Heinrich Schliemann

Autodidáctico, políglota, empresario y genial historiador

Por: Luis Alberto Pintado Córdova en colaboración con  Alfonso Barba Caballero ABC

Johann Ludwig Heinrich Julius Schliemann, conocido como Heinrich Schliemann (Neubukow, Gran Ducado de Mecklemburgo-Strelitz, 6 de enero de 1822 – Nápoles, Reino de Italia, 26 de diciembre de 1890), fue un millonario prusiano que, tras amasar una fortuna, se dedicó a su gran sueño: la arqueología. A sugerencia del diplomático Frank Calvert, que había trabajado en el lugar siete años antes, excavó el emplazamiento de Troya​ en Hisarlik, y en otros yacimientos homéricos como Micenas, Tirinto y Orcómeno, demostrando que la Ilíada describía realmente escenarios históricos.

Heinrich Schliemann, descubridor de Troya | Actualidad | Cadena SER
Heinrich Schliemann y su esposa Sophia Engastromenos vestida de como Helena de Troya con las joyas y diamantes del histórico hallazgo, fotografía que repartió a todos los periódicos de época para atraer a los turistas amantes de la historia. 

En 1866, después de trasladarse a París, comenzó a estudiar Ciencias de la Antigüedad y Lenguas Orientales en la Universidad de la Sorbona.

Con Sophia tuvo otros dos hijos, a los que puso nombres de personajes homéricos: Andrómaca (1871–1962) y Agamenón (1878–1954).

Convencido de que los poemas de Homero describían una realidad histórica, emprendió expediciones en Grecia y Asia Menor para encontrar los lugares descritos en ellos.

Descubrimiento de Troya

Un Indiana Jones que armó la de Troya - Jot Down Cultural Magazine
Heinrich Schliemann, arriba a la derecha, en la Puerta de los Leones de Micenas, construida en el siglo III a. C. La fotografía fue tomada en 1884.

Heinrich Schliemann, el descubridor de Troya | Cultura | DW | 04.01.2016

El descubrimiento del tesoro de Príamo

En Hisarlik, Heinrich Schliemann empezó a excavar, en 1870, las ruinas de Troya. Frank Calvert había realizado excavaciones preliminares siete años antes de la llegada de Schliemann, y le sugirió que la colina de Hisarlik era el emplazamiento de la mítica ciudad. Posteriormente, Schliemann minimizaría en sus escritos el papel que realmente había tenido Frank Calvert en el descubrimiento.

Proyecto 2: El Tesoro de Príamo | Gabriella Ramos

Los colaboradores de Schliemann destruyeron algunos restos de las capas centrales a causa de sus prisas por alcanzar los estratos más antiguos. En algunas fases de las excavaciones fue acompañado por su esposa griega, que solía clasificar los fragmentos de cerámica y otros restos arqueológicos que eran hallados.

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Existieron numerosas dificultades durante las excavaciones, algunas de ellas derivadas de que hasta entonces se habían realizado pocas excavaciones de tal envergadura y de la inexperiencia de los participantes, más las producidas por el clima del lugar, que favorecía enfermedades como la malaria.

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Schliemann distinguió entre varios estratos correspondientes a distintas fases de ocupación de Troya. Inicialmente creyó que el correspondiente a Troya II era la Troya cantada en la Ilíada.

TRUVA ANTİK KENTİ | Antika, Takı

El Arte de la Orfebrería y Joyería : El Tesoro de Príamo y la máscara de  Agamenón.

La Troya hitita - Arqueologia, Historia Antigua y Medieval - Terrae Antiqvae
La Troya Hitita

Tesoro - Wikipedia, la enciclopedia libre

En 1873 descubrió una colección de objetos y joyas de oro que llamó Tesoro de Príamo. La hizo trasladar ilegalmente a Grecia y por ello, en 1874, fue acusado de robo de bienes nacionales por el Imperio otomano y luego condenado a pagar una multa. Para volver a tener la posibilidad de que las autoridades turcas le permitieran volver a excavar en el futuro, pagó una indemnización mayor y donó algunos hallazgos al museo de Constantinopla. Por otra parte, la comunidad científica cuestionaba sus métodos y sus resultados.

Grandes descubrimientos en Micenas

La llamada Máscara de Agamenón descubierta por Schliemann en Micenas (1876).

Poco después realizó grandes descubrimientos en Micenas, de cuyas ruinas hasta entonces solo se conocían la Puerta de los Leones, la muralla ciclópea adosada a ella y el llamado Tesoro o tumba de Atreo.

Schliemann llegó a un acuerdo con las autoridades griegas mediante el cual pudo excavar en Micenas con el derecho exclusivo de informar de sus descubrimientos durante un limitado período a cambio de entregar todo lo que hallase en las excavaciones y de sufragar todos los gastos.

Usó la obra de Pausanias para localizar las tumbas entre las cuales se creía que se encontraba la correspondiente al legendario Agamenón. Anteriormente los eruditos habían interpretado erróneamente las indicaciones de las tumbas de las que hablaba Pausanias, creyendo que estaban ubicadas todas fuera de la muralla de la acrópolis.

En las excavaciones halló cinco tumbas (en un recinto que ha sido llamado Círculo funerario A) con un total de 20 cadáveres, y en torno a ellos abundantes y ricos ajuares funerarios, con numerosos objetos de oro, bronce, marfil y ámbar. Además halló sesenta dientes de jabalí y un numeroso grupo de sellos con grabados de escenas religiosas, de luchas o de caza. Entre estos hallazgos estaba la llamada máscara de Agamenón, fechada, sin embargo, varios siglos antes de la cronología que tradicionalmente se atribuye al legendario rey.

Christos Stamakatis, que había sido designado por el gobierno griego para controlar el trabajo de Schliemann y vigilar que todo lo que se encontrase quedase en Grecia, continuó con la excavación en 1877, pero solo descubrió una tumba más.

Otras exploraciones y excavaciones

En 1876 había iniciado unos pequeños sondeos en Tirinto, y en 1877 volvió a Ítaca, exploró la isla en busca de restos arqueológicos y realizó algunos sondeos, pero sin resultados.

En 1880 excavó en Orcómeno, donde encontró un tipo de cerámica que llamó cerámica minia. También descubrió una tumba del tipo tholos, de época micénica.

En 1882-1884, junto con Wilhelm Dörpfeld -un joven arquitecto y arqueólogo alemán ya célebre por sus campañas en Olimpia-, regresó para excavar a mayor escala, inspirado en los datos que sobre esta ciudad habían escrito Homero y Pausanias. Desenterró un palacio micénico de considerables dimensiones.

Sus últimas expediciones en Troya

Schliemann volvió durante tres campañas a Troya. En ellas, su colaborador más valioso fue el citado Wilhelm Dörpfeld. Por los hallazgos de cerámica en estas campañas, Schliemann admitió su error en su creencia inicial de que el estrato de Troya II era el correspondiente a la ciudad homérica, y en cambio esta debía identificarse con Troya VI. Uno de los hallazgos más llamativos de la última campaña fue el denominado tesoro L, que constaba de cuatro hachas ceremoniales, que trasladó también ilegalmente a Grecia.

Su muerte fue el 26 de diciembre de 1890. Sus restos mortales fueron llevados a Atenas, como era su voluntad, y depositados en el suntuoso mausoleo que había construido para sí mismo en el llamado “Proto-Nekrotafio” o “Primer Cementerio” de la ciudad. El mausoleo, coronando una colina, reproduce un templo de orden dórico presidido delante por su busto y una inscripción que reza “Para el héroe Schliemann”, mientras en el relieve del friso se relatan gráficamente sus propias excavaciones.

The Tomb of Heinrich Schliemann (First Cemetry) (Atenas) - Tripadvisor

The Tomb of Heinrich Schliemann (First Cemetry)

Legado histórico

Su carrera empezó antes de que la Arqueología se desarrollara como ciencia profesional, de modo que, para los estándares actuales, la técnica de campo del trabajo de Schliemann dejaba mucho que desear. Sin embargo, fue el segundo experto en documentar sus descubrimientos con fotografías.

Tuvo que enfrentarse en vida a muchas críticas, como haber falsificado pruebas o destruido vestigios por sus métodos poco ortodoxos. La comunidad científica muchas veces negó sus descubrimientos, aunque finalmente le diera la razón en varios aspectos.

El estudioso británico Walter Leaf (1852-1927) dijo sobre él:

“Un hombre que consigue dar a conocer al mundo un problema totalmente nuevo puede dejar confiada la solución definitiva a los que vengan tras de él”.

Publicaciones:

Portada de Antigüedad de Troya, publicado en Leipzig en 1874.
  • Autobiografía (1892) Compuesta por Adolf Brückner y Sophia Schliemann sobre textos del propio Schliemann (Edición actual INTERFOLIO, ISBN 9788493769413)
  • La China y el Japón (1864)
  • Ítaca, Peloponeso y Troya (1868)
  • Antigüedad de Troya (1874)
  • Ilión (1879)
  • Orcómeno (1881)
  • Troya (1883)
  • Tirinto (1886)

Referencias:

  • El Hombre de Troya, autobiografía (1892). Compuesta por Adolf Brückner y Sophia Schliemann sobre textos del propio Heinrich, Madrid, INTERFOLIO, 2010, ISBN 9788493769413
  • SIEBLER, Michael: La guerra de Troya. Mito y realidad, Barcelona, Ariel, 2005, ISBN 84-344-6773-9
    • Michael Siebler (n. 1956): periodista y arqueólogo clásico alemán.
  • MOREU, Carlos: La guerra de Troya. Madrid, Oberon, 2005. ISBN 84-96052-91-5.
  • COTTRELL, Leonard: El toro de Minos (The Bull of Minos: the discoveries of Schliemann and Evans, 1953). México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1958. ISBN 968-16-0750-3.
    • Leonard Cottrell (Leonard Eric Cottrell, 1913 – 1974): escritor y periodista británico, dedicado sobre todo a la divulgación de arqueología egipcia.
  • Los verdaderos Indiana Jones: Heinrich Schliemann, El descubridor de Troya. Arte, Arqueología e Historia

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El «loco» que sepultó su salud, fortuna y familia por descubrir Troya: la ciudad perdida durante 3.000 años

Heinrich Schliemann soñó de niño que la ciudad descrita por Homero en la ‘Ilíada’ existía, al contrario de lo que opinaba el mundo de la arqueología, y dedicó toda su vida a enriquecerse solo para pagar sufragar su búsqueda y la excavación en 1872

Artículo sobre el célebre arqueólogo que en el siglo XIX descubrió Troya
Artículo sobre el célebre arqueólogo que en el siglo XIX descubrió Troya – ARCHIVO ABC

 

Hace veinte años, Fernando Iwasaki aseguraba en una de sus columnas en ABC, titulada con cierta socarronería ‘Escrotos y troyanos’, que «la arqueología contemporánea ya no consiente el romanticismo». Para demostrarlo, el escritor e historiador peruano afincado en España puso el ejemplo de Heinrich Schliemann, el hombre que, en 1868, «acometió una de las empresas más románticas y soñadoras de la historia». Una tan emocionante y épica que resulta imposible imaginársela en el mundo académico actual, pues parece haber sido escrita para convertirse en una superproducción de Hollywood.

Artículo de Fernando Iwasaki sobre Schliemann en 2001
Artículo de Fernando Iwasaki sobre Schliemann en 2001 – ARCHIVO ABC

El interés de este diario por el famoso arqueólogo se remonta a la misma fundación de la revista ‘Blanco y Negro’. En 1969, el escritor y periodista Andrés Révész recordaba «la pasión con la que abordó sus excavaciones en Micenas y Troya. No ha surgido en estos tiempos ningún entusiasta que recuerde al joven alemán de modesta extracción que, ilusionado por la epopeya de Homero, se propuso hacerse rico para poder luego invertir su fortuna en el esfuerzo de encontrar las ruinas de la mítica ciudad-estado».

En septiembre de 1972 conmemoramos el centenario del que calificamos como «uno de los descubrimientos más trascendentales de la historia de la arqueología». Y en 1990 dedicamos otro artículo a los cien años de su muerte, que se produjo el 26 de diciembre de 1890. Caminaba el día de Navidad por Nápoles y, de repente, cayó desvanecido en medio de la calle. Al recuperar la consciencia, había perdido la facultad de hablar. El médico observó que la infección de oído que le habían diagnosticado había afectado al cerebro, lo que le provocó la muerte 24 horas después. «El visionario que soñó con descubrir Troya», titulaba este diario, que en 2011 le llamaba directamente «loco», «tonto» y «fanático».

 

¿Qué llevó a Heinrich Schliemann a dilapidar toda su fortuna y a abandonar a su familia por un sueño tan poco probable como encontrar una ruinas que todo el mundo decía que no existían? Hasta su aparición a mediados del siglo XIX, ningún investigador había considerado que la ‘Ilíada’ pudiera ser el relato de una historia real. Sin embargo, desde los siete años, este visionario niño alemán soñó que era cierto y que Troya existía, por lo que dedicó toda su vida a demostrarlo. «Muchas veces los grandes descubrimientos científicos que han revolucionado la historia de la cultura proceden de un sueño, de una promesa apasionada que solo el destino da cumplimiento», podía leerse en ABC.

Amplio reportaje sobre Troya y los hititas
Amplio reportaje sobre Troya y los hititas –  ABC

El sueño de Schliemann nació con su padre, un humilde y culto pastor protestante que le inculcó el amor por los poemas homéricos. En su autobiografía cuenta que, en la Navidad de 1829, este le regaló un volumen de historia universal de Georg Ludwig Jerrers y él quedó impresionado por un grabado de Eneas con su padre Anquises y su hijo Ascanio huyendo del fuego que arrasaba Troya.

Con 14 años abandonó el colegio por los problemas económicos de su familia y empezó a trabajar como tendero en Neubukow. Después embarcó rumbo a Venezuela y, más tarde, a Ámsterdam, donde estuvo empleado en una oficina comercial. A los 22 años ya dominaba siete idiomas, entre ellos el ruso, que le llevó a ser contratado como representante de la casa Schröder en San Petersburgo y Moscú. Allí abrió su propio negocio de tintes y, más tarde, de reventa de polvo de oro. A los 30 años ya era rico y hablaba ocho idiomas más. Se casó, tuvo tres hijos y se divorció para trasladarse a California, donde se hizo banquero. En aquel momento, su fortuna era ya enorme, pero quiso ampliarla, traficando con armas en la guerra de Crimea, para financiar su sueño arqueológico.

En busca de un sueño

Todos los pasos de su vida había estado encaminados a demostrar al mundo que el relato de Homero no sólo había sucedido en la realidad, sino que su geografía permanecía intacta bajo un pesado manto de tierra. De ahí que, con 36 años, regresara a Rusia y, en el apogeo de sus actividades mercantiles, abandonara el mundo de los negocios para trasladarse a Grecia y embarcarse, por fin, en la aventura de su vida: descubrir Troya.

Algunos geólogos ya habían realizado importantes descubrimientos arqueológicos que revelaban la existencia de una serie de culturas prehistóricas desconocidas en el Egeo. Ferdinand Fouqué, por ejemplo, había excavado las proximidades del volcán Santorín, que había hecho erupción dos mil años antes de Cristo, y Frederick Calvert había hecho lo propio con Hisarlik.

En 1871, Schliemann recorrió Grecia y Asia Menor, familiarizándose con los lugares conocidos de la geografía homérica y con los secretos de la arqueología. Después visitó los grandes museos europeos que albergaban los vestigios de las civilizaciones perdidas. Y, con todos esos conocimientos, escribió ‘ Ítaca, el Peloponeso y Troya’, la obra en la que argumentaba que la ciudad de Príamo se hallaba en Hisarlik y no en Bunarbashi. También que las tumbas de Agamenón –uno de los héroes más distinguidos de la mitología griega, cuyas aventuras se narran en la ‘Ilíada’–, y su esposa Clitmenestra no se hallaban fuera de Micenas, como se creía, sino en el interior de la ciudadela.

Siguiendo fielmente lo relatado en la ‘Ilíada’, Schliemann descartó la supuesta localización de Troya en Bunarbashi, defendida por algunos arqueólogos de la época. Argumentaba que aquel paraje no se correspondía en absoluto con los escenarios del autor y marchó hacia el yacimiento de Hisarlik, a una hora de los Dardanelos. «Después de andar media hora alrededor de aquel gran montículo, no tuve dudas de que Hisarlik era Troya», escribió nuestro protagonista.

Contrató peones y obreros y, en compañía de su segunda esposa, Sophia Engastromenos, de Grecia, comenzó la excavación. Cuentan que Schliemann siempre estaba a pie de obra supervisando los trabajos, que comenzaron en los niveles más elevados del yacimiento, donde hallaron enseguida los primeros vestigios de unas murallas, así como restos de cerámica y armas. A los tres años de comenzar los trabajos, aportó evidencias de hasta nueve asentamientos diferentes de Hisarlik. Más tarde, en el segundo y tercer nivel descubrió otras murallas y un gran puente levadizo que el fuego no había consumido totalmente el día que, según Homero, Troya fue destruida.

Publicado en 1962
Publicado en 1962 – ARCHIVO ABC

Schliemann estaba absolutamente seguro de que aquella era la ciudad que había desaparecido a manos de Agamenón y cuyo relato se halla en la «Ilíada». La confirmación se produjo una mañana de junio de 1873, mientras excavaban las ruinas de lo que creía que era el palacio de Príamo. De repente, vio brillar un objeto de cobre y luego en una oquedad e intuyó la presencia del oro. Él y Sofía guardaron silencio para no levantar sospechas entre los obreros. Al atardecer regresaron al lugar y desenterraron un enorme tesoro que constaba de cuatro hachas ceremoniales, objetos de cobre, varias copas de plata y dos de oro, una jarra del mismo material y un florero de plata en cuyo interior aparecieron dos diademas, 8.750 anillos, seis pulseras, dos copas, una gran variedad de botones y otros objetos. Todos ellos finamente labrados.

Los envolvieron en paños para esconderlos. Querían enviarlo a Grecia sin que nadie se enterara, porque era, según afirmaban, el tesoro de Príamo, aunque investigaciones posteriores defendieron que las piezas eran anteriores a la fecha que la tradición situaba al mítico Rey de Troya. Sea como fuere, aquel se convirtió en el mayor hallazgo arqueológico del siglo XIX y Schliemann disfrutaba de él, poniendo las diademas de oro en la cabeza de su esposa Sofía. «El adorno usado por Helena de Troya ahora engalana a mi propia esposa», exclamaba loco de alegría. El tesoro fue donado posteriormente a un museo de Berlín. Tras la Segunda Guerra Mundial desapareció y años después, en 1993, reapareció en los almacenes del Museo Pushkin de Moscú, adonde fue llevado en 1945 como botín de guerra por las tropas soviéticas.

Schliemann falleció en 1890, entre la envidia y la indiferencia de la comunidad científica. En la actualidad, sin embargo, muchos le consideran el primer arqueólogo moderno, a pesar de su limitada preparación académica y de sus bruscos métodos de excavación: sus trabajadores, según algunas versiones, utilizaron dinamita y maquinaria pesada, lo que destruyó buena parte de los estratos superiores. Pero las excavaciones posteriores de arqueólogos como Wilhelm Dörpfeld Carl William Blegen demostraron la existencia de nueve ciudades superpuestas a lo largo de los siglos en el mismo emplazamiento, siendo Troya VII, la principal candidata a ser la legendaria Ilión cantada por Homero.

Fuente: ABC

TROYA, ¿EXISTIÓ EN REALIDAD? El Codex De Andrew

 

 

18 Comentarios

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  1. Es increíble saber que en realidad la ciudad descrita por Homero, Troya, sí existía, pero más aún, que su descubridor, Heinrich Schliemann, lo hizo por un sueño que tuvo cuando era niño. Si bien sus métodos poco ortodoxos para realizar las excavaciones generaban mucha duda o rechazo, gracias a él se pudo descubrir algo que era negado por muchos. Tal vez no tuvo la formación profesional para dedicarse a la arqueología pero fue un pionero y trabajó casi toda su vida en ella. Aquí se demuestra también que a pesar de todo, él buscó hacer lo que tanto aspiraba, incluso convirtiéndose en millonario para poder solventar los costos que implicaba este trabajo. Es un gran aporte el que hizo, y del que yo desconocía. Muy buen artículo.

  2. Heinrich Schliemann fue una mezcla de loco soñador y de genio que desarrolló métodos de investigación que aún son utilizados hoy en día. Tras morir el 26 de diciembre de 1890, su cuerpo fue enterrado en un suntuoso mausoleo en la ciudad de Atenas.
    Muchos consideran a Schliemann el primer arqueólogo moderno, a pesar de su limitada preparación académica y de sus bruscos métodos a la hora de excavar. Creyendo que la Troya de Homero se encontraría en las capas inferiores de la colina de Hisarlik, sus trabajadores utilizaron, según algunas versiones, dinamita y maquinaria pesada para llegar hasta ella, lo que destruyó buena parte de los estratos superiores, más recientes en el tiempo, y causó la pérdida irreversible de información de gran importancia histórica.

  3. Alfredo Moises Vilchez Palomino Adm. de Negocios Internacionales UNFV decimo ciclo C2.1 sección A

    Heinrich Schliemann, después de leer la Épopeya de Ilíada muchas veces, la eligió como guía y llegó a Anatolia para buscar a Troya. Comenzó a excavar en el área conocida como la Colina Hisarlık, que previamente fue identificada como un montículo por un cónsul británico. Schliemann no era un arqueólogo, se enfocó solo en las cosas que le interesaban para encontrar la ciudad y hacerse rico. Derribó las paredes que encontró, pensando que ralentizaban su trabajo. Más tarde se revelaría cuán grande fue el daño que causó.

  4. Heinrich Schliemann era un arqueólogo alemán que estaba muy comprometido a demostrar la historia y veracidad de la Ilíada. Es por ello que en 1831 logró desenterrar la colina turca de Hissarlik una ciudad de la edad de bronce donde se pudo ver los increíbles hallazgos que este arqueólogo realizó entre los que destacan con más de 8000 piezas el tesoro de Príamo y tras ello se sacó a la luz ciudades superpuestas que él identificó como Troya, la cual aparece en la Ilíada.
    Entre uno de los aportes que ha realizado este arqueólogo es que realizó por primera vez un hallazgo documentado mediante fotografías que lo convirtieron en cierta forma en un pionero para la arqueología.

  5. En 1871, Schliemann recorrió Grecia y Asia Menor, familiarizándose con los lugares conocidos de la geografía homérica y con los secretos de la arqueología. Después visitó los grandes museos europeos que albergaban los vestigios de las civilizaciones perdidas. Y, con todos esos conocimientos, escribió ‘ Ítaca, el Peloponeso y Troya’, la obra en la que argumentaba que la ciudad de Príamo se hallaba en Hisarlik y no en Bunarbashi. También que las tumbas de Agamenón –uno de los héroes más distinguidos de la mitología griega, cuyas aventuras se narran en la ‘Ilíada’–, y su esposa Clitmenestra no se hallaban fuera de Micenas, como se creía, sino en el interior de la ciudadela.
    Siguiendo fielmente lo relatado en la ‘Ilíada’, Schliemann descartó la supuesta localización de Troya en Bunarbashi, defendida por algunos arqueólogos de la época. Argumentaba que aquel paraje no se correspondía en absoluto con los escenarios del autor y marchó hacia el yacimiento de Hisarlik, a una hora de los Dardanelos. «Después de andar media hora alrededor de aquel gran montículo, no tuve dudas de que Hisarlik era Troya», escribió nuestro protagonista. Es impresionante la ruta de sus sueños e hizo los descubrimientos narrados por Homero.

  6. Fernando Iwasaki aseguraba en una de sus columnas en ABC, titulada con cierta socarronería ‘Escrotos y troyanos’, que «la arqueología contemporánea ya no consiente el romanticismo». Para demostrarlo, el escritor e historiador peruano afincado en España puso el ejemplo de Heinrich Schliemann, el hombre que, en 1868, «acometió una de las empresas más románticas y soñadoras de la historia». Una tan emocionante y épica que resulta imposible imaginársela en el mundo académico actual, pues parece haber sido escrita para convertirse en una superproducción de Hollywood. Buen artículo

  7. Schliemann estaba absolutamente seguro de que aquella era la ciudad que había desaparecido a manos de Agamenón y cuyo relato se halla en la «Ilíada». La confirmación se produjo una mañana de junio de 1873, mientras excavaban las ruinas de lo que creía que era el palacio de Príamo. De repente, vio brillar un objeto de cobre y luego en una oquedad e intuyó la presencia del oro. Él y Sofía guardaron silencio para no levantar sospechas entre los obreros. Al atardecer regresaron al lugar y desenterraron un enorme tesoro que constaba de cuatro hachas ceremoniales, objetos de cobre, varias copas de plata y dos de oro, una jarra del mismo material y un florero de plata en cuyo interior aparecieron dos diademas, 8.750 anillos, seis pulseras, dos copas, una gran variedad de botones y otros objetos. Todos ellos finamente labrados.

  8. Impresionante y admirable emprendimiento histórico. El «loco» que sepultó su salud, fortuna y familia por descubrir Troya: la ciudad perdida durante 3.000 años
    Heinrich Schliemann soñó de niño que la ciudad descrita por Homero en la ‘Ilíada’ existía, al contrario de lo que opinaba el mundo de la arqueología, y dedicó toda su vida a enriquecerse solo para pagar sufragar su búsqueda y la excavación en 1872-
    Exclnet artículo para difundir en las redes.

  9. En Hisarlik, Heinrich Schliemann empezó a excavar, en 1870, las ruinas de Troya. Frank Calvert había realizado excavaciones preliminares siete años antes de la llegada de Schliemann, y le sugirió que la colina de Hisarlik era el emplazamiento de la mítica ciudad. Tuvo fe profunda en lo que creìa e innovo la arqueología. Sus descubrimientos evidencian su enorme cultura.

  10. Schliemann fue un millonario prusiano que, tras amasar una fortuna, se dedicó a su gran sueño: la arqueología. Poliglota, hablaba 14 idiomas y cumplió su sueño de la niñez. Schliemann tras amasar una fortuna, se dedicó a su gran sueño: la arqueología. Encontró Troya leyenda La Ilíada y La Odisea de Homero, lo consideraban loco por seguir mitos y leyendas, sin importarle nada siguió adelante siguió adelante y encontró la ciudad que muchos creían que no existió nunca. Se convirtió en el Padre de la Arqueología Moderna.