Elsa GalarzaElsa Galarza

Un año perdido

“En un contexto de crisis global, como el que estamos atravesando, un país no se gobierna con sorpresas, sino con estabilidad”, sostiene la directora de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico.

Al año de iniciada una nueva administración, es el momento en que se puede observar con claridad la visión de desarrollo de país planteada; el rumbo y prioridad de las políticas públicas y las posibles reformas a trabajar; y el equipo técnico que liderará esas acciones, ya más afiatado y con conocimiento de la situación del país y de los retos que deberá enfrentar.

Cuanto más preparado se encuentre un nuevo gobierno, más rápidamente se podrán ver los elementos mencionados y, al año de iniciar un gobierno, se habrá tomado el rumbo establecido y algunas políticas estarán ya en marcha. Lamentablemente, parece que aún estuviésemos en los días iniciales de un nuevo gobierno, donde se sabe poco y la incertidumbre reina.

¿Por qué es importante tener una visión de desarrollo del país? La visión permite plantear objetivos concretos de desarrollo y así poder articular los esfuerzos de los agentes económicos, es decir, de los inversores, las empresas, las organizaciones sociales, la cooperación y los ciudadanos, para alcanzar el bienestar de todos.

Asimismo, algunos de los objetivos deben ser priorizados y lograrse en el corto plazo, mientras que otros requerirán cambios profundos que tomarán tiempo.

Una visión clara de lo que se quiere lograr compromete a los agentes y permite tomar acciones y crear sinergias. Hoy no sabemos con certeza qué se quiere lograr, cuáles son las prioridades y los objetivos de corto y largo plazo. Se habla de cambiar la Constitución, luego se descarta, pero luego vuelve a la agenda.

¿Qué políticas públicas se han priorizado o han estado dirigidas a fortalecer ciertos sectores o temas? A través de las políticas públicas es que esa visión de país empieza a tomar forma.

Las políticas establecen la manera a través de la cual se promueve el desarrollo de un sector o se busca resolver los problemas públicos. El diseño de políticas tiene que incluir los mecanismos que se utilizarán para lograr los objetivos. Hace un año se plantearon diez ejes de la política de gobierno en el marco del bicentenario del Perú. Uno de ellos, el sexto eje, fortalecimiento del sistema democrático, seguridad ciudadana y lucha contra la corrupción, narcotráfico y terrorismo, no registra mayor avance concreto, y por el contrario, muchos analistas estiman que ha empeorado la situación respecto al inicio de gobierno.

¿Tenemos equipos de técnicos bien preparados que puedan liderar el camino de cambios y mejoras en el ámbito público? Se ha mencionado reiteradamente que la meritocracia es fundamental para lograr diseñar buenas políticas públicas, y para tener una gestión pública eficiente y eficaz.

La realidad nos ha demostrado que en lo que va del gobierno se ha nombrado a más de 50 ministros en cuatro gabinetes, lo que ha significado también la renuncia y el cambio de muchos servidores públicos en el ámbito técnico. Ello ha provocado desde retrasos en los procesos de compras públicas y el deterioro de la calidad de los servicios públicos, hasta indicios de corrupción y pérdida de rumbo de las políticas sectoriales.

En un contexto de crisis global, como el que estamos atravesando, un país no se gobierna con sorpresas, sino con estabilidad. Para que las decisiones que tenemos que tomar sean exitosas, necesitamos contar con la mejor información y con la mayor certeza posible. El bienestar de todos los peruanos depende de ello.

Mercado laboral y pobreza, por Miguel Jaramillo Baanante

“El número de trabajadores en informalidad llegó a 9,45 millones de personas durante el año que pasó, un máximo histórico para el país”, señala el investigador principal de Grade.

"¿Por qué en un año en el que el PBI creció 13%, la pobreza se redujo, apenas, 2,6 puntos porcentuales?", cuestiona Jaramillo. (Foto referencial: EFE)
«¿Por qué en un año en el que el PBI creció 13%, la pobreza se redujo, apenas, 2,6 puntos porcentuales?», cuestiona Jaramillo. (Foto referencial: EFE)
Miguel Jaramillo Baanante. El Comercio

Recientemente fueron publicadas las cifras de pobreza para el 2021. Algunos las recibieron con cierta sorpresa. Naturalmente, la pregunta es por qué en un año en el que el PBI creció 13% la pobreza se redujo tan poco, apenas 2,6 puntos porcentuales. Esto nos deja todavía bastante lejos del nivel prepandemia. Para los que estudiamos el mercado laboral, sin embargo, no hay razón para la sorpresa. Las cifras que arroja son perfectamente consistentes con un escenario de escaso avance en la reducción de la pobreza y nula reducción de la vulnerabilidad. Veamos por qué.

En efecto, en una entrega anterior presentamos un somero balance de lo que nos ha dejado el mercado laboral en el 2021. El resumen rezaba: un mercado laboral menos productivo, menos equitativo y más precario. La conexión con un desalentador avance en la reducción de la pobreza no parece distante. Sin embargo, es bueno hacer explícitos los mecanismos que vinculan al mercado laboral con las cifras de pobreza, para entender qué se puede hacer desde las políticas del mercado de trabajo para reducirla efectivamente.

Conceptualmente, la relación es sencilla y directa. El mercado laboral es donde la gran mayoría de personas obtiene sus ingresos. Estos ingresos son la principal fuente de financiamiento del gasto de las personas y los hogares, que es la variable clave para definir su situación de pobreza.

En promedio, en Lima Metropolitana los ingresos han caído poco más de 10% entre fines del 2019 y el mismo período del 2021 [ver gráfico 1]. Esto, sin embargo, no es suficiente para predecir un incremento de la pobreza en dicho período. Los ingresos pueden haber caído entre los no pobres. Por otro lado, los ingresos laborales de los trabajadores en el sector formal se han mantenido e incluso crecido (3,8%). En contraste, los ingresos de los trabajadores asalariados informales y de los independientes, entre los que nueve de cada 10 son informales, han caído -4% y -13%, respectivamente.

Es precisamente en estos grupos donde se concentran los pobres. Hay muy pocos trabajadores formales entre los pobres, e incluso entre los vulnerables [ver gráfico 2]. La evolución de los ingresos en el sector informal resulta, entonces, un buen predictor de la pobreza.

Lamentablemente, no hay visos de reducción de la informalidad. El número de trabajadores en condición de informalidad llegó a 9,45 millones de personas durante el año que pasó, lo cual es un máximo histórico para el país. Además, el número de personas con un empleo formal fue el más bajo en casi una década, 3,78 millones de personas. La combinación de bajo crecimiento del empleo formal, creciente informalidad y magra recuperación de los ingresos en el sector informal nos condena a mayor pobreza.

Vista así la situación, la primera prioridad del “Gobierno del pueblo” para combatir la pobreza debería ser promover el empleo formal. Lo que se observa es todo lo contrario: las políticas se orientan a ahuyentar las inversiones y hacer más onerosa la contratación formal. Por si esto no fuera suficiente, se liquida el ahorro previsional de los trabajadores formales, bajo el indefendible argumento de “cubrir la necesidades económicas causadas por la pandemia del COVID-19″. Como muestran los datos de ingresos presentados más arriba, no son los trabajadores formales los que necesitan ayuda. Más aún, la pandemia que vivimos hoy ya no es tanto la del COVID-19, como la de la incompetencia y la corrupción.

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Confirmado: más pobres en un país rico

¿Por qué el Gobierno mantiene 2,369 obras públicas paralizadas?

Confirmado: más pobres en un país rico
 GUILLERMO VIDALÓN. El Montonero
 18 DE ENERO DEL 2022

 

La economía tiene mucho de psicología. Sobre todo cuando el principal responsable de emitir señales de confianza se muestra dubitativo y decide observar la ley que significaría un candado al malhadado proyecto de cambio constitucional (por el simple hecho de haber enarbolado ese proyecto durante la campaña electoral).

Si el Poder Ejecutivo persiste en ese camino, lo que ha registrado el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) respecto a la caída de los ingresos promedios de las familias, así como el aumento del desempleo es sólo el comienzo. En 2021, más de dos millones de ciudadanos habrían pasado a engrosar las filas del subempleado, la mayor cifra en al menos siete años. Y, lo más preocupante es que dicha cifra está referida a quienes residen en la capital. Se dirá que la pandemia es la responsable; es cierto en parte, pero cabe preguntarse ¿qué ha hecho el actual gobierno para revertir esa situación?

En adición, la inseguridad ciudadana es cada vez mayor y la criminalidad campea sin escrúpulo alguno por todos los barrios de la Ciudad de Los Reyes, que ha cumplido 487 años de su fundación española. Algo similar ocurre en las provincias del país: desempleo, criminalidad creciente y mayor pobreza.

Pedro Castillo no se está percatando del despeñadero por el que está conduciendo al país. O está informado sobre el particular y conscientemente desea una sociedad igualitaria en la miseria y la desesperación de la población para seguir el rumbo del “socialismo del siglo XXI”. Porque no hay otra explicación que justifique su accionar.

Con cifras correspondientes a noviembre del 2021, el INEI ha registrado que tres sectores económicos arrojan cifras negativas: construcción, uno de los primeros generadores de puestos de trabajo; minería, impactada por las frecuentes paralizaciones en Las Bambas, una de las mayores productoras de concentrado de cobre; y el sector financiero y de seguros, por la ralentización de la economía que afecta la cadena de pagos.

Pretender que el rebote estadístico del Producto Bruto Interno del 2020 al 2021 refleja un crecimiento que añade mayores ingresos a los bolsillos de los trabajadores es una engañifa. Para que el poblador sienta que sus ingresos mejoran habría que crecer por encima del 6% anual. La economía cuenta con ese potencial, pero al parecer el Gobierno no desea dicho crecimiento porque fortalecería los niveles de confianza ciudadana en el sistema de generación de riqueza, ¿aquel que desean destruir?

Si se desea crecimiento y empleo de calidad, cabe preguntarse por qué el Gobierno mantiene 2,369 obras públicas paralizadas, por más de S/ 22,453 millones, según la Contraloría General de la República. ¿Por qué no respaldar proyectos como Majes Siguas II –con su componente energético, la hidroeléctrica de Lluclla– y el proyecto cuprífero Tía María, que está listo para iniciar su ejecución-?

Sacando adelante esos proyectos, al menos para la región Arequipa, el gobierno habría hallado la oportunidad de afirmar con algo de certeza: “No más pobres en un país rico”.

22 Comentarios

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  1. Sin duda alguna, este gobierno es un descalabro, incapaz e incompetente para dirigir un país con recursos materiales y humanos, estos últimos ávidos de emerger de la situación social y económica por la que se encuentran. Las estadísticas no mienten, por el contrario, condenan la actual política económica de Castillo. A veces me pongo a pensar que en el fondo, este tipo si sabe lo que quiere, y es el de insertar al Perú en el dizque socialismo del siglo 21, cuyas consecuencias nefastas son por todos conocidos. Si no se saca a este tipo de palacio, Dios nos coja confesados.

  2. En un contexto de crisis global, como el que estamos atravesando, un país no se gobierna con sorpresas, sino con estabilidad. Para que las decisiones que tenemos que tomar sean exitosas, necesitamos contar con la mejor información y con la mayor certeza posible. El bienestar de todos los peruanos depende de ello.
    Vista así la situación, la primera prioridad del “Gobierno del pueblo” para combatir la pobreza debería ser promover el empleo formal. Lo que se observa es todo lo contrario: las políticas se orientan a ahuyentar las inversiones y hacer más onerosa la contratación formal. Por si esto no fuera suficiente, se liquida el ahorro previsional de los trabajadores formales, bajo el indefendible argumento de “cubrir la necesidades económicas causadas por la pandemia del COVID-19″. Como muestran los datos de ingresos presentados más arriba, no son los trabajadores formales los que necesitan ayuda. Más aún, la pandemia que vivimos hoy ya no es tanto la del COVID-19, como la de la incompetencia y la corrupción.
    No mas pobres en un país rico. El gobierno de Castillo defrauda a sus electores. El país puede caer en el abismo del extremismo.

  3. “El número de trabajadores en informalidad llegó a 9,45 millones de personas durante el año que pasó, un máximo histórico para el país”, señala el investigador principal de Grade. Responsabilidad del gobierno inepto de Castillo.

  4. Lamentablemente, no hay visos de reducción de la informalidad. El número de trabajadores en condición de informalidad llegó a 9,45 millones de personas durante el año que pasó, lo cual es un máximo histórico para el país. Además, el número de personas con un empleo formal fue el más bajo en casi una década, 3,78 millones de personas. La combinación de bajo crecimiento del empleo formal, creciente informalidad y magra recuperación de los ingresos en el sector informal nos condena a mayor pobreza. Lo peor, aún son los aires de soberbia de un presidente ignorante y cada día más comprometido como cabeza de una organización criminal, Hay que decirlo para que el pueblo tome conciencia de una vacancia cada día más necesaria.

  5. Completamente cierto lo que afirma elsa Galarza de la Universidad del Pacífico. ¿Qué políticas públicas se han priorizado o han estado dirigidas a fortalecer ciertos sectores o temas? A través de las políticas públicas es que esa visión de país empieza a tomar forma.
    Las políticas establecen la manera a través de la cual se promueve el desarrollo de un sector o se busca resolver los problemas públicos. El diseño de políticas tiene que incluir los mecanismos que se utilizarán para lograr los objetivos. Hace un año se plantearon diez ejes de la política de gobierno en el marco del bicentenario del Perú. Uno de ellos, el sexto eje, fortalecimiento del sistema democrático, seguridad ciudadana y lucha contra la corrupción, narcotráfico y terrorismo, no registra mayor avance concreto, y por el contrario, muchos analistas estiman que ha empeorado la situación respecto al inicio de gobierno.
    Con este gobierno de izquierda no se ha avanzado nada, hemos involucionado.

  6. Recientemente fueron publicadas las cifras de pobreza para el 2021. Algunos las recibieron con cierta sorpresa. Naturalmente, la pregunta es por qué en un año en el que el PBI creció 13% la pobreza se redujo tan poco, apenas 2,6 puntos porcentuales. Esto nos deja todavía bastante lejos del nivel prepandemia. Para los que estudiamos el mercado laboral, sin embargo, no hay razón para la sorpresa. Las cifras que arroja son perfectamente consistentes con un escenario de escaso avance en la reducción de la pobreza y nula reducción de la vulnerabilidad. Veamos por qué. Pero no hay que ser estadista para darse cuenta que ir al mercado y salir a las calles y ver los precios y ver que no hay demanda ni compra de consumidores estamos peor con Pedro castillo y sentir el clamor de la queja popular, especialmente de las madres de familia para ver el nivel de pobreza. m

  7. Lo que afirma El Montonero es real y cierto. La economía tiene mucho de psicología. Sobre todo cuando el principal responsable de emitir señales de confianza se muestra dubitativo y decide observar la ley que significaría un candado al malhadado proyecto de cambio constitucional (por el simple hecho de haber enarbolado ese proyecto durante la campaña electoral).
    Si el Poder Ejecutivo persiste en ese camino, lo que ha registrado el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) respecto a la caída de los ingresos promedios de las familias, así como el aumento del desempleo es sólo el comienzo. En 2021, más de dos millones de ciudadanos habrían pasado a engrosar las filas del subempleado, la mayor cifra en al menos siete años. Y, lo más preocupante es que dicha cifra está referida a quienes residen en la capital. Se dirá que la pandemia es la responsable; es cierto en parte, pero cabe preguntarse ¿qué ha hecho el actual gobierno para revertir esa situación?
    Estamos en el peor momento de nuestra vida republicana con el peor gobierno de nuestra historia.

  8. Al año de iniciada una nueva administración, es el momento en que se puede observar con claridad la visión de desarrollo de país planteada; el rumbo y prioridad de las políticas públicas y las posibles reformas a trabajar; y el equipo técnico que liderará esas acciones, ya más afiatado y con conocimiento de la situación del país y de los retos que deberá enfrentar.
    Cuanto más preparado se encuentre un nuevo gobierno, más rápidamente se podrán ver los elementos mencionados y, al año de iniciar un gobierno, se habrá tomado el rumbo establecido y algunas políticas estarán ya en marcha. Lamentablemente, parece que aún estuviésemos en los días iniciales de un nuevo gobierno, donde se sabe poco y la incertidumbre reina. Un buen artículo de actualidad.

  9. A cerca de un año año el país esta en un desgobierno y corrupción generalizada por Pedro Castillo. En adición, la inseguridad ciudadana es cada vez mayor y la criminalidad campea sin escrúpulo alguno por todos los barrios del Perú con desempleo, criminalidad creciente y mayor pobre