UNA DAMA DE HIERRO PARA ESPAÑA

Margaret Thatcher: Margaret Thatcher, de hija de tendero a dama de hierro | elmundo.es
Margaret Thatcher, de hija de tendero a dama de hierro de InglaterraOvacionada por su partido en 1989. Reuters

El 4 de mayo de 1979 Margaret Thatcher (1925-2013 Londres), tras ganar el Partido Conservador las elecciones por mayoría absoluta, se convirtió en la primera mujer en la historia del Reino Unido en ocupar el cargo de primer ministro. Ese mismo día fue llamada a Buckingham Palace para formar gobierno. Después, frente al 10 de Downing Street, rodeada de cámaras y periodistas, citó una oración atribuida a San Francisco de Asís: «Allí donde haya discordia, llevemos armonía […] Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya dudas, llevemos la fe. Y donde haya desesperación, llevemos la esperanza».

Antes, el 16 de abril, durante la campaña electoral, Margaret había pronunciado su enérgico discurso en Cardiff, en el que propuso un regreso platónico a la forma original, a los viejos principios de los que, en su opinión, los británicos equivocadamente se habían apartado: “En el mundo de la política he aprendido algo que aquí en Gales nacen sabiendo: si tienes un mensaje, predícalo. Yo soy una política convencida. Los profetas del Viejo Testamento no decían ‘Hermanos, quiero consenso’, sino ‘éstas son mi fe y mi visión, y creo en ellas apasionadamente. Si tú también crees, sígueme […] Desechemos el derrotismo. Bajo los estandartes gemelos del derecho y la libertad, un nuevo y emocionante futuro nos convoca”.

A LO LARGO DE CASI DOS LUSTROS LOS POLÍTICOS SE HAN MOSTRADO SOSPECHOSAMENTE INOPERANTES, COMO SI LA VIGENCIA DE SUS SALVOCONDUCTOS DEPENDIERA DE NO CUESTIONAR EL ORDEN ESTABLECIDO

 

Margaret Thatcher, símbolo de la guerra y la revolución conservadora, nació hoy en la historia: 13 Octubre, 1925 – Interlitq blog
Margaret Hilda Thatcher, baronesa Thatcher de Kesteven, LG, OM, PC, FRS (de soltera Roberts; Grantham, 13 de octubre de 1925 – Londres, 8 de abril de 2013 ) fue una política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990, siendo la persona en ese cargo por mayor tiempo durante el siglo XX y la única mujer que ha ocupado este puesto en su país. Apodada «La Dama de Hierro» por su firme oposición a la Unión Soviética, implementó una serie de políticas conservadoras que llegaron a ser conocidas como thatcherismo. Es el símbolo de la guerra y la revolución conservadora. 

 

Gracias a discursos como este Margaret Thatcher llegó al gobierno a finales de la década de 1970, en un momento en el que el Reino Unido se encontraba al borde del colapso, de hecho, en lo económico se encontraba en quiebra técnica y el Estado había recurrido al Fondo Monetario Internacional para tener liquidez. La economía mostraba alarmantes síntomas de agotamiento y, pese a ello, el sector público seguía creciendo de manera descontrolada a costa del sector privado. Los órganos locales de gobierno, capturados por las élites políticas y los sindicatos, eran inasequibles a los controles financieros y la gestión de las empresas y servicios públicos era peor que deficiente: ruinosa. Por primera vez en su historia el número de desempleados había superado los tres millones, la industria se desmoronaba a una velocidad vertiginosa y la inflación superó el 10 por ciento, llegando a alcanzar el 18 por ciento. En definitiva, el país se iba al garete atrapado en una maraña de colectivos que se habían bunkerizado en las Administraciones Públicas.

Siempre que se alude a la figura de Margaret Thatcher nos vemos atrapados en un debate ideológico. Sin embargo, no se trata de dirimir si Thatcher estaba en lo cierto en sus propuestas políticas. Cada cual tendrá su propio juicio al respecto. La cuestión es otra más trascendente. Como apuntaba el escritor británico Jonathan Coe (Birmingham, 1961), la clave está en que Margaret Thatcher, gustara o no, tenía una visión clara y genuina de cómo transformar el Reino Unido. Cuestión fundamental que un progresista como Coe, que personalmente nunca sintió demasiada simpatía por la dama de hierro, señaló acertadamente.

Hay ocasiones en la historia en las que una sociedad necesita renunciar a la política del corto plazo y arriesgarse a una transformación profunda, a un cambio radical capaz de romper con las poderosas y seculares inercias que la atenazan. Y en un momento así se encontraba la Gran Bretaña de entonces. Margaret Thatcher lo supo ver. Lo transmitió a los votantes y estos le dieron su voto sin saber a ciencia cierta los costes y beneficios que aquella hija de un tendero les acarrearía. Pero la mayoría intuía que de una situación tan endiablada no se saldría sin sacrificios. El instinto de supervivencia pesó más que el miedo.

20 Citas de hierro de Margaret Thatcher

 

De forma muy parecida, el 20 de noviembre de 2011 los españoles, en plena Gran recesión y tan preocupados como los votantes británicos lo estuvieron en su día, decidieron dar a Mariano Rajoy un poder casi absoluto. No le dijeron a este registrador de la propiedad, erigido en líder político por la gracia de Aznar, lo que debía hacer ni cómo debía hacerlo, porque, como apuntó Pericles, no es obligación del ciudadano común “hacer política” sino juzgarla. Sin embargo, se descontaba que el nuevo gobierno cogería el toro por los cuernos y acometería reformas imprescindibles o sucumbiría en el intento.

Si de verdad Rajoy hubiese sido un político de altura, habría aprovechado su prolongada estancia en la oposición para preparar, tal y como Thatcher hizo en su día, un minucioso plan a la altura del envite. Plan que, de haber existido, sin duda habría generado tensiones enormes en el corto plazo, pero también grandes beneficios a largo plazo. Desgraciadamente, Mariano no era Margaret, sino más bien su negación: un político al que le espantaba la confrontación y, en cierta medida, bastante similar al actual presidente, en tanto que no tenía inconveniente en negar sus propias palabras cuando era menester.

Rajoy fue un personaje menor acorde con un universo político capturado por algo peor que la mediocridad, donde no sólo los ideales y principios provocaban sarpullidos, sino que la inteligencia había desaparecido. Así se explica también el lánguido eslogan elegido por Ciudadanos para la campaña electoral de 2011: “El cambio sensato”. Una expresión a medio camino entre lo insustancial y lo lampedusiano. Lo mismo cabe decir de Podemos, que rápidamente y con entusiasmo se sumió en esa casta que tanto habían criticado.

LAS ÉLITES SUELEN ARGUMENTAR QUE GOBERNAR EN ESPAÑA ES MUCHO MÁS DIFÍCIL QUE EN CUALQUIER OTRO LUGAR. LA RAZÓN QUE ESGRIMEN ES EL PÉSIMO MATERIAL HUMANO QUE CONSTITUYE LA BASE SOCIAL DE NUESTRO PAÍS

 

Pin de carmen Zapata moreno en frases | Verdades, Pensamientos, Envidia

 

El caso es que a lo largo de casi dos lustros los políticos se han mostrado sospechosamente inoperantes, como si la vigencia de sus salvoconductos dependiera de no cuestionar el orden establecido. Y no me refiero al orden constitucional, porque ese, dígase lo que se quiera, ya nadie lo defiende, al menos no con hechos.

Ante este panorama, la pregunta es: ¿realmente la inanidad de la España política, la vieja y la nueva, es reflejo de la sociedad?

Las élites suelen argumentar que gobernar en España es mucho más difícil que en cualquier otro lugar. La razón que esgrimen es el pésimo material humano que constituye la base social de nuestro país. La inteligencia popular es bastante precaria, y eso obliga a hilar muy fino, tanto que no hay manera de zurcir los rotos sin que el paño institucional se haga jirones. Así que han optado por vivir confortablemente instalados en la búsqueda permanente de un marco para un consenso o un consenso para un marco, da igual, porque, para ellos, la política no es compromiso sino sustento.

Frases de Margaret Thatcher y cómo se convirtió en la Dama de Hierro
La Dama de Hierro, como también es conocida, fue la primera mujer en ocupar el cargo de Primera Ministra en Reino Unido de 1979 hasta 1990. Durante su gobierno, apoyó la privatización de empresas estatales, entre otras instituciones públicas. Manejo con resolución y firmeza su país. El pueblo inglés se identificó con su Primera Ministra. Luis Pintado

 

Cualquiera que conozca el Reino Unido o, al menos, esté bien informado, sabrá que en lo que respecta a su base social no hay grandes diferencias con España. Los populosos barrios británicos no están poblados por seres virtuosos, cultos y sensibles. De hecho, en comparación diríase que el español llano es una bendición. La diferencia no está tanto en la base social como en las élites de ambos países.

Respecto al mito de la superioridad cívica, en Reino Unido la ley ha sido tradicionalmente más severa y rigurosa que en España. Pero la ley por sí misma no forma mejores ciudadanos. De hecho, según cruzan el Estrecho, muchos británicos parecen perder la civilidad. Y es que desincentivar mediante multas y penas de cárcel que circulemos a 200 kilómetros por hora no nos hace mejores conductores, como tampoco criminalizar el fraude convierte a las personas en entusiastas contribuyentes.

La regeneración política es otra cosa muy distinta y requiere compromisos mucho más consistentes. Para empezar, requiere recuperar la política, porque sólo la fuerza de las ideas, la convicción, la generosidad, los principios, la razón serán capaces de romper el fatídico círculo vicioso, generar esa voluntad que mueve montañas, que impulsa a muchos ciudadanos a actuar de forma desinteresada y altruista en pos de aquello que consideran justo y conveniente.

En la imagen, la candidata conservadora sostiene a un ternero durante la campaña electoral de 1979 que la auparía hasta el poder.

 

Volviendo a Margaret Thatcher, Roger Scruton reconoció: “Mirando hacia atrás, debo decir que el mayor legado de Thatcher fue haber colocado a la nación y el interés nacional en el centro de la política”. Sin embargo, en su opinión, Thatcher no era una intelectual. Obedecía más al instinto que a una filosofía correctamente elaborada. Como recordaba el editorial del Times, al día siguiente de su muerte, “era una mujer de verdades simples». De ahí que haya prevalecido la creencia de que Thatcher, en su simpleza, se dedicó a promover la economía de mercado desechando la filosofía del conservadurismo y exacerbó el individualismo que, para muchos, está en la raíz del hedonismo que nos asuela.

En este sentido, Scruton recuerda también como muchos intelectuales de entonces recibieron con alborozo la afirmación de Thatcher de que “no existe la sociedad”, porque la consideraron una prueba irrefutable de su burdo individualismo y de su ignorancia filosófica, pero sobre todo de su complicidad con una generación de hombres de negocios, cuyos ideales “podían resumirse en tres palabras: dinero, dinero, dinero”.

Sin embargo, apunta Scruton, lo que Thatcher quiso decir es que existe la sociedad, pero que esa sociedad es distinta del Estado. Está compuesta por personas, que se asocian libremente y forman comunidades de interés que los políticos no tienen de ningún modo derecho a someter. Así pues, lo que el público británico quería, y lo que consiguió, era un político instintivo que hablara de forma sencilla e inteligible. Alguien para quien el Estado de derecho fuera más importante que cualquiera otra cosa, porque sin eso todo lo demás podría perderse, incluso la propia nación, y con ella, cada uno.

Ocurre que Thatcher es británica, y por estos pagos, no sin razones, tal circunstancia genera rechazo, en especial en una parte de la derecha que no olvida las mil y una afrentas de la pérfida Albión. Y también porque lo liberal, desde la década de 1950 en adelante, parece ser patrimonio de una serie de tribus que manifiestan un infantilismo atroz. Pese a todo, que el amor por el dinero haya terminado convirtiéndose en una obsesión generalizada, o que nuestro interés particular sea hoy lo único que nos anime, aun en perjuicio de la propia supervivencia a largo plazo, no es herencia de Thatcher. Y no lo es porque el egoísmo a ultranza, que es el signo de nuestro tiempo, y la búsqueda del beneficio a cualquier precio degeneran en una corrupción, material y moral, que compromete la supervivencia del Estado de derecho, tal y como lamentablemente estamos comprobando. Y eso Thatcher nunca lo habría tolerado. Como tampoco habría tolerado que las nuevas religiones del Estado hayan terminado por ser obligatorias.

Quienes arruinaron la herencia que de alguna forma Thatcher pudo dejar fueron, primero, sus sucesores dentro del partido conservador y, después, los adversarios laboristas, porque todos, de un modo u otro, han vuelto por donde solían. Este regreso a los errores colectivistas de los 70 no es exclusivo de Gran Bretaña. Como tampoco lo es que la política se haya sustanciado en una forma de vida, de tal suerte que todos los partidos tienden a servirse de la política y no a hacer política para servir. Ambos son fenómenos bastante extendidos. Pero si hay que señalar un país que destaque en esto por encima del resto, ese sin duda es el nuestro. Ojalá surja aquí algún líder capaz de repetir aquellas palabras que, por un tiempo, cambiaron el signo de la historia: «Allí donde haya discordia, llevemos armonía. Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya dudas, llevemos la fe. Y donde haya desesperación, llevemos la esperanza».

Fuente:

Disidenta

Javier Benegas
Cofundador del diario Vozpópuli, donde ejercía de Jefe de Opinión. Actual  publicista y analista político, articulista y escritor. Coautor de Catarsis y autor de Sociedad terminal. Publica en medios online y participa en programas de radio y televisión.

¿Por qué Margaret Thatcher era conocida como “la dama de hierro”? NTN24

BIOGRAFÌA DE MARGARET THATCHER: LA DAMA DE HIERRO. PRIMER MINISTRO DE INGLATERRA. Tony Miskatonic NEWS

 

14 Comentarios

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  1. Margaret thatcher, un ejemplo de vida, ejemplo a seguir y un tipo de personaje que tanto le hace falta al Perú, un país en el que ahora ya ni los peruanos pueden opinar libremente, ni caminar tranquilos; por una malicia foranea que pudre más la sociedad, de lo que ya estaba.
    Excelente artículo, un gran ejemplo de superación personal y de como nunca hay que dejar de aspirar a más, a pesar de las circunstancias y la situación económica.

  2. Es bien sabido que hay ocasiones en la historia que una sociedad necesita renunciar a la política del corto plazo y arriesgarse a una transformación profunda, a un cambio radical capaz de romper con las poderosas y seculares inercias que la atenazan. Una de las causales puede entenderse como el hecho de que son muchos los partidos, porque no debemos generalizar, que tienden a servirse de la política y no a hacer política para servir. Sin embargo, a lo largo de los años, existieron figuras que supieron transcender en la historia por su indudable labor.

    Margaret Thatcher, la ‘’Dama de hierro’’, es indudablemente una de ellas. Se le atribuye ese magnánimo seudónimo gracias a su paso firme por la política inglesa, el liderazgo con que el gobernó una nación y las afrentas que supero.

    En palabras usadas por Margaret, por un cambio desde la raíz: «Allí donde haya discordia, llevemos armonía. Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya dudas, llevemos la fe. Y donde haya desesperación, llevemos la esperanza».

  3. En 1976, Thatcher pronunció un discurso en el Ayuntamiento de Kensington, en el cual hizo un ataque mordaz a la Unión Soviética; en respuesta, el diario del Ministerio de Defensa soviético Krásnaya Zvezda —estrella roja— la llamó la «Dama de hierro»:
    Los rusos se empeñan en el dominio del mundo, y rápidamente están adquiriendo los recursos para convertirse en la nación imperial más poderosa que el mundo haya visto. Los hombres en el politburó soviético no tienen que preocuparse por el flujo y reflujo de la opinión pública. Ponen las armas antes de la mantequilla, mientras nosotros ponemos casi todo antes que las armas.
    A mediados de 1978, la economía comenzó a mejorar y las encuestas de opinión mostraban a los laboristas en la delantera con las elecciones generales planeadas para unos meses después, en las que tenían buenas posibilidades de ganar. El primer ministro James Callaghan sorprendió a muchos al anunciar el 7 de septiembre que no habría elecciones generales y que esperaría hasta 1979 antes de acudir a las casillas. Thatcher reaccionó a esto calificando a los laboristas como «gallinas» y el líder del Partido Liberal, David Steel, se le unió criticándolos por «correr asustados».
    El gobierno laborista enfrentó un nuevo malestar público sobre la dirección del país y una serie de huelgas intensas durante el invierno de 1978 y 1979 dieron paso al «Invierno del descontento». Los conservadores criticaron el récord de desempleo del gobierno laborista al utilizar una publicidad con el eslogan «El laborismo no está trabajando».​ Se convocaron a elecciones generales luego de que el gobierno de James Callaghan perdiera una moción de no confianza a principios de 1979.70Los conservadores obtuvieron el 43,9 % de los votos y tuvieron 43 asientos más de lo necesario para formar una mayoría en la Cámara de los Comunes, por lo que Margaret Thatcher se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de primer ministro en la historia del Reino Unido.
    Ya como Primera Ministro emprende reformas de privatización, mejora la empresa privada, enfrenta crisis con los trabajadores mineros, enfrenta y gana la Guerra de las Malvinas y sale adelante siendo reelegida. Sufre un atentado por el ejército clandestino y terrorista del IRA donde mueren varios de sus funcionarios y enfrenta valientemente todas las crisis que tuvo. Muere a los 87 años pasando a la historia como una gran gobernante.

  4. De forma muy parecida, el 20 de noviembre de 2011 los españoles, en plena Gran recesión y tan preocupados como los votantes británicos lo estuvieron en su día, decidieron dar a Mariano Rajoy un poder casi absoluto. No le dijeron a este registrador de la propiedad, erigido en líder político por la gracia de Aznar, lo que debía hacer ni cómo debía hacerlo, porque, como apuntó Pericles, no es obligación del ciudadano común “hacer política” sino juzgarla. Sin embargo, se descontaba que el nuevo gobierno cogería el toro por los cuernos y acometería reformas imprescindibles o sucumbiría en el intento.
    Si de verdad Rajoy hubiese sido un político de altura, habría aprovechado su prolongada estancia en la oposición para preparar, tal y como Thatcher hizo en su día, un minucioso plan a la altura del envite. Plan que, de haber existido, sin duda habría generado tensiones enormes en el corto plazo, pero también grandes beneficios a largo plazo. Desgraciadamente, Mariano no era Margaret, sino más bien su negación: un político al que le espantaba la confrontación y, en cierta medida, bastante similar al actual presidente, en tanto que no tenía inconveniente en negar sus propias palabras cuando era menester.
    Rajoy fue un personaje menor acorde con un universo político capturado por algo peor que la mediocridad, donde no sólo los ideales y principios provocaban sarpullidos, sino que la inteligencia había desaparecido. Así se explica también el lánguido eslogan elegido por Ciudadanos para la campaña electoral de 2011: “El cambio sensato”. Una expresión a medio camino entre lo insustancial y lo lampedusiano. Lo mismo cabe decir de Podemos, que rápidamente y con entusiasmo se sumió en esa casta que tanto habían criticado.
    A España como a cualquier país que postule una mujer con convicciones democráticas les caería muy bien esta lectura y augurarles éxitos para quienes desees la continuidad y no empernarse en el poder.

  5. Siempre que se alude a la figura de Margaret Thatcher nos vemos atrapados en un debate ideológico. Sin embargo, no se trata de dirimir si Thatcher estaba en lo cierto en sus propuestas políticas. Cada cual tendrá su propio juicio al respecto. La cuestión es otra más trascendente. Como apuntaba el escritor británico Jonathan Coe (Birmingham, 1961), la clave está en que Margaret Thatcher, gustara o no, tenía una visión clara y genuina de cómo transformar el Reino Unido. Cuestión fundamental que un progresista como Coe, que personalmente nunca sintió demasiada simpatía por la dama de hierro, señaló acertadamente.
    Margaret admiraba a Isabel II y se consolido en el poder por su criterio de gran estadista con un estilo político único en Inglaterra, siendo la única en ser tres veces Primer Ministra sufriendo adversidades durante su gobierno. Saco adelante a Inglaterra, especialmente en el aspecto económico.

  6. Este artículo me gusto desde un inicio al leer: El 4 de mayo de 1979 Margaret Thatcher (1925-2013 Londres), tras ganar el Partido Conservador las elecciones por mayoría absoluta, se convirtió en la primera mujer en la historia del Reino Unido en ocupar el cargo de primer ministro. Ese mismo día fue llamada a Buckingham Palace para formar gobierno. Después, frente al 10 de Downing Street, rodeada de cámaras y periodistas, citó una oración atribuida a San Francisco de Asís: «Allí donde haya discordia, llevemos armonía […] Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya dudas, llevemos la fe. Y donde haya desesperación, llevemos la esperanza».
    Continuando la lectura me resulta de mucha formación para todo joven emprendedor, tanto en estrategias como en coraje y decisiones.

  7. Buena oratoria, inteligencia, carisma y mucha resolución y firmeza. Su preparación profesional fue muy buena y destacada. Era de mucho carácter y la formación que le dió su padre, un tendero y pastor metodista le dieron visión cristiana y de gran estadista. Margaret había pronunciado su enérgico discurso en Cardiff, en el que propuso un regreso platónico a la forma original, a los viejos principios de los que, en su opinión, los británicos equivocadamente se habían apartado: “En el mundo de la política he aprendido algo que aquí en Gales nacen sabiendo: si tienes un mensaje, predícalo. Yo soy una política convencida. Los profetas del Viejo Testamento no decían ‘Hermanos, quiero consenso’, sino ‘éstas son mi fe y mi visión, y creo en ellas apasionadamente. Si tú también crees, sígueme […] Desechemos el derrotismo. Bajo los estandartes gemelos del derecho y la libertad, un nuevo y emocionante futuro nos convoca”.
    Excelente artículo