Por: CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN. Economista hispano-argentino y catedrático en la Universidad Complutense de Madrid. Profesor del Máster en Economía del Centro OMMA y del Máster Oficial en Periodismo El Mundo.

El Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz es un ilustre representante del pensamiento hegemónico, que subraya que el problema grave que nos afecta es el capitalismo. Como los males del capitalismo empalidecen frente al horror que ha representado el anticapitalismo, los políticamente correctos se apresuran a aclarar que ellos no están en contra del capitalismo, sino a favor. Eso sí, como el capitalismo (rebautizado “globalización” o “neoliberalismo”) adolece de innumerables defectos, la tarea pendiente es reformarlo para preservarlo. En esa línea se inscribe este nuevo libro de Stiglitz, que es un extraño salvador del capitalismo: lo quiere salvar de sí mismo, y su recomendación es redimirlo socializándolo.

Este acrobático ejercicio demanda una sucesión de distorsiones, que el Nobel acomete con entusiasmo. Sin decir prácticamente ni una palabra sobre los resultados catastróficos del socialismo real, nos pinta un retrato lúgubre de lo que ha sucedido en el mundo, particularmente en el anglosajón, después de que esa pareja siniestra, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, atacaran el paraíso igualitario que les precedió. Los viejos del lugar recordamos que ese paraíso jamás existió, pero nada arredra a Stiglitz, que insiste en que han transcurrido unas décadas oprobiosas en las que bajaron los impuestos y se achicó el Estado por culpa del pérfido “fundamentalismo del mercado”. Incluso los jóvenes del lugar saben que esto es dudoso, pero al autor le interesa llegar al principal demonio, el peor de todos: Donald Trump. Una y otra vez arremete contra el presidente de su país, asegurando que con él no hay manera de que prosperen los norteamericanos, salvo el proverbial 1 % de multimillonarios.

Los datos no lo avalan, pero él sigue adelante. Aquí una muestra de su rigor: “Trump no cuenta con un plan para ayudar al país; tiene uno para que los situados en la cúpula continúen saqueando a la mayoría”. Llega a asociarlo con los nazis, seriamente. Y seriamente cabe preguntarse: si Estados Unidos es así, ¿por qué tantos millones de trabajadores están dispuestos a sobrellevar penurias para ir a vivir allí?

Conviene recordar que este salvador del capitalismo, ataca a Bolsonaro, pero derramó elogios hacia la tiranía chavista y hacia el corrupto kircherismo de mi Argentina natal. Una vez Fidel Castro comentó que Stiglitz era más izquierdista que él. Lo comprueba el lector cuando, típicamente, le echa la culpa de la crisis a los bancos, pero ignora el papel de los bancos centrales; quiere transformar a las empresas tecnológicas en entes “de utilidad pública” e
incluso nacionalizarlas; asegura que teme al Gran Hermano, pero solo si es privado.

La pretensión analítica de Stiglitz descansa sobre la idea de que el mercado solo brinda resultados positivos cuando es perfecto, es decir: nunca. Y a partir de ahí desgrana una serie de condenas a las empresas, de estafa, explotación y manipulación, que urgen la intervención correctora del Estado y los sindicatos, a los que no diagnostica imperfecciones insuperables. Es un extraño salvador del capitalismo alguien que pretende socavar sus fundamentos institucionales, y que asegura que esa salvación pasa por más Estado, más impuestos y más intervención política. Y sostiene que así se protegerá la democracia, supuestamente amenazada por el capitalismo, y tendremos por fin justicia y un medio ambiente sostenible.

El caso de la justicia ilustra cómo su recelo ante el capitalismo es recelo ante la libertad. Stiglitz se muestra molesto porque haya jueces en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos que se atrevan a poner algún freno al intervencionismo, porque todos deberían facilitar la extensión del poder político. Hay que señalar, por último, que su análisis contrario al proteccionismo es en líneas generales correcto. También lo es la traducción, aunque habría merecido una revisión la errada forma de llamar “economía de subsidio a la oferta” a la supply-side economics.

Fuente: El Cultural

Vídeo de apoyo:  Joseph Stiglitz : “cuatro años más de este sistema, y el daño será difícil de reparar”- Fuente: FRANCE 24 Español

Vídeo complmentario RECOMENDADO: Efecto Naím conversa con el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz.

14 Comentarios

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  1. Así, como el capitalismo ha sido rebautizado “globalización” o “neoliberalismo” adolece de innumerables defectos, la tarea pendiente es reformarlo para preservarlo. A pesar de ello es el único sistema a mejorar en democracia no como el sistema totalitario comunista.

  2. Opina Stinglitz: América Latina ha sido históricamente una parte del mundo con un alto nivel de desigualdad. En algunos países, hubo movimientos, avances en la reducción de la desigualdad durante un largo período. Brasil tanto con Cardoso como con Lula y Argentina con los Kirchner tuvieron reducciones significativas en la desigualdad, incluso Bolivia tuvo. Pero aun yendo en la dirección correcta, el nivel de desigualdades sigue siendo muy alto.

  3. Cuba es el peor de los ajemplos en América Latina y el Caribe, siempre apoyado por la URSS y luego por la China han tenido injereencia política en todo el continente en guerras de guerrillas y narcotrafico. Todo para debilitar la democaracia.

  4. Latinoamérica es la región más desigual del mundo y el consejo de Stiglitz para los gobernantes es abordar rápido este problema social, al que ha dedicado varios de sus últimos libros. Me gusto el artículo.

  5. Stiglitz, premio Nobel de Economía, insiste en que, aunque no nos lo parezca, tenemos el poder de reconstruir los cimientos del capitalismo. En este oportuno libro, identifica las verdaderas fuentes de la prosperidad económica compartida, basadas en la investigación, la educación y el imperio de la ley.
    Consciente de los peligros del fundamentalismo de mercado, y de la amenaza al poder judicial, las universidades y los medios de comunicación, instituciones que durante mucho tiempo han sido la base de la prosperidad y la democracia, nos descubre cómo hemos llegado a esta situación y marca el camino para combatir algunos de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

  6. Todos tenemos la sensación de que el sistema económico se inclina a favor de las grandes empresas. Unas pocas corporaciones dominan sectores enteros; la industria financiera regula la economía a su antojo; los gobiernos negocian acuerdos comerciales que en absoluto benefician a los intereses de los ciudadanos; y las tecnológicas custodian celosamente una ingente cantidad de datos personales sin supervisión y trafican con ellos. Las nuevas tecnologías, lejos de ayudar, tienden a empeorar las cosas, contribuyendo a disparar la desigualdad, ralentizar el crecimiento y fomentar el desempleo. Stiglitz cuestiona el sistema capitalista desde adentro para cambiarlo progresistamente.

  7. Todos tenemos la sensación de que el sistema económico se inclina a favor de las grandes empresas. Unas pocas corporaciones dominan sectores enteros; la industria financiera regula la economía a su antojo; los gobiernos negocian acuerdos comerciales que en absoluto benefician a los intereses de los ciudadanos; y las tecnológicas custodian celosamente una ingente cantidad de datos personales sin supervisión y trafican con ellos. Stiglitz quiere sensibilizar y mejorar el sistema.