mediana edad y escribió mucho sobre su pasado. Ahí está la semilla de cómo se convirtió en la persona extraña que fue”.

Otra gran clave de ese corazón al que alude el título es la conocida historia de amor con Regine Olsen, una de las más extrañas de la historia de la filosofía. Comprometido con ella en 1840, poco más de un año después, rompió su futuro enlace por razones nunca explicadas. Sin embargo, permaneció enamorado de Regine, su “compañera en la eternidad”, por el resto de su vida. Aunque se casó con Frederik Schlegel en 1847, Kierkegaard nombró la nombró única beneficiaria en su testamento.

Una mujer es un ser débil; cuando se ha dado enteramente, lo ha ...

“Por qué rompió el compromiso es la gran pregunta de la vida de Kierkegaard, y él mismo pasó años tratando de comprenderla. Mi libro lo muestra contándose a sí mismo, y al mundo, diferentes historias sobre su ruptura con Regine, y no estoy seguro de si alguna de ellas fue completamente veraz”, reconoce Carlisle. “Habló de un secreto personal, al que llamó ‘el aguijón en la carne’, que le impidió casarse. Tener este secreto es una parte tan importante de quién era Kierkegaard que no quería profanarlo con especulaciones y teorías. ES un misterio, y creo que tenemos que aceptarlo”, afirma rotunda. profunda necesidad de Dios dentro del corazón humano” que no veía en los poderes eclesiásticos. “Se volvió muy crítico con la iglesia y con la religión institucional en general. Pensaba que su cultura cristiana era demasiado convencional, demasiado cómoda”, destaca Carlisle, que asegura que admiraba a figuras radicales y cuestionantes como Sócrates y Jesús, quienes eran tan controvertidos y contraculturales que fueron ejecutados. “Kierkegaard no creía que instituciones como la Iglesia danesa satisficieran la necesidad humana de Dios, y esperaba que sus propios escritos ayudarían a satisfacer esta necesidad. Resultó que tuvo éxito de esta manera: miles de personas han sentido una conexión muy profunda con sus obras”.

Especialmente con la última de las grandes preguntas que intentaba responder: qué significa el drama de ser humano. “Kierkegaard pensó que esta es la pregunta que todo ser humano debe resolver por sí mismo. No es una cuestión teórica abstracta: hay que vivirla, luchar con ella de forma existencial. No ofrece respuestas fáciles, y describió aprender a ser un ser humano como ‘una tarea para toda la vida’”, concluye la autora. Una tarea que, sin duda, es tan válida y pertinente hoy como lo era hace casi doscientos años.

Referencias: El Cultural

Grandes Documentales: Dos grandes pensadores del siglo XIX. ABC TV Paraguay

20 Comentarios

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  1. Interesante artículo; complejo e intrigante personaje del que se habla. Además no se termina por saber mucho de él, más allá del legado escrito que nos ha dejado. Distintos filósofos han sido personajes que se cuestionaban muchísimas cosas y de los cuáles hoy en algunos casos hemos podido aprender algo. Su percepción de la fe y de otros temas son tan envolventes que al final logran su objetivo, hacer que cuestionemos el porqué de lo que vivimos.

  2. Pienso que la cristología kierkegaardiana permite distinguir entre el Cristo de la dogmática, objeto del entendimiento finito y de una fe estatutaria, y el Cristo de la fe, sujeto efectivo de una praxis absoluta. En el primer sentido, el cristianismo es una doctrina; en el segundo sentido, el cristianismo es lo absoluto, porque lo absoluto es la singularidad. En este último caso, cuesta entender cuál sería la diferencia entre este propio devenir teológico y la divinidad de Cristo, a no ser el estatuto dogmático y representativo de esta última. Dicho de otro modo, no se entiende por qué lo divino se realizaría de manera perfecta en Cristo e imperfecta en el resto de los hombres, en tanto y en cuanto, para Kierkegaard, la contemporaneidad de lo «humano-divino» es el fin de todo y cada singular, su propia identidad. Buen artículo

  3. Desde el punto de vista objetivo, intelectual e inmediato, el cristianismo es una realidad histórica, expresada en la dogmática esencial de la o las iglesias, pero tal cosa no es el cristianismo kierkegaardiano. Todo lo contrario, para Kierkegaard lo cristiano es la realidad absoluta del espíritu, reduplicado dialécticamente y atravesado por una diferencia cualitativa infinita. Así lo asegura él mismo: «es por un cómo, por una reduplicación que yo lucho: sin ella, se entiende, el cristianismo no es cristianismo». Y en el mismo sentido dice: «una cosa es introducir una doctrina en el mundo, otra cosa es interiorizarla». Reduplicar o interiorizar la doctrina es el sentido del cristianismo kierkegaardiano, y dado que tal doctrina no es sino la del hombre-dios, resulta que lo cristiano consiste en repetir la unidad teándrica por y en la subjetividad singular, finita y contingente. En una palabra, desde el punto de vista absoluto de la subjetividad, el cristianismo es la propia existencia,determinada como hecho de conciencia singular. Lisa y llanamente, «el cristianismo es lo absoluto», y serlo es devenirlo por la síntesis paradojal de lo humano y lo divino.
    Esto es un enlace para entender alguito mas.

  4. Desde el punto de vista objetivo, intelectual e inmediato, el cristianismo es una realidad histórica, expresada en la dogmática esencial de la o las iglesias, pero tal cosa no es el cristianismo kierkegaardiano. Todo lo contrario, para Kierkegaard lo cristiano es la realidad absoluta del espíritu, reduplicado dialécticamente y atravesado por una diferencia cualitativa infinita. Así lo asegura él mismo: «es por un cómo, por una reduplicación que yo lucho: sin ella, se entiende, el cristianismo no es cristianismo». Y en el mismo sentido dice: «una cosa es introducir una doctrina en el mundo, otra cosa es interiorizarla». Reduplicar o interiorizar la doctrina es el sentido del cristianismo kierkegaardiano, y dado que tal doctrina no es sino la del hombre-dios, resulta que lo cristiano consiste en repetir la unidad teándrica por y en la subjetividad singular, finita y contingente. En una palabra, desde el punto de vista absoluto de la subjetividad, el cristianismo es la propia existencia,determinada como hecho de conciencia singular. Lisa y llanamente, «el cristianismo es lo absoluto», y serlo es devenirlo por la síntesis paradojal de lo humano y lo divino.
    Esto es un enlace para entender alguito mas.

  5. De inmediato este artículo me atrapo en su lectura con las reflexiones: “La vida no siempre es un problema a ser resuelto sino una realidad que nos reta a ser experimentada”. “Hay varias formas de ser engañado: algunas consisten en creer en lo que no es cierto y otras en negarse a creer lo que es cierto”. Lo termine de leer y quede satisfecho.

  6. “Somos seres sociales: nos comunicamos y tenemos curiosidad sobre cómo piensan y sienten otras personas, no nos gusta que nos ignoren. Al mismo tiempo, escondemos partes de nosotros mismos del mundo”. De este modo, apunta la autora que “Kierkegaard era una persona complicada y estaba dividido entre el deseo de atención y reconocimiento y los sentimientos de miedo y vergüenza por ser mirado. Quizás todos podamos relacionarnos con eso hasta cierto punto, pero para Kierkegaard vivir en esta contradicción fue una experiencia intensa y extrema”. Estas reflexione me motivan a cuestionar brevemente pero con mucha ignorancia, poqrue hace mucho tiempo estoy alejado de la filosofía, que es muy amplia y compleja, como emprendedor estudio para lo que tabajo, sin mebargo gusto de la buena lectura como en este art{iculo, me gusto porque despierta en mí una nueva búsqueda en mi creencia cristiana.

  7. La dilosofía de Soren Kierkegaard me parce contradictoria y temerosa de dios pero al mismo timepo agresiva y rebelde que está en constante búsqueda. Su fe es un salto que siempre estará acompañado por la duda. De hecho, la duda es el fundamento de la fe. Si Dios fuera un objeto de experiencia, no hablaríamos de fe, sino de evidencia. Su filosofía es abundante y admirable toda vez que no se rebela ante Dios sino que cuestiona la vida del hombre en mi humilde opini+on.

  8. Kierkegaard es reconocido como una importante e influyente figura del pensamiento contemporáneo, sobrepasando los límites de la filosofía, la teología, la psicología y la literatura. Soren tiene mucha influencia sobre Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre y otros filósofos del siglo XX.

  9. Soren Kierkegaard su obra trata de cuestiones religiosas: la naturaleza de la fe cristiana, la institución de la Iglesia, la ética cristiana, las emociones y sentimientos que experimentan los individuos al enfrentarse a las elecciones que plantea la vida. En una primera etapa escribió bajo varios seudónimos presentando sus argumentos mediante un complejo diálogo. Acostumbraba a dejar al lector la tarea de descubrir el significado de sus escritos porque, según decía, «la tarea debe hacerse difícil, pues solo la dificultad inspira a los nobles de corazón».

  10. Suren fue un filósofo y teólogo danés, considerado el padre del existencialismo. Su filosofía se centra en la condición de la existencia humana, en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad, en la desesperación y la angustia,